jueves 30 de junio de 2022
OPINIóN Crisis económica

El hambre y el “rajá nene que molestás”

¿Estoy avalando que reine la delincuencia si niños de 10 años venden bolsas de residuos por la calle y no pueden alimentarse? No y mil veces no, millones de veces no.

20-05-2022 07:00

Mucho se ha debatido durante estos días sobre el “divorcio” entre la dirigencia política y la sociedad o entre el periodismo y la sociedad, concluyendo que los problemas gravísimos que padece hoy un enorme sector de los argentinos no son considerados con la debida seriedad por quienes nos legislan, nos gobiernan o nos informan a diario.

¿Hoy escribe la politóloga o la columnista política? No lo sé.

Aquello que sí sé es que hoy escribe la mamá de Luciano de 13 años y Matías de 10, la ciudadana de a pie que está indignada y tristísima, por presenciar situaciones muy dolorosas en esta Argentina reventada socio-económicamente.

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Lunes a la tarde, Burger King, barrio de Belgrano, mi hijo de 10 comiendo una hamburguesa con queso, yo acompañando con otra hamburguesa (compramos una promoción porque hoy aquellos que nos autopercibimos como clase media estamos complicados para comprar alimentos libremente). Ingresa al establecimiento un niño de la edad de mi hijo, 10 años. El niño nos pide si podemos comprarle una hamburguesa, o comprarle unas bolsas de residuos que vendía. Yo, clase media, hoy con verdaderas dificultades para comprar hamburguesas indiscriminadamente, pienso como ayudarlo, y decido comprarle una hamburguesa, en lugar de comprarle bolsas de residuos. Y se lo hago saber. El niño se puso contento.

Mientras tanto se acerca a nuestra mesa un encargado del Burger King donde nos encontrábamos comiendo, y le pide al niño que por favor se retire del lugar, que no puede vender ni pedir al interior del establecimiento; yo le explico que quería ayudar al niño, pero la directiva que tenía el encargado era de retirar a éste del lugar. El encargado seguramente quería regalarle mil hamburguesas al chico en lugar de echarlo del establecimiento, pero no podía hacerlo, porque, lógicamente, debe respetar las reglas que se imponen en su trabajo; esto último lo intuyo porque observé la cara del señor, que no era en absoluto de “quiero rajar a este niño”.

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El chico le gritaba dolido y enojado “no me eches porque me quieren ayudar”, yo le repito al niño que voy a intentar comprarle una hamburguesa. Mientras tanto mi hijo Matías de la misma edad de este pequeño, miraba un poco impresionado y un poco no, porque en nuestra casa se hablan de estos temas, pero vivirlo no es lo mismo, la carita de mi hijo era de “este nene podría ser un amigo mío en lugar de estar vendiendo bolsas de residuos y ser echado de un Burger King”. Mientras yo contenía a mi hijo que lo notaba muy triste, contenía al niño que pedía ayuda porque estaba desesperado por comer una hamburguesa, y comprendía las directivas que debía respetar el encargado de la hamburguesería, pensaba “esta vida es una mierda”.

Finalmente, el niño tuvo que abandonar el lugar. Le pude dar dinero, pero no comprarle la hamburguesa, notaba la incomodidad del encargado que cercaba al niño para poder sacarlo del lugar, mientras el chico seguía repitiendo enojado que yo lo quería ayudar y que no lo echen.

 

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Pobreza y niños que pasan hambre.

 

Este niño traía en sus manos bolsas de residuos para vender. Este niño tiene 10 años (le pregunté la edad por eso tengo este dato). Este niño en tres años tendrá la edad de mi otro hijo, y me pregunto en qué situación se encontrará, si seguirá llevando en sus manos bolsas de residuos para vender o si, por ejemplo, portará un arma, porque adultos miserables que viven de la industria de la delincuencia ya lo habrán convencido para que salga a robar en lugar de pedir y ser echado de los comercios. Este niño no está en una escuela, no hace deportes en un club, probablemente no viva en una casa. Este niño representa al 70% de los niños de la Argentina.

¿Estoy avalando que reine la delincuencia si niños de 10 años venden bolsas de residuos por la calle y no pueden alimentarse? No y mil veces no, millones de veces no. Pero con total franqueza ¿quién puede asegurar que si su hijo o nieto viviera una situación similar no sentirían terrible ira y ganas de reventar el mundo?

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Si 7 de cada 10 niños en Argentina no se alimentan como corresponde o no se alimentan, no puede existir una sola jubilación de privilegio en Argentina de quienes nos gobiernan y nos gobiernan para que niños de 10 años vendan bolsas por las calles. No podemos seguir aceptando que existan gastos suntuosos ni que se avale la maldita corrupción. No podemos seguir aceptando negocios financieros fomentados por nuestros representantes, que generan que los recursos no se destinen a lograr mayor bienestar y una vida digna, no puede seguir ocurriendo que oficialismo y oposición se echen la culpa de todos los males, cuando gobiernan unos u otros y esto no cambia, solo empeora. No puede seguir faltando la empatía en una sociedad que parece anestesiada; este niño podría tener una vida como la de nuestros hijos y no la tiene, y no porque no quiera, sino porque quienes nos gobiernan hace décadas (y son elegidos por nosotros), no quieren que todos los niños de Argentina coman.

 

* Sandra Choroszczucha. Politóloga y Profesora (UBA).

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