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OPINIóN / Malos hábitos
miércoles 1 julio, 2020

Coronavirus y cuarentena, el peligro de tomar alcohol para combatir el estrés

A diario se incrementa el consumo por los efectos del aislamiento prolongado. Qué ocurre con los más jóvenes, grupo históricamente considerado más vulnerable.

Vanina Schmidt*

Consumo de alcohol Foto: Adriano Gadini / Pixabay
miércoles 1 julio, 2020

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió sobre los peligros asociados al consumo excesivo de alcohol en contexto de pandemia, en tanto “puede exacerbar la vulnerabilidad de la salud, los comportamientos de riesgo, los problemas de salud mental y la violencia”. Y esta advertencia se hace en el marco de los datos aportados desde distintas organizaciones y grupos de investigadores, que muestran de manera consistente un alza en el consumo de esta sustancia. En el informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la UBA, se señala que los sujetos refirieron consumir más alcohol desde que comenzó la cuarentena como forma de manejar el malestar psicológico que están experimentando.

Se sabe que la pandemia y el aislamiento preventivo social y obligatorio tiene un alto costo psicológico en tanto trae aparejado altos niveles de estrés, preocupaciones y sufrimiento. Los argentinos llevan más de 100 días en esta condición, con más o menos restricciones según el distrito.Frente a esta circunstancia muchos han optado por el consumo de alcohol, entre otras sustancias, como forma de afrontamiento. Pero esta estrategia no sólo no resuelve los problemas que causan los estados emocionales negativos, sino que los acrecientan. Las consecuencias del consumo excesivo de alcohol están bien documentadas y se han asociado al riesgo aumentado de sufrir problemas en las todas las áreas vitales (emocional, familiar, financiera, laboral, etc.) exacerbando, paradójicamente, el malestar y estrés que se intentaba eliminar. En síntesis, el alcohol como “compañía” para pasar el mal rato y superar el estrés, no resulta ser un buen aliado.

El costado mental de la cuarentena

Otra razón que los sujetos señalan como motivo para un mayor consumo es la falta de una rutina y objetivo diario. Una encuesta realizada a principios de mayo por el Instituto Gino Germani señaló que, entre las razones para tomar más alcohol, prevalecen las que suponen no sólo una afectación emocional provocada por la cuarentena (33.6%) sino una desorganización del tiempo (42.2% porque tienen más tiempo libre y 29.4% por la falta de una rutina estable).

El llamado a “no beber en exceso” es insuficiente y debe ir acompañado de estrategias que reduzcan el malestar. Con un equipo bajo mi dirección de CONICET-UBA investigamos durante años las formas efectivas de afrontar el estrés que protegen, a su vez, del consumo excesivo de alcohol.Mantener relaciones interpersonales positivas, sentirse cuidado y acompañado por los otros significativos es un poderoso bálsamo contra el estrés. Pero además se sabe sobre la importancia de llevar un buen “día a día”. En estos momentos en los que nuestra normalidad fue abruptamente afectada, es muy importante establecer nuevas rutinas para preservar el orden y el sentido que otorgamos a nuestras actividades. Así, hacer ejercicio, dormir la cantidad de horas necesarias y ser cuidadoso con la dieta evitando la ingesta excesiva de alcohol se vuelve fundamental.

Adicciones, pandemia y escenarios laborales

Las experiencias positivas también cumplen un rol importante. Sentirse involucrado y comprometido con una actividad que disfrutamos, aun cuando su desarrollo implica esfuerzo y dedicación, genera importantes consecuencias para nuestra vida emocional e interpersonal. Las actividades que disfrutamos profundamentenos protegen del consumo excesivo de alcohol.

Por otro lado, la ingesta de alcohol en los más jóvenes fue señalada por décadas como un grave problema de salud pública. Las investigaciones de los últimos años encendieron la alarma en tanto muestran que se consume de manera cada vez más riesgosas y a edades más tempranas. Coexisten los condimentos para un escenario explosivo: altos niveles de consumo (con el predominio de una modalidad en sí misma peligrosa, en tanto se toman grandes cantidades en lapsos breves), la naturalización del consumo como algo esperabley una baja percepción de riesgo. Desde el inicio de la pandemia del COVID-19 y como contrapartida del aumento del consumo que se registra en todo el mundo, surgen datos contrarios entre los jóvenes.

Los efectos de la cuarentena: trastornos psicológicos, alcohol, automedicación y sexo

La encuesta realizada por elInstituto Gino Germani señaló que durante la cuarentena crecieron los dos polos de la frecuencia de consumo: se duplicó el número de quienes no toman bebidas alcohólicas y se triplicó la cantidad de personas que toma todos los días. Ese aumento se registró con mayor énfasis en el grupo de 35 a 44 años, pero en el grupo de 18 a 24 años el porcentaje que menciona no consumir bebidas alcohólicas durante la cuarentena se cuadruplicó. Mientras para los adultos el consumo va en aumento, para los más jóvenes la ingesta de alcohol ha disminuido sustancialmente durante el aislamiento. Quienes afirmaron estar consumiendo menos durante la cuarentena, destacaron mayoritariamente la falta de salidas o eventos sociales.

Una investigación de la UAI indagó el año pasado las prácticas de cuidado asociadas al consumo de sustancias y el sentido que los sujetos otorgaban a la ingesta. La diversión fue señalada como uno de los motivos más fuertes para consumir. Divertirse en escenarios nocturnos implica para los sujetos entrevistados despejarse, relajarse, desinhibirse y“desconectar” de las obligaciones y la rutina.Es que el consumo de alcohol entre los más jóvenes se asocia a la diversión en un contexto social que implica encuentro con otro y raramente se asocia a un intento por reducir los efectos del malestar psicológico como estaría ocurriendo en otras franjas de edad.

Coronavirus y Salud Mental: la curva que no vemos

El alcohol, sustancia demonizada incluso por especialistas, no es el problema. El problema es la forma en que se consume y los motivos para consumir. En un contexto de pandemia y aislamiento, pareciera que el grupo joven, históricamente señalado como vulnerable al alcohol, no sería actualmente el sector poblacional con mayor riesgo en este sentido. Habrá que ver qué ocurre cuando vuelvan a ganar espacio los escenarios nocturnos, en un contexto social que naturaliza el consumo de sustancias. Habrá que ver también si la pandemia modifica alguno de los valores asociados al consumo de sustancias psicoactivas.

 

* Investigadora independiente del CONICET, profesora titular regular en la Universidad Abierta Interamericana (UAI) y profesora adjunta regular de la Universidad de Buenos Aires (UBA).


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