viernes 25 de junio de 2021
PERIODISMO PURO Entrevista
14-05-2021 22:18

Alberto Cormillot: "Dentro de un tiempo, no nos sorprenderá que la gente muera a los 100 años"

Con la perspectiva de ser padre a los 80 años, reflexiona sobre el futuro. Traza las líneas de una nueva sociedad en la que, junto a una mayor longevidad de los humanos, cambiarán la política, los roles familiares, el amor y las pasiones. Un cambio que no solo es en materia de salud, sino que también es económico y ético. Un cambio con un desafío inmediato: terminar la pandemia de covid-19 cuanto antes.

14-05-2021 22:18

—¿Tenías 50 años cuando pensaste en vivir 100? ¿Dijiste “quiero otros 50”?

—Exactamente. 

—¿Cómo era la idea de longevidad entonces?

—Llegué a través de la literatura; de lo que se llama “zonas azules”: los lugares del mundo en los que la gente vive más años naturalmente. Fui a ver una de ellas. Quería hacer un programa de televisión recorriéndolas. Pasé unos 15 días viviendo en Vilcabamba, en Ecuador. Es una aldea donde todavía hay centenarios. Cuando se corrió la voz de que la gente ahí vivía muchos años, fueron muchas personas ricas norteamericanas. Se complicó porque, donde había una granja o una huerta, pusieron un supermercado y bajaron los centenarios. Fueron quedando solo los de antes. Estuve con ellos. Lo verifiqué además en la iglesia, en las partidas de nacimiento. Los de ahora tienen los mismos problemas de una ciudad moderna. En aquella época llegar a los 100 años era como decir una barbaridad. Hoy ya no. Hoy el fallecimiento de una persona de 80 y cortos puede vivirse como el de una persona joven. Se justifica el fallecimiento a partir de los 88, 90. Dentro de un tiempo se va a justificar a partir de cerca de los 100.

—¿Encontraste algo en Vilcabamba que pudiera ser replicable en otros lugares?

—Hay cosas que le atribuyen al aire, al poder magnético y a una serie de sustancias locales que nunca se comprobaron. Ya en un pueblo a 30 o 40 kilómetros, la gente no es centenaria. En general las zonas donde la gente vive muchos años son zonas montañosas. La gente camina mucho: sube y baja. Es gente que sigue trabajando, que tiene buen humor y mucho respeto por la amistad, por la familia, por los antepasados. Gente bien llevada. Hay mucha solidaridad. Poco mal humor. Se consume poca carne. Algo bastante parecido a la dieta mediterránea. No consumen pescado de mar, pero sí mucha frutas y verduras. Otra cosa habitual de las “zonas blue” es que comen muchas especias. Se encontró que hay como 15 o 20 especias, no solo las más comunes, que tienen gran cantidad de antioxidantes, sustancias que retrasan el envejecimiento celular. La célula tiene una especie de capuchón en cada extremo. Se llaman telómeros. Cada vez que la célula se divide, se va acortando. Cuando se terminan de acortar, la cosa se acaba. Los antioxidantes retrasan ese proceso. 

“La gente vive más donde hay mucha solidaridad y poco mal humor.”

—¿Qué otras zonas azules existen antes de Vilcabamba? 

—Calabria; Okinawa; hay un lugar en Georgia, ex Unión Soviética; Loma Linda en California. Hay otro en la península de Nicoya, en Costa Rica. Son los que recuerdo. Luego aparecieron dos o tres más. 

—¿Qué tienen en común estos lugares? 

—Trabajan. Se mueven. Viven en comunidad. Tienen respeto por los adultos mayores. Hacen mucha actividad física, producto de la geografía y el estilo de vida. Caminan mucho y siguen trabajando hasta edad avanzada. Comen muchos vegetales, pocas carnes grasas, toman un poco de vino todos ellos. Muchos de ellos consumen frutos secos. En el sur de Italia se consume aceite de oliva y pescado. En Okinawa, también mucho pescado de mar. Lo mismo en California y en Costa Rica.

—¿Es por el aceite de los pescados?

—El omega 3. Todavía se usa como medicación para ayudar a que la sangre fluya mejor por las arterias. En Rosario hay colegas haciendo una investigación, porque el omega 3 tiene un efecto antiinflamatorio muy fuerte. Intentan ver qué pasa cuando lo dan como preventivo del covid-19.

—Pareciera que el modelo de Vilcabamba no es extrapolable a una población de 8 mil millones de habitantes. Sin embargo, la ciencia en todo el mundo aumentó de manera dramática la prolongación de la vida. 

—Así es. El agua corriente, las vacunas, los antibióticos y las casas mejores, con calefacción en invierno y ventiladores en verano.

Alberto Cormillot, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
PERSPECTIVA DE VIDA. “Si una persona fuma, bebe alcohol más de lo debido, si no come bien y si no hace actividad física, la diferencia será de nueve años de vida libre de enfermedades crónicas”.

—La higiene fue el gran salto de la salud pública del siglo XX. En el XXI se pasa de 70 a 100. Existe cura para enfermedades que antes eran letales.

—Una persona que había tenido un infarto, al segundo fallecía. Hoy es posible que no tenga un segundo, porque van ahí con el stent y le revisan las coronarias. Se vio muy disminuida la que era la primera causa de muerte. Aparecieron las estatinas, que bajan el colesterol, y otros medicamentos que bajan las grasas en sangre. Mucha gente dejó de fumar. Hoy fuma la mitad que antes. En Estados Unidos, la cuarta parte. No es posible cambiar todo en una población de 8 mil millones, pero sí hay personas que pueden prolongar su propia vida. Dentro de un ambiente tan complicado, tan obesogénico y tan generador de vejez, hay personas que pueden sustraerse a ello. No depende solamente de los hábitos ni de los remedios porque en los primeros años lo que te salva son las cirugías, las vacunas, los antibióticos. A medida que van pasando los años, te salvan los medicamentos. Mi madre falleció de hipertensión. Vivió muchos años, pese a eso. Hoy una persona fallece de hipertensión si no toma medicamentos. Padece hipertensión un 60% de los adultos mayores. Hay remedios para el colesterol. Son los grandes problemas porque tapan las arterias.

“A los votantes de mayor edad cuesta más seducirlos y engrupirlos.”

—Tendrás 105 años en el año 2045. De acuerdo con todas las proyecciones demográficas, por primera vez en la historia de la humanidad, los de más de 60 serán mayoría. ¿Cómo será ese mundo dentro de 25 años?

—Como decía Charles Darwin: no sobrevivirá el más fuerte, sino el que mejor se adapte. Sobrevivirán aquellas sociedades con mayor capacidad de adaptación. La gente no se puede jubilar más a los 60 años. Tampoco a los 65.

—Hoy es 65 las mujeres y 70 los varones. Se discute por la diferencia.

—Es una pregunta vigente. También por qué los varones viven menos. Hay factores hormonales, pero también otros vinculados al estilo de vida. La testosterona no ayuda a las arterias, a diferencia de los estrógenos. Con el paso de los años se pierden los estrógenos y la mujer tiene tanto riesgo como el hombre. Es habitual que las mujeres sobrevivan a los hombres.

—¿Lo sobrevivían antes por el estilo de vida? ¿Crece más la longevidad del hombre proporcionalmente que la de la mujer?

—Hasta donde tengo presente, en la mayoría de los países no. Crece más la de la mujer En nuestro país, la mujer casi llega a 79 y pico; el hombre, hasta 77. La mujer tiene dos años más por lo menos que el hombre en nuestro país. Sucede en la mayoría de los países. No sé qué pasará con el covid-19.

—Siguiendo esa lógica, la jubilación tendría que ser a la inversa.

—Lo que pasa es que la mujer tiene una carga que no tiene el hombre. La mujer es ministra de Salud, de Economía, de Justicia, de Acción Social.

—Pero siguiendo lo de Vilcabamba, quizás eso sea lo que dé la longevidad: mantenerse activas.

—En Vilcabamba se mantienen activas, pero no tienen el estrés de andar corriendo. No pierden tiempo en ir al trabajo, por ejemplo. Eso cambiará, como el trabajo en general. No me animo a pronosticar cómo será el trabajo. Suele decirse que dentro de veinte años la mitad de los trabajos de hoy no existirá. Es difícil también prever cuáles serán las necesidades.

—¿Cómo cambiará el mercado de consumo? En una nota que te hicieron en “Noticias”, hablabas de “viejennials”, como los millennials. ¿Las personas mayores serán un nuevo target?

—El foco está en los jóvenes. Pero en otros países, en general los adultos mayores tienen un buen pasar económico. Lograron algún tipo de independencia. Es diferente de hace unos años. El centro quedó vacío con el covid-19, porque las oficinas se vaciaron. Una persona que conozco tuvo la idea de instalar ahí un polo donde esté la gente joven en camino de ganar dinero y los que están de vuelta, económicamente más o menos tranquilos, de más de 50. Crear un polo cultural gastronómico. Se presume que habrá un cambio de tendencia. 

“La curiosidad es la que mantiene activo nuestro cerebro.”

—La gente que vive en Manhattan es de menos de 40 o más de 65.

—Uno camina por Manhattan y no encuentra un chico por la calle. 

—¿Será ese el futuro de los centros urbanos?

—No vivo exactamente en la Capital, pero me doy cuenta de que mucha gente se fue. Con la irrupción del covid-19, empezó a irse. Si no fuera por la inseguridad, serían aún muchos más. La calidad de vida en un barrio de casas bajas es diferente de la de Corrientes y Esmeralda, por ejemplo.

—La CABA tiene la mayor edad poblacional de toda la Argentina.

—No sabía. Es un dato interesante.

—Horacio Rodríguez Larreta defendió la idea de que las vacunas no se tendrían que distribuir en proporción a los habitantes, sino según lo etario.

—Tiene sentido. Y también en proporción a la cantidad de agentes de salud. La Ciudad de Buenos Aires tiene más agentes de salud que cualquier otro lugar del país.

—El decano de la UCA, Miguel Ángel Schiavonne, médico, me contó que cuando les preguntaba a los alumnos que estudiaban medicina qué especialización iban a tener cuando se recibieran, había muchos que elegían pediatría. Su recomendación era que estudiaran gerontología.

—Muy atinado, porque faltan gerontólogos. Faltan geriatras y gerontólogos. 

—¿Cómo será la medicina cuando sean mayoría los de más de 60? 

—Hay dos o tres cosas que deberían cambiar, a partir de la base de que el 70% de lo que una persona gastará será en sus últimos 15 o 30 días. Es una barbaridad, en algún sentido. Es absolutamente irracional el uso de tecnología en este momento. No está controlado. También debería existir un aumento de la medicina familiar. Un médico que se haga cargo, pero no burocráticamente. Sucede en Inglaterra. Estar formado en medicina familiar significa retomar lo que en muchas especialidades y en muchos sectores se perdió: escuchar qué le pasa al paciente. Algo que difícilmente se sustituya por una computadora. El ser humano no segregará oxitocina, la hormona del apego, ante una máquina. 

—Desde la perspectiva de la salud pública, los sistemas de medicina prepaga serían una suerte de sistema Ponzi. Para mantener a los más grandes debe entrar gente más joven. Como en los seguros de retiro. Si la tasa de natalidad se detiene, los sistemas de medicina quebrarán. El desafío de la medicina no es hacer una tercera edad de 50 o de 45 años, sino prolongar la juventud, una idea que te escuché proponer. Que la juventud se prolongue, que los 65 sean los 40 de antes.

—Esa es la idea. Se puede lograr en gran medida si uno cambia. Pero también la longevidad depende de que hayas elegido bien a tus padres, de los genes. 

—Eso sería la suerte.

—Podés tener buena o mala suerte. Y depende también del estilo de vida. Es el 60%. Si una persona fuma, bebe alcohol más de lo debido, si no come bien y si no hace actividad física, la diferencia será de nueve años de vida libre de enfermedades crónicas. Fijate lo que te estoy diciendo: nueve años más de vida. 

—Esa sociedad del futuro con mayoría de gente de más de 60 años deberá requerir una medicina sustentable que las enfermedades que atacan normalmente a los 60 comiencen a hacerlo a los 80. Y las de los 80, a los 100.

—Los cambios que se necesitan deberán ser muy apoyados desde otras áreas del Estado. El Estado tiene que proveer parques y lugares iluminados, para que la gente pueda salir a caminar. El Estado debe regular el tema de la alimentación, el etiquetado, las cantidades, la producción de alimentos. Lo hizo con los autos: cualquiera llega a los 200 kilómetros, pero la sociedad reguló. Le puso un límite. No fue prohibirlos. No sucedió igual con los alimentos. No se trata de poner en la gente la posibilidad y la responsabilidad del cambio. La sociedad debe facilitar la actividad física y la alimentación, con medidas de estímulo para la alimentación más saludable e informar bien a la gente qué comerá. Que haya educación y posibilidad de un ocio más inteligente. 

—El derecho a la longevidad es parte de una reflexión sobre lo que Michel Foucault llama “biopolítica”. La sociedad podría plantear que la gente más vieja constituye un costo. Es el debate que se dio recientemente con el coronavirus. El vicegobernador de Texas, Dan Patrick, planteó que la gente más grande tenía que morir para dejar espacio a los más jóvenes. Hay una cuestión ideológica: la longevidad debería, en esa postura, ser pagada por los más jóvenes.

—Si uno aportó durante toda su vida, también ahorró.

“La Ciudad de Buenos Aires tiene más agentes de salud que cualquier otro lugar del país.”

—Sí. Pero nos enfrentamos a la dimensión ética. Desde el punto de vista de la producción, puede ocurrir que un economista diga que no conviene que haya tanta gente grande. Es un debate que sobrevoló algunas posturas sobre el coronavirus.

—En las sociedades longevas hay respeto por los antepasados y los adultos mayores. Cuando esas personas que afirman eso lleguen a los 60 o los 70, seguro que cambiarán su punto de vista. Es un proceso automático. No tengo la estadística, pero habría que ver el promedio de edad de quienes emiten esos juicios.

—Pensemos en cuando tengas 105 años, en 2045.

—Ojalá. Hace unos días cumplió 117 la persona más añosa de nuestro país. 

—A nivel mundial hay casos de personas aún mayores. En política, si la mayoría tiene más de 60 años, cambiará el voto. 

—A alguien más grande cuesta mucho más trabajo seducirlo y engrupirlo. 

—¿Se puede ser más demagogos con los más jóvenes?

—Es un período de mayor optimismo. Los años te van haciendo realista. La gente valora otras cosas con el paso del tiempo. Es lo que creo.

Alberto Cormillot, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
VIEJENNIALS. “En otros países, en general los adultos mayores tienen un buen pasar económico. Lograron algún tipo de independencia. Es diferente de hace unos años”. 

—Pero podría surgir una nueva demagogia adaptada a la época.

—No se me había cruzado que podía pasar. Pero sí, tiene sentido. Me resulta atractivo como idea.

—¿Cómo será la familia cuando, en lugar de 78 años, como en Argentina, sea 100 la edad promedio de fallecimientos? ¿Habrá más matrimonios? ¿La gente se casará más tarde?

—Casarse para toda la vida surgió como promesa cuando la expectativa de vida era de 50 años. Algunas personas lo sostienen. Tengo varios amigos de mi edad que tuvieron un solo matrimonio. Solamente hay uno que se separó a los 80 y se volvió a casar, y está muy feliz. Padres más grandes posiblemente transmitirán más experiencia. Quizás empiecen a jugar otros actores. En mi caso, mi hijo mayor, Adrián, será el padrino de mi hijo.

—¿Cuántos años tiene? 

—47. Le pregunté si quería. Su respuesta fue sí, pero que también sería un hermano mayor. Lo llevará al fútbol y esas cosas, porque él no tuvo varones. Aparecerán otras figuras familiares. En su momento, cuando las mujeres quedaban embarazadas, tenía un rol muy importante la madre. Hoy lo sigue teniendo, pero en esa época manejaban todo, transmitían experiencia. Se peleaban con el yerno y decían qué había que cumplir. Me parece que ese rol ha ido cambiando. La pareja comparte más. Es muy interesante la pregunta que hacés: cómo va a ser la sociedad cuando los padres empiecen a tener los hijos a los 40 o 50 años. En un año te lo voy a poder contar mejor.

“Se está investigando qué sucede con el Omega 3 como preventivo contra el covid-19.”

—¿Cómo decidiste ser padre a los 80?

—Lo pensé como producto del vínculo entre Estefanía y yo, como producto del amor. Después me fui haciendo a la idea. Cuando empezaron a regalarme escarpines, me dije: “Caramba”. Ahí se corporizó. En la primera ecografía era una cosita, chiquita. Medía 7 centímetros. Ahí lo registré un poco más. Después vino otra ecografía donde se le veía la nariz. La ecografista iba señalando. En la última, se le veían las manos, los pies, la cara, la nariz, la boca, el estómago, el corazón. Veía la parte morfológica. Me pregunto todos los días cómo será. Sé que de noche yo voy a cuidar mi sueño, que habrá gente que ayude. Está totalmente hablado que la carga no caiga del lado de Estefanía. Los primeros meses deberá dar la teta y voy a dormir en algún otro lado. 

—¿Te sentís un padre del siglo XX en el siglo XXI? Pasaron 47 años del nacimiento de Adrián.

—Creo que haré lo mismo que cuando nacieron los chicos. De noche no me ocupaba, porque trabajaba mucho. Ahora trabajo más. Me levanto a las cuatro menos cuarto y tengo que estar lúcido a las cinco y media, y antes con los diarios leídos para entrar a la radio. Luego, seguir toda la mañana. No sé cuánto le voy a dedicar. Imagino cómo será tenerlo, jugar con él, me pregunto si le hablaré con la voz rara como les habla la gente a los chicos. No me acuerdo cómo lo hice antes.

—¿Cómo surgió la idea de casarte a los 80?

—Quería estar en pareja y compartir mi vida con alguien. Ver si podía conseguir lo que no había logrado. No fue un experimento, de todos modos. Y encontré la persona con quien deseaba hacerlo.

—A lo largo de los últimos cuarenta años tuviste otras parejas monogámicas. ¿Con ninguna te pasó por la cabeza tener hijos? 

—No.

—¿A qué atribuís esa perspectiva nueva?

—La verdad es que no lo sé. No sé qué hubiera pasado si siguiera viva la madre de los chicos.

—¿La muerte de Mónica te quitó cierta inhibición?

—Debe haber influido. La relación se mantuvo, trabajamos toda la vida juntos. La vida familiar siguió: las reuniones familiares, festejos, Nochebuena, cumpleaños. 

—¿Cómo lo tomaron Reneé y Adrián?

—Les debe haber impactado. Serán madrina y padrino. A la primera que le dije fue a Reneé, y estaba encantada. Adrián seguramente será muy pata, porque es muy dedicado a sus hijas. Tendrá un varón con el que patear una pelota. No lo pudo hacer conmigo.

—¿Cómo era la relación con los suegros? 

—Imaginate que los suegros le decían lo mismo que le hubieras dicho vos a tu hija si tuviera 30 años y dijera que se está por casar con un señor de 80. Dirán que no es salgo serio, no concretarán nada, que nunca van a tener un hijo y te vas a quedar viuda. Las cosas que hubiera dicho cualquier persona sensata. Luego se fueron cayendo los argumentos porque la cosa no era para un momento. Todo siguió: el casamiento, el embarazo. De a poco, se fueron atenuando las desconfianzas.

—¿Hay un cambio en vos? Hace 25 años no hubieras buscado una pareja para casarte y tener hijos. ¿Los proyectos ocupan un rol para vivir?

—No lo sé. Sería como teorizarlo.

—¿Te psicoanalizás?

—Hago terapia, pero no psicoanálisis.

—¿Con menos frecuencia que en otros tiempos? 

—Una vez por semana. Es una cosa mucho más cognitiva, donde se discute y se ven razones.

—Llevás sesenta años como médico. Y hay algo del prescribir lo que hacés con tu cuerpo a los demás. Eras una persona obesa, fumabas. Te autoprescribiste tu propio método. Tu vida podría ser un ejemplo de cómo funciona un estilo de vida.

—Hice los cambios a medida que estudiaba y veía qué le hacía bien a la gente. Entonces, se lo dije a los medios y a los pacientes. Le dije a la gente que comiera menos grasas, y también empecé a hacerlo. Cuando le decía a la gente que hiciera actividad física, yo también la hacía. Fui incorporando hábitos a medida que se los proponía a la gente. No quiero hacerme una autoatribución. No quiero decir que todo es mérito mío. En realidad, tuve tratamiento médico. Padecí cáncer dos veces y zafé. Es mérito de los médicos, que me atendieron bien, y también del sistema de salud, que me permitió tener acceso a esos médicos. La gente me hizo notar mi edad. Empecé a registrarla más desde que estoy con Estefanía.

Alberto Cormillot, en la entrevista con Jorge Fontevecchia.
MEDICINA FAMILIAR. “Implica escuchar qué le pasa al paciente. Algo que difícilmente se sustituya por una computadora. El ser humano no segregará oxitocina, la hormona del apego, ante una máquina”.

—Podría decirte que es inadecuado para la edad la danza que hacés colgándote de los techos.

—Jamás te preguntes cuántos años tenés según la cédula. Eso no importa. Lo que importa es qué es lo que sentís hacer. No entré en el asunto del viejismo. El viejismo es el conjunto de atributos que uno le otorga a una persona porque es mayor. Cosas como que “esa persona es inservible. No se puede divertir. No puede tener sexo. No puede bailar. No puede vestirse como le gusta. Es un plomo. Es pesado”. Mucha gente compra esa idea.

—Hay una especie de lenguaje preformativo en el que si se le dice a la gente que es vieja a determinada edad, quedará determinada como una profecía autocumplida. Algo del lenguaje condiciona.

—Exactamente. No solamente el lenguaje, también la sociedad. Hay un diccionario ideológico de la lengua española, de 1950. Ideológico porque todas las cosas que uno asocia con ancianidad, que es la palabra central, son: edad provecta, senectud, decrepitud, caduquez, vetustez, chochez, acartonamiento, postrimería, aviejar, tener los días contados, estar hecho un cascajo, ser más viejo que las armas, estar con un pie en la sepultura, acartonarse, apergarminarse, viejo, viejarrón, vejancón, viejo verde, cotorrón, vejestorio. Hay unas cuantas cosas más que podría seguir enumerando. En cambio, cuando vas a juventud, encontrás que los jóvenes están fenómenos. No tienen el menor problema. Juventud, adolescencia, mancebía, nubilidad, verdor, abriles, al borde de la vida, la flor de la edad, pubescer, mocear, caer en flor, rejuvenecerse, adolescente, febo, mozo, mocito. Todo bien.

—El significado que acompaña a ciertos significantes también cambia. Y cambiará. A una mujer de 60/65 no le caben estas definiciones que le cabían en 1950.

—Cuando alguien le decía abuelo a mi papá, se ponía loco, muy mal. Les aclaraba que no era su abuelo. Era un adelantado. A mí no me lo dijeron hasta ahora. Si me lo dijeran, tendría bastante incomodidad. 

—Es cierto que tenés nietas maravillosas: en sentido técnico sos abuelo.

—Abuelo de ellas soy. Si me dicen abuelo me encanta. Es distinto que otra persona me lo diga.

—¿Hay algo peyorativo?

—Totalmente. Sí, es una cosa peyorativa. Ese “oiga, abuelo”, que además se grita dando por sentado que el abuelo es sordo. 

—¿Cuándo fuiste más feliz a lo largo de las décadas? 

—A medida que fue avanzando mi vida, fui siendo más feliz. Después de los 20 uno empieza a cumplir todos los mandatos, aun sin darse cuenta. No se autorregula. Uno cree que lo hace, pero es todo lo que te dijeron tus papás o los mandatos que vos te fuiste poniendo en la juventud. Después de los 30 a los 40 uno empieza a recibir sus propios mandatos. Después de los 50/55 años, las personas tienen más posibilidades de pensar en ellas. Vi un reportaje a un matrimonio argentino que se fue a recorrer el mundo. Los dos se fueron en un avioncito. Lo hicieron cuando los chicos tomaron su camino. Ellos también lo hicieron. Vendieron todo y se fueron a recorrer el mundo.

“Mi hijo mayor, Adrián, será el padrino de mi próximo hijo.”

—Existe la idea de que, cuando los hijos se independizan de los padres, los padres también recuperan autonomía. Vos volvés a colocarte en esa situación de responsabilidad frente a un hijo por nacer. 

—Hay muchas cosas que no planifico, te soy sincero.

—Si la vida tendrá 105 años, es probable que también haya distintos matrimonios a lo largo de la vida, distintas etapas de paternidad, tanto en hombres como en mujeres. La maternidad se extiende a más de 50 años, incluso a más de 60.

—Lo sentí así y, tal como lo sentí, lo hice. No lo pensé mucho. Éramos una pareja como cualquiera de cualquier edad. Lo fuimos charlando y así surgió.

—¿Qué dice ella?

—Lo mismo. Ella pensaba que nunca se iba a enamorar y no tendría un hijo. Fue así hasta que nos conocimos. Ahí cambió de idea. 

—¿El reloj biológico femenino también se extiende? Antes había un tema con los 30 de las mujeres.

—En el caso de ella definitivamente se extendió, pero por una característica propia. No sé si por una característica generacional que comparte con sus amigas. Las conozco, son compañeras desde la escuela primaria, ninguna pensaba eso. Ella pensaba que la maternidad no era para ella. Luego cambió de idea.

—¿En 2045 las mujeres congelarán sus óvulos, por ejemplo?

—Seguramente sí. 

—¿Qué ventajas encontrás a ser padre más grande? 

—La mayoría de la gente se torna menos tonta con los años. Uno hace menos tonterías. El cerebro viene con sesgos, fallado, con errores. Uno los sigue repitiendo. Quizá se tiene más tiempo para dedicarle a un hijo. Hay más tiempo para descartar cosas menos importantes. 

—Se dice que algunas personas son como los vinos, que mejoran con los años. Otras no. ¿En la vejez se bifurca y algunos evolucionan y otros tienen regresiones? 

—Hay personas que dejan de ser película y se transforman en foto. Hay quien se transforma en un experto. Se momifican. Hay otros que se ponen peor. Ese por lo menos se mantiene. Otros, en cambio, siguen curiosos, moviéndose en la vida, incorporando miradas, saben escuchar.

—¿Ser joven es aceptar el cambio?

—Sí, y aceptar que hay otros que te pueden decir cosas que no se te ocurrieron.

—¿Te autopercibís así?

—Ser aprendiz me nace. No lo puedo contar como mérito. Me nace estudiar, tener desafíos y escuchar. No solo a un profesor. Uno debe tener los oídos abiertos. La curiosidad mantiene activo el cerebro.

—Hay una célebre conferencia de César Milstein, el ganador del Premio Nobel, en la que afirma que la curiosidad era el atributo fundamental. Y me pregunto: ¿esa curiosidad es la que lleva al hacer? 

—En mí no es por curiosidad, sino por disciplina. Me comprometí, con el plazo de una semana, a hacer dos coreografías en un evento. Hace mucho que no bailo en público. Esas coreografías no las hacía desde hace tres años. Podría haberme negado y, sin embargo, me comprometí. Hoy me levanté a las cuatro menos cuarto, como siempre, y tuve el ensayo a las cinco de la tarde. Junto a la disciplina se encamina la curiosidad.

—Un psicólogo diría que es una formación reactiva. Te imponés esa disciplina. Te echaron del colegio secundario, del Colegio Militar. Sos disciplinado porque sabés que podés perder.

—Soy indisciplinado recuperable, lo digo muchas veces. Me pongo la disciplina y no me pregunto en la hora de actividad física si tengo ganas. Son cosas que decido hacer.

“Hay personas que en la vejez dejan de ser película y se transforman en foto.”

—¿Cómo nace la idea de “viejo cascarrabias”? 

—Es muy posible que la persona cascarrabias tenga expectativas no realizables. Expectativas irracionales respecto a lo que debe ser, respecto a lo que los demás tienen que ser o sobre el mundo. Los años otorgan la posibilidad de la aceptación plena. El mundo es como es, yo soy como soy y doy hasta donde puedo. La gente también da hasta donde puede.

—¿Por qué algunos caracteres se hacen más agrios? 

—Porque agarraron mal. Se dan cuenta de que no pueden ir para otro lado.

—¿Sería la frustración de lo que ya no se puede corregir? Los jóvenes cuentan con tiempo a favor

—Hasta los 25 sabés que sos eterno. Después de los 30, sabés que sos lesionable.

—¿El pesimismo es un rasgo de la vejez? 

—Tiene que ver en gran parte con que la gente se siente frustrada y está realmente mal, más en países como el nuestro. Pero vamos a suponer fuera de eso. Hice un video de dos minutos en una publicación hablando del viejismo. Y me escribieron dos militares. Lo hicieron por separado, sin saber uno que había escrito el otro. Eran de alto rango. Uno me dijo: “Cuando escuché lo del viejismo, me di cuenta de todos los mandatos equivocados que me di y empecé a pensar de otra manera. Empecé a pensar las cosas que yo podía hacer”. La otra perona me dijo: “Cambié cuando escuché eso. porque me di cuenta de que no tengo por qué hacer ese mandato. Que no tengo por qué ser el oficial de alto rango por los treinta años que me quedan de vida y hacer todo bien”. Descubrieron que pueden innovar, hacer cosas. 

—¿En la sociedad de 2045, la nueva lucha va a ser por que a los viejos se les reconozcan los derechos y no se los trate como minusválidos? 

—Me resulta difícil pensarlo porque se me mezcla con otras cosas que leo y escucho. Las democracias se están debilitando en Occidente. ¿Cuál es el modelo del futuro? ¿Vamos hacia más Nicolás Maduro o más Donald Trump? Uno espera que no, que venga un Joe Biden. En las extremas derechas e izquierdas, quizás aparece un loco y dice que los viejos son una carga para la sociedad, que no se puede pagar tanta jubilación. El futuro depende de lo que suceda en cada lugar.

—Permitime ser optimista y joven: pensemos que la democracia triunfa.

—Pienso lo mismo.

—¿La próxima lucha social va a ser por el empoderamiento de los viejos? 

—Sería razonable. Pero tiene que pasar mucho tiempo. Lo peor para el discriminado es la autodiscriminación.

—No debería ser algo consciente. Podríamos decir que vos te encontrarás en esa circunstancia siendo un militante, como ahora. Se trata de hacer tomar conciencia a la gente.

—Lo seguiré haciendo. El grado de impacto que puedo llegar a tener lo desconozco. Soy un optimista irredento, lo voy a seguir haciendo. Es un mensaje que da ganas de vivir: pensar que se llega a los 70 años considerando que quedan como treinta más por delante, 

—Lo que estás haciendo es una suerte de militancia. Ayudar a otras personas a también sentirse más jóvenes.

—Aprendí de mi vieja, que era enfermera y curadora: la vocación de servicio. Uno es si le da servicio a la gente. Ella eligió una profesión de salud. Dar servicio me parece absolutamente natural. Cuando hablo por televisión, le doy un servicio a la gente. Cuando escribo, siento que estoy dando un servicio. También cuando doy este mensaje.

—Por eso: hay una militancia en contra del viejismo.

—Definitivamente.

 

Producción: Pablo Helman y Debora Waizbrot.