sábado 19 de junio de 2021
PERIODISMO PURO Periodismo Puro/Entrevista
14-05-2021 20:39

Miriani Pastoriza: "Pensé que estudiando astronomía podía demostrar que no existía Dios"

La dictadura la llevÓ al exilio. La científica argentina que dio nombre a una galaxia analiza a la investigación en la Argentina y el Brasil. El lugar de la mujer y el apoyo de los gobiernos, de Lula a Bolsonaro

14-05-2021 20:39

—La novela "El entenado" del escritor argentino Juan José Saer comienza diciendo: "De estas costas vacías, me quedo sobre todo con la abundancia del cielo. Más de una vez me sentí diminuto bajo ese azul dilatado". También es célebre la frase de Immanuel Kant: "dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes. Cuanto más con frecuencia aplicación se ocupa de ella la reflexión, el cielo estrellado sobre mí y la ley moral que hay en mí". ¿Qué reflexión le producen estas dos citas?

—Me llevan a mi infancia. Nací en Loreto en Santiago del Estero. En el verano, mi madre sacaba las camas al patio porque hacía mucho calor. Era la década del cuarenta. Es lo que me pasaba a mí: me sentía curiosa y admirada al ver el cielo y las estrellas. A partir de esas noches es que surgió mi vocación de astrónoma. La admiración de esos autores la sentí de muy pequeña.

—Hay una célebre conferencia en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Exactas del Premio Nobel César Milstein en el 99 titulada "La curiosidad como fuente de riqueza". Dice que "el entusiasmo por las aventuras es el centro de la vida. Y entre todas las aventuras, la más fascinante es la exploración de lo desconocido". Y más adelante se le agrega: "La fascinación reside en que la curiosidad es uno de los motores de la evolución". Incluso mencionaba Milstein: "la ciencia tiene la fascinación de la aventura porque encima de todo es una exploración de lo desconocido". ¿Qué es para usted la curiosidad?

—Las personas con tendencia a la investigación científica la tienen. También los niños siempre manifiestan una curiosidad un poco más allá de lo normal. Intentan entender cosas. Cuando era niña y adolescente, mi curiosidad consistía en explicar, por ejemplo, por qué había de estrellas de un color o de otro, por qué estaban agrupadas o no. Eso me movilizó a estudiar. Lo decidí en el año 1948 niña, mujer, hija de una madre viuda. Estudiaría astronomía. Esa curiosidad me impulsó a seguir caminos inconcebibles para una mujer en aquella época.

—¿La curiosidad es previa a la razón? Sigmund Freud hablaría de pulsión, algo entre lo somático y lo intelectual.

—Hay una mezcla. Un niño puede tener una capacidad genética. Pero el ambiente en que se desarrolla y obviamente su casa lo pueden estimular a desarrollar tal curiosidad natural.

—Algo genético y filogenético.

—No hablo de genética como un hecho cultural. La mayoría de los niños tienen esa curiosidad. Se observa en su comportamiento. Van por la casa manipulando todas las cosas. Hasta ponen el dedo en los enchufes. La curiosidad de intentar, ver y descubrir. Si se estimula por el colegio o en su casa puede ir creciendo. Mi madre contribuyó a esa cosa natural porque era maestra. Nos compraba la revista Billiken. En esa época, traía temas de ciencia, de historia. Así una empezaba a intentar responder la curiosidad natural.

—¿Su mamá era maestra de los normales creados por Domingo Faustino Sarmiento?

—Mi madre trabajaba en la escuela en Loreto, que se llamaba Francisco De Uriarte. Era profesora de escuela primaria.

—Usted dijo que: "cuando terminaba el doctorado en el instituto, automáticamente se pasaba a ser Jefe Adjunto de Trabajos Prácticos. Todos mis compañeros pasaron, menos yo. Tuve que hacer otro concurso para entrar". ¿Qué sintió en ese momento?

—No era común encontrar mujeres en cierto tipo de carreras. En nuestro grupo éramos sólo dos. Uno siempre estaba dando exámenes. No sé si era machismo, pero había una diferenciación. Para una mujer es fundamental no colocarse en papel de víctima. Hay que ponerse en el papel de luchadora, conseguir el respeto y la posibilidad de seguir adelante. Fui examinada en concursos. También cuando fui a observar por primera vez en la montaña, mi orientador tuvo que solicitar autorización.

—En la estación Astrofísica de Bosque Alegre, a 60 kilómetros de la capital cordobesa, los hombres se quedaban una semana, durante el día descansaban en la casa de los astrónomos para por las noches subir al observatorio. Eran sierras de 1.300 m de altura. Se tomaban fotografías de las galaxias con uno de los telescopios más grandes del hemisferio sur. Para que usted pudiera subir, el profesor José Luis Sérsic tuvo que hablar con el rector especialmente.

—Lo solicitó al director del observatorio. Tuvo dificultades. Entonces se dirigió al rector. Creo que hasta fue discutido en el Consejo de la Universidad. Finalmente fui autorizada a para ir y permanecer con mis compañeros en la montaña. Tenía 20 años.

—Hoy, sólo un 14% de los 10.000 astrónomos de la Unión Astronómica Internacional son mujeres. ¿A qué lo atribuye?

—Hay diferencias, de acuerdo a los diferentes países. En la mayoría de los países de Latinoamérica, el porcentaje de mujeres astronomía es bastante alto, está arriba de 20% a 30%. En Europa hay una diferencia muy marcada entre España, Francia, Italia y Alemania y Holanda. En Francia creo que el porcentaje es muy alto, debe llegar al 30/40%. En España creció bastante y en Italia también. Pero en Alemania son poquísimas. Diría que son menos del 10%.

—¿Los países mediterráneos y latinos son menos machistas?

—No diría que un padre italiano ni uno español no son machistas. No soy socióloga, pero, conversando con mis colegas, siempre existe el apoyo de la madre o de una hermana o de una tía. Viajé por primera vez a los Estados Unidos en el 68. Había poquísimas mujeres. Regresé en el año 95 y todavía eran pocas. El problema era con quién dejaban los niños cuando se casaban. Las mujeres debían elegir. No había dónde dejar a los chicos. Una época con un poco de machismo; los hombres no participaban como ahora en la educación de los niños.

“Las mujeres no deben ponerse en víctimas; deben luchar para conseguir el respeto”

—¿Cómo explica su trabajo con Sésic de 1965 a los legos y lo sintetiza a los iniciados?

—Las galaxias espirales tienen una región nuclear. Existía la teoría que afirmaba que las galaxias se formaban a partir de una nube primigenia. Esa nube sufría un colapso, empezaba a contraerse y gran cantidad de material iba a la región central. Ahí se formaban las estrellas y una especie de halo en torno de ese núcleo. Ahí se encontraban las estrellas más viejas. El gas que sobró, por decirlo de alguna manera, formaba un disco. En ese disco sucedían explosiones de formación de estrellas. Se tenía la idea de que el núcleo de las galaxias era formado por estrellas viejas, muy viejas, las más viejas de una galaxia. En el año 1958/1959, quizás un poco antes, un astrónomo americano, Morgan, tomó una imagen de una galaxia con muy poco tiempo de exposición y vio que algunas, dos galaxias en particular, tenían que región nuclear, en vez de ser una esfera de estrellas viejas, tenían resuelta en una especie de puntos, de núcleos brillantes, que llamó hot-spots. Al finalizar la licenciatura tenía que presentar un trabajo. Entonces Sérsic me propone observar con el telescopio de Bosque Alegre, usando placas con muy corta exposición las estrellas más brillantes del hemisferio sur. Me llevó dos o tres años observar esas galaxias. Así encontramos varias galaxias nuevas con ese tipo de núcleo de las galaxias espirales. Pero nuestra observación demostró que no eran todas las galaxias espirales, que eran sólo las galaxias que presentaban en el centro una barra. En algunas de las galaxias espirales normales, los brazos salen del núcleo. Pero en este caso los brazos salían de una barra. Veíamos entonces que estaban asociados con galaxias espirales con barras. En eso consistió el trabajo. Después Sérsic fue al hemisferio norte. Allí revisó otros estudios y encontramos otras galaxias más. En total eran más o menos unas 40 galaxias, que clasificamos como “galaxias peculiares”, porque tenían un núcleo diferente de un galaxia normal, que esas galaxias estaban asociadas con la presencia de una barra. Mi tesis de doctorado fue descubrir qué eran esos hot-spots, de qué se trataba. Hice mi primer viaje a Estados Unidos con una beca de CONICET. Estuve seis meses observando en Arizona, en Tucson, Arizona, y seis meses en Texas, en el Mcdonald Observatory. Aprendí a manejar un instrumento, el espectrógrafo, que permitía analizar la composición de la luz para saber de qué estaban formados esos hot-spots. Nos dieron un espectrógrafo para instalar en el telescopio en Bosque Alegre.  Al regreso, comencé a sacar espectros de esas galaxias. Para los legos, en los espectros la luz atraviesa una red de difracción y uno puede ver la señal de qué tipo de emisión se trata, si es de estrellas o de gas. Vimos que en esos espectros había estrellas, y que no eran viejas, sino recientes, jóvenes. Así demostré que esos hot-spots eran regiones de formación de estrellas.

—¿Existe alguna ventaja para el estudio del cielo en el hemisferio sur por su ubicación?

—Sí. Tenemos el centro galáctico sobre nuestra cabeza. En el invierno se puede ver la Vía Láctea. Su parte más intensa es el centro galáctico. Se puede ver desde el hemisferio norte pero mucho mejor desde el sur. Hay tres galaxias que uno puede ver a simple vista: Andrómeda, en el hemisferio norte, muy difícil de  observar, y las nubes de Magallanes, que son dos galaxias muy conocidas, que todo el mundo las puede ver en el verano cerca de la Cruz del Sur. Tenemos un cielo privilegiado en el hemisferio sur.

—En esta misma serie de reportajes, otro santiagueño formado en Córdoba, Julio Navarro, que fue candidato al Premio Nobel de Física, también describió su vida familiar: "Mi mamá fue profesora, maestra. Era maestra de escuela primaria a la mañana. Después trabajaba en un colegio privado a la tarde y a la noche también daba clases. Trabajaba tres turnos porque éramos muchos. Mi padre fue abogado y trabajaba para la fiscalía del estado. Se enfermó siendo muy joven y falleció cuando estaba en la universidad después de una larga enfermedad. Nunca fuimos pobres ni muy humildes, pero no sobraba dinero en casa. Fui a estudiar a Córdoba y pude hacerlo por la universidad gratuita y sino me hubiera sido imposible". ¿Qué puntos de contacto encuentra usted entre su propia historia y la de este otro santiagueño?

—Todos. Lo conozco porque fue orientado por José Luis Sérsic, hizo un doctorado con él en el Observatorio de Córdoba. También estudió en la misma escuela en la que finalicé mi secundario en la Escuela Normal Manuel Belgrano. Su madre era maestra, la mía también. Mi padre falleció cuando también era muy joven y el de Julio cuando se formó como físico. Conversamos mucho. Cuando me enteré que era candidato al Nobel, le escribí un mensaje muy largo. Le dije que estaba muy feliz y emocionada. También por la coincidencia de la historia. Tampoco fui pobre, nunca me faltó nada, pero mi madre era maestra. Mi padre falleció cuando éramos muy niños. Mi madre hizo muchos sacrificios para mandarme a estudiar a Córdoba. También pude estudiar porque la universidad era gratis. Mi madre tenía que mandar la pensión y el pasaje para llegar al observatorio. Hay muchas historias análogas en Santiago del Estero. La clase media santiagueña tiene menos poder adquisitivo, si se compara con la de Córdoba o Buenos Aires. Los santiagueños, a pesar de la fama de ser vagas, son muy perseverantes y ambiciosos. Cuando se proponen una cosa, la llevan adelante. Tengo muchos amigos que llegaron muy lejos en su carrera. Gente que se esforzó mucho para hacerlo.

—Hay tres dimensiones del tiempo: la termodinámica, la cosmológica y la psicológica. Los que no somos ni astrónomos ni físicos vemos al tiempo como una flecha que va hacia adelante. Hay culturas precolombinas de provincias cercanas a Santiago del Estero como los aymaras, que creen que en realidad el pasado está adelante. ¿Cambió su idea del tiempo al estudiar astronomía?

—Es una pregunta muy difícil. Depende desde qué punto usted lo mire. Desde lo psicológico, no sé por qué hay años en que a uno le parece que el tiempo pasa más lentamente. Depende de lo que la persona tenga o no qué hacer. Este año de pandemia parece que sucedió en unos segundos. Me cuesta mucho explicar que cuando nosotros observamos y vemos el universo y vemos los objetos más lejanos, es casi como los arqueólogos: vemos hacia atrás. La señal que nos llega salió cuando ese objeto era joven, hace miles de millones de años atrás. Vemos el pasado de ese objeto. No el presente ni el futuro. Pero para nosotros, el tiempo transcurre hacia delante, no para atrás. La posibilidad de volver atrás en el tiempo es solo psicológica. Físicamente no es posible.

“En el hemisferio sur tenemos un cielo privilegiado”

—Navarro me dijo que "tiempo es cambio". ¿Coincide?

—En realidad, para medir el tiempo, se mide en hechos astronómicos que se repiten con mucha precisión. Por ejemplo, el movimiento del sol que nos definió el año, las estaciones, la rotación de la Tierra. El individuo que comienza las observaciones astronómicas las hace con mucho más detalle, observa que no es exactamente 365 días exactos en que la tierra da una vuelta en torno del sol. Hay correcciones que permiten predecir cosas. Hay hechos que suceden de forma periódica y que permiten predecir qué sucederá.

 

—En la conferencia citada de César Milstein dijo: "¿Y qué pasa con los talentos potenciales que en la Argentina no tienen apoyo? Pues simplemente se van y es así como en la Argentina junto con su trigo, con su carne, se exporta a otro producto también abundante, pero potencialmente mucho más valioso: exporta talento". Usted llegó a Brasil luego del secuestro de su marido. ¿Cómo fue la experiencia del exilio?

—Los primeros años fueron muy difíciles. Desde el punto de vista personal porque dejaba a mis hermanas, mi madre, mis amigos. Vine con mi familia, mis dos hijos y mi ex marido. Pero nunca pensé en dejar la Argentina. Ni cuando estudié en Estados Unidos. Cuando estuve en Estados Unidos en Texas, al terminar mi doctorado, me ofrecieron quedarme allá. Pero decidí que volvería a Córdoba. Quería quedarme en la Argentina. Salir por decisión es una cosa. Pero hacerlo porque no tiene posibilidad en su propio país y está imposibilitado de trabajar, es otra, muy difícil. Aquí llegué en Brasil y me dieron todas las posibilidades de trabajo. Fue difícil. A veces me despertaba y me acordaba de mi casa en Córdoba. Pasó mucho tiempo hasta que sentí que Brasil era mi casa realmente. Tiene mucho que ver que tengo dos hijos, una vive en la Argentina, otro, aquí, en Porto Alegre. Está casado y tiene un hijo. Mi nieto es un factor. También mis compañeros de trabajo y mis amigos. Cuando voy a Argentina me siento más brasileña que Argentina. Cuando estoy aquí, abro la boca y me preguntan si soy argentina o uruguaya. Durante muchos años para mí la Argentina fue Santiago del Estero.

—Patria es la infancia, se dice. Déjeme continuar con el tema de los científicos especialmente que se tienen que ir al extranjero. Julio Navarro dijo en este reportaje: "Todos los investigadores que hacemos ciencia básica, lo que estamos aplicados a la tecnología o al desarrollo de cosas más prácticas, lo hacemos básicamente por curiosidad y por pasión. Tengo un buen salario, vivo bien, no me falta nada, pero nunca voy a ser rico". ¿Cuál es el vínculo con el dinero, con lo material, que tiene un científico? ¿Hay algo romántico en un investigador científico?

—Por lo menos un investigador de mi área y del área de física, matemáticas, las ciencias básicas, sabe que lo máximo que puede aspirar es a ser académico y estar como profesor full time en la universidad o en un instituto de investigación donde el salario permite vivir bien, pero nunca va a ser el salario que va a ganar un médico, un abogado, un ejecutivo o cualquier otra carrera liberal. Para mí, lo importante era trabajar en investigación, me gusta mucho enseñar y adoro la astronomía, entonces me satisface mucho más. Conversamos con mi hijo que cuando hay situaciones de dinero a mí me produce estrés, una cosa que no consigo manejar. En mi cabeza siempre fue así: la ciencia está primero y después está lo otro, la parte económica. No sé bien como manipular esa parte, pero nunca me interesó como un objetivo de vida. Mi objetivo era ser astrónoma dentro de mi área lo mejor que yo pudiese.

—Usted dijo: "Pese a que soy astrónoma es muy importante tener los pies en la tierra cuando se persigue un objetivo" Y especialmente una astrónoma, ¿qué es tener los pies en la tierra? Es una metáfora, obviamente.

—Tener los pies en la tierra de creer que para llegar a ser un astrónomo hay que estudiar muchísimo, tener mucha dedicación, foco. Hace poco tiempo conversaba con la nieta de una gran amiga mía, que es abogada. Ella habló conmigo porque quiere estudiar astronomía. Me dijo que estudiaba muchísimo y le dije: "Sí, poder llegar a ser astrónomo no es aquella cosa poética de creer que uno va a mirar los astros... No, tiene que estudiar mucha matemática, mucha física". En ese sentido es que hay que tener los pies en la tierra.

—Usted dijo que: "En Brasil tenemos un programa que se llama Niñas en la ciencia. Vamos a los colegios, le explicamos el papel que la mujer puede tener en la ciencia. Está la caricatura de la niña que tiene que ser modelo linda. Nunca se valora a la niña que quiere ser ingeniera. Es una lucha compleja. No creo que sean los hombres los que te impiden seguir adelante. Hay muchos factores que se conjugan para que esto suceda". ¿Fue cambiando el papel de la mujer en la ciencia?

 —Fue. Ahora hay muchas más mujeres. Esos programas ayudan muchísimo a valorizar la ciencia como una forma de vida y es muy importante porque hubo un período en que en la televisión se estimulaba que la mujer tenía que ser bella, delgada, esto y aquello otro, pero nunca un reportaje de una médica en el interior que no puede arreglarse, o con un poco de sobrepeso. Eso no estaba valorizado. Hay muchas niñas que sufren ese problema y es interesante cuando encuentran un modo de vivir y de realizarse a través de la ciencia. En la ciencia no importa como seas, si alta, baja, rubia, morocha o lo que sea. Lo que importa es la dedicación, el trabajo y la inteligencia. Es muy reconfortante ver eso.

—Usted dijo: "Cuando yo llegué a Brasil había solo diez doctores en astronomía en todo el país. A pesar de que ya había observatorios que eran incluso del 1800, la astronomía estaba muy poco desarrollada. Eso me dio la responsabilidad de quedarme a desarrollar el Departamento de Astronomía, que en esa época tenía sólo dos profesores. Yo acepté el desafío de orientar maestrados y doctorados, y ahora esos 10 doctores que eran cuando yo llegué, son más de 600 o 700". ¿Esa evolución fue análoga entre Brasil y la Argentina?

—No tengo estadísticas, pero me parece que sí. Cuando salí de Argentina había más doctores que en Brasil y ciertamente la astronomía en la Argentina era mucho más desarrollada, porque en aquella época tenía el telescopio más grande del hemisferio sur en Bosque Alegre.

—¿Hoy se igualó? ¿Usted siente que Brasil se igualó en ese sentido a la Argentina a lo largo de estos años?

—Sí, posiblemente porque hubo muchos recursos, sobre todo durante los dos gobiernos de Lula, y muchos incentivos a la investigación, muchas facilidades para conseguir becas para cursos. Se abrieron mucho las universidades y además uno como investigador tenía más posibilidades de conseguir dinero. Ahí entraron grandes proyectos, también en Argentina, como el Proyecto Gemini, dos telescopios gemelos, uno en el norte de Chile y otro Hawaii. También hubo otros así, de gran porte.

—En el 2008 Lula le entregó la orden de Comendadora del Orden Nacional de Mérito Científico que le otorgaron. ¿Cómo fue ese encuentro? ¿Qué opina sobre su gestión?

—En lo que vi en los años en los que viví aquí, el gobierno de Lula permitió la movilidad social. Se crearon 19 universidades, con muchas facilidades para que los alumnos de bajos recursos estudien en ellas. Se facilitó mucho la vida de las personas, en especial las de bajos recursos. Lo escuché hablar hace pocos días porque fue declarado nulo todo el proceso que le hicieron por corrupción, y es un estadista. Si bien no se formó en universidades ni tiene títulos, como Fernando Henrique Cardoso, un gran sociólogo, supo asimilar y rodearse de las personas adecuadas para cada tarea. En esa época, el Ministro de Ciencia y Tecnología era un miembro de la Academia de Ciencias, uno de los físicos más renombrados de Brasil, y una persona extraordinaria, muy accesible. Cualquiera podía llegar y hablar con él con propuestas, Bien diferente a lo que estamos viviendo ahora.

—¿Usted ve a Bolsonaro como una persona de las antítesis de la ciencia, del oscurantismo?

—Es una persona que fluctúa mucho, pero sí. Los que lo rodean manifestaron que la tierra es plana, son contras de las vacunas. Ahora cambió el discurso y dice que está a favor. Pero antes tomaba remedios que no fueron aprobados por médicos. La ciencia sufrió cortes terribles y la educación también. Su preocupación está más volcada en la parte económica.

—Usted mencionaba recién el crecimiento que hubo para la ciencia durante los gobiernos del PT. En el kirchnerismo hubo muchos científicos argentinos que volvieron desde otras partes del mundo. Usted recién mencionaba incluso cierta analogía en el tema de priorizar la ciencia cuando Lula era presidente en Brasil con el kirchnerismo en la Argentina. ¿En algún momento usted pensó en volver a la Argentina?

—En el año 83 cuando subió Alfonsín levantaron la Ley de Prescindibilidad y nos devolvieron los cargos. Cuando salí de la Argentina mi cargo era de Jefe de Trabajos Prácticos y en Brasil yo ya estaba como profesora titular. Entonces volví y dije: "Voy a esperar dos años más y si llaman a un cargo titular, yo me presento". Pero nunca llamaron. Después, mis hijos ya estaban aclimatados aquí y se tornó difícil. Es verdad que mucha gente en aquella época volvió, las circunstancias son diferentes. Debía dejar muchas cosas, mi casa, un cargo como titular, un grupo que vi crecer y formé e irme allá para ser jefe de trabajos prácticos de las personas que fueron mis alumnos. Ni comparar el currículum. Era difícil. Se pueden crear condiciones, pero tienen que ser las condiciones reales. Un gran investigador que esté en Estados Unidos no va a volver a la Argentina a ser jefe de prácticos, o a ningún lugar del mundo. Básicamente fue eso. Más adelante intenté volver como investigador del CONICET, pero no tuve mucha repercusión.

—Si usted compara el equivalente del CONICET de Brasil y de Argentina, ¿cuál podría ser el balance que hace entre los dos?

—Son similares. En un momento determinado disponía de más recursos, pero ahora está completamente limitado y con pocos recursos, posiblemente el CONICET esté mejor. De las agencias de investigación, la FAPESP, que es la Fundación de Amparo y de Pesquisa del Estado de San Pablo, es realmente poderosa porque tienen una Ley en el Estado por la que tienen que aplicar en ella 2% del Producto Bruto Interno del Estado. La investigación en San Pablo está mucho más adelante que en cualquier otro estado de Brasil.

—En la Academia de Platón se decía que nadie entra aquí sin saber geometría y se decía que los filósofos tenían que aprender primero mucha geometría antes de aprender filosofía. Usted misma contó que tuvo que hacer un esfuerzo particular para aprender matemática, que era su punto débil. ¿Cuánto hay de matemática en el estudio del universo y cuánto hay de filosofía?

—En la parte científica hay muchísimo en matemática, diría que casi todo es matemática y física, pero posiblemente hay influencia de la filosofía. Las personas que trabajan en el área de cosmología son matemáticos teóricos, físicos teóricos.

—Y cuando le pregunta a alguna persona que no sea astrónomo ni física qué había antes del Big Bang, ¿usted qué responde?

—Hay modelos matemáticos que explican hasta segundos antes del Big Bang, pero la respuesta mía es que la ciencia parte de un punto a partir del cual se puede explicar y puede decir cómo es. Sabemos que el Big Bang sucedió porque hubo una explosión. Uno ve que las galaxias se apartan unas de las otras. Si se vuelve para atrás en el tiempo, estuvieron todas juntas. Georges Lemaître, un sacerdote belga que también era físico matemático, inventó lo que se llama átomo primitivo. Es una historia bien interesante. Cuando presentó su teoría a los otros astrónomos y físicos, la presentó también a Einstein porque consiguió encontrar un término que podría explicar esa expansión del universo. Todo el medio científico pensó que él quería poner la imagen de Dios en ese punto inicial. Él dijo que era creyente y creía en Dios, pero que la religión y la fe eran una cosa y la ciencia es otra.

—¿El estudio de la astronomía la acercó, la alejó a una idea de Dios o aumentó o disminuyó su fe?

—Fue una oscilación. Yo era muy religiosa cuando era niña, iba para la iglesia, hice la primera comunión. Cuando empezó mi curiosidad por los astros, ver cómo era el sistema planetario, y demás teorías, surgieron dudas sobre la religión, sobre Dios y me transformé completamente en una atea. Pensé que estudiando astronomía podía demostrar que no existía Dios. Después me di cuenta de que no es así, son dos cosas completamente diferentes. Un individuo puede ser un gran científico y puede ser religioso. No hay una contradicción. A medida que va pasando el tiempo vuelven muchas cosas de mi infancia, mi educación, y hay momentos de la vida en que se necesita tener fe en alguna cosa. Un poco volví a tener fe en Dios, en la Virgen. Son cosas fluctuantes porque un individuo no siempre es la misma cosa. Justamente cuando el individuo curioso investiga un lado u otro, va por caminos que lo conducen a algún lugar.

—Usted dijo: "Hay vida en otros lugares del universo. Puedo decir que en el sistema planetario vida desarrollada no hay. En aquellos satélites donde hay agua, hay vida muy incipiente. En sistemas planetarios se habla de una zona de habitabilidad. La Tierra está en una, no puede estar lejos de su estrella, es un centro de su sistema el que le da calor y por lo tanto vida. Tampoco puede estar muy cerca. Hay regiones de habitabilidad pero eso no quiere decir que existan seres humanos como nosotros o en el estadio de la evolución nuestra. Puede estar mucho adelante o estar mucho atrás". ¿Cuál es su propia convicción de la existencia de vida inteligente en el universo?

—Creo que existe vida inteligente en el Universo. Nuestra galaxia tiene 10 mil millones de estrellas como el Sol, y se descubrieron cientos de planetas, muchos de ellos característicos de la zona de habitabilidad. Es casi imposible para un científico decir ahora que existe vida inteligente en determinado lugar. Todavía no llegamos a eso. En la medida en que algún elemento de vida comience a desarrollarse en un lugar, puede evolucionar y llegar a lo que somos, o quizás mejor. Perseverancia, esa sonda que mandaron a Marte, procura bacterias fosilizadas, porque como el planeta tiene agua, es probable que pueda haberse desarrollado vida incipiente y haber finalizado por algún hecho físico que no debemos descartar. Estamos en una fase de evolución del Hombre y somos muy inteligentes, pero, así como llegamos a ese desenvolvimiento de la Humanidad, también podemos autodestruirnos. Con cómo van los problemas ecológicos, del calentamiento de la Tierra, es una situación muy peligrosa, de la que no se dan cuenta qué puede significar, no sólo las personas comunes, si no los grandes gobernantes y dirigentes mundiales.

—¿Y cómo se explica usted misma que con la cantidad de soles y la cantidad de planetas que pueden estar en zonas que sean habitables para el desarrollo de vida inteligente, nunca hayamos tenido contacto o cree usted que lo hemos tenido y no hemos sido conscientes o no quedó registrado?

—La estrella más próxima de nosotros queda a cuatro años luz. Eso significa que deberíamos tener una nave que viaje con una velocidad 300.000 kilómetros por segundo para poder llegar hasta la estrella más próxima. Por ejemplo, esa nave que fue enviada hace 28/29 años que abandonó hace poco tiempo el sistema planetario, va a tardar miles de años todavía en llegar hasta la estrella más próxima y está viajando con la velocidad de 60.000 kilómetros por hora. No existe tecnológicamente la capacidad para abandonar el sistema planetario. Cómo comunicarnos es el punto. Ellos pueden enviar señales o nosotros estamos enviando señales también, pero hay que tener el equipo adecuado para poder detectarlas. Sería una gran coincidencia que estemos en una fase similar de la evolución, en que ambos podamos comunicarnos. Estamos mandando sondas espaciales a Marte y estamos dejando tantos residuos y trazos que si existen marcianos ahí, ya nos detectaron, ya vieron las sondas espaciales y todo lo demás. Cuando se habla de aquellas naves que llegan y se posan en la tierra, es mucha fantasía. Yo diría que no, puedo afirmar que hasta ahora no existe desde el punto de vista tecnológico capacidad para detectar otras civilizaciones similares a la nuestra en el espacio, porque podríamos detectar las señales de radio o luminosas.