viernes 02 de diciembre de 2022
OPINIóN Medicina en crisis

Viviendo de las migajas

Carta abierta de un miembro de la Cámara de Medicina Oftalmológica en reclamo de mejoras salariales.

17-11-2022 15:00

Una vez más los médicos ven caer las migajas de la mesa de los poderosos, al igual que “los perros comen de la mesa de sus amos” Mateo 15:27.

Una vez más, los médicos no se sientan en la mesa de negociaciones y solo se enteran post factum de las decisiones que pesan sobre el futuro.

¿Qué más deben hacer los profesionales del arte de curar para que le presten la debida atención?

¿Cuántos profesionales deberán morir para que las autoridades sean receptoras de sus opiniones?

¿Cuántas vocaciones más quieren frustrar con sueldos de hambre?

¿Cuántos consultorios y clínicas deberán desaparecer por estás medidas ?

¿ Cuántos puestos de trabajo significan estos recortes ?

Una vez más, entre gallos y medianoche se cuecen los asuntos que hacen al ejercicio de la profesión y se enteran por los diarios de las migajas que se han caído de la mesa.

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Está muy bien que estén los funcionarios del ministerio, está bien que estén los representantes de las prepagas, pero ¿por qué no están los representantes de los prestadores? No hubo médicos, enfermeras, psicólogos y demás miembros de equipo de salud. Si existe una función irrenunciable de cualquier gobierno es atender a las partes en conflicto, pero para evitar las posiciones dominantes. Esto es válido para todo tipo de gobierno, y más en uno que propugna la justicia social. Por estas razones es que desde CAMEOF (Cámara de Medicina Oftalmológica) proponemos:
 

1- Más allá del mecanismo de actualización –que es poco claro y debe ser analizado cómo funciona en la práctica, que el cien por ciento del porcentaje de aumento concedido a la prepaga sea trasladado a los prestadores.

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2- Que los plazos de cobranza sean menores a los sesenta días de presentada la facturación. Que el trabajo de los prestadores no sea usado con finalidades especulativas por el marco inflacionario que atravesamos .Parte de las ganancias de las prepagas vienen de los ingresos financieros que surgen por el retraso en los pagos.
 

3- Que los aumentos concedidos sean efectivamente trasladados a los prestadores. Muchos médicos y a muchas clínicas no se les han concedido los aumentos propuestos por la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), al valerse el gerenciador de su posición dominante.
 

4- Los valores de las prestaciones están postergados por años sin las debidas actualizaciones. Según cálculos de los economistas de CAMEOF, el atraso de los valores ronda el 200% con respecto a los históricos. El gobierno debe asistir a revertir este atraso siguiendo su posición de mediador para asegurar que dichas prestaciones tengan un precio justo.

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5- El  copaga probablemente sea el mecanismo que más rápidamente puede aliviar la desfinanciación del sector salud, pero, una vez más, no debe ser el fruto de una estimación tendenciosa de los gerenciadores que presionan a prestadores valiéndose de esa “posición dominante” .Esto también es el fruto de la falta de diálogo sincero, mediado por funcionarios ecuánimes.Muchos gerenciadores se desgarran las vestiduras aludiendo a la ley de oferta y demanda como sinónimo de justicia de los  mercados.

Pero esta ley de oferta y demanda propuesta por Adam Smith es válida cuando las partes están en igualdad de condiciones, y cuando ambas cuentan con la misma información e idéntica capacidad de negociación .

Por lo expuesto, es menester crear un equilibrio donde los prestadores puedan expresarse en igualdad de condiciones  y exponer su problemática sin el factor inhibitorio de posiciones dominantes ni coercitivas, sin  restricciones o imposiciones.

Los prestadores de salud damos empleo a cientos de miles de empleados en el país, de una justa remuneración dependen esos cientos de miles de puestos de trabajo .No es tema menor el que tenemos entre manos para que las decisiones sean inconsultas y precipitadas, la salud del país está en juego. La medicina argentina que supimos conseguir como los laureles a los que hace referencia nuestro himno, pueden marchitarse.