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lunes 27 enero, 2020

Carlos Heller: "La sociedad no tiene del todo claro la gravedad de la situación del país"

En este tramo de la nota con Fontevecchia, el fundador del Credicoop se refirió a su relación con el peronismo y dio su visión acerca de la herencia que dejó el macrismo

PLAZO. “No es igual una deuda que vence en los próximos 180 días que una deuda que se distribuye en un tiempo más largo, luego de un período de gracia y que va a ser amortizada con recursos genuinos”. Foto: Néstor Grassi.
lunes 27 enero, 2020

El cooperativista y fundador del Banco Credicoop, Carlos Heller, le concedió una entrevista al Jorge Fontevecchia para el ciclo Periodismo Puro, que se emite por el canal de aire Net TV. En uno de los fragmentos, Heller criticó se refirió con dureza a la herencia que dejó Mauricio Macri. Además, habló sobre su relación con el peronismo.

—Naciste un 17 de octubre.

—Sí.

—Pero nunca fuiste peronista.

—Nací el 17 de octubre del 40, es decir antes del peronismo. Yo nunca fui peronista.

—¿Por qué?

—Nací en un hogar de izquierda. Mis padres, recuerdo y respeto, me formaron en estos valores que sigo manteniendo. Eran jóvenes llenos de ideales y soñaban con un mundo igualitario, inclusivo. Y tuvieron dificultades en aquellos primeros años del peronismo. Incluso, antes del peronismo, mi papá fue preso en el 43 por sus ideas.

—Una revolución que integraba Juan Perón.

—Claro. Fue preso. Lo llevaron a Paraná.

—Tu viejo era antiperonista.

—No. Mi viejo era un tipo bárbaro.

—Hay gente bárbara antiperonista.

—Me llega el recuerdo y me emociono un poquito. La primera imagen que yo tengo de mi papá es entrando a la comisaría de Paraná. Yo, en brazos de mi madre, saliendo de una operación que me habían hecho de una hernia. Luego de haber estado 15 días internado en el hospital veo a mi viejo, que lo trae un policía del brazo. Mi mamá me da a él y mi papá me agarra y me abraza. Esa es la primera imagen. La cuento con orgullo: mi papá estaba preso, pero por las ideas, por su manera de pensar. Hay situaciones en las que se está orgullosamente preso. Es el caso, por ejemplo, de Nelson Mandela.

—Llegás al peronismo por Néstor Kirchner.

—Sigo sin ser peronista. No llego al peronismo. Formé el Partido Solidario, que integra el Frente. En la carta fundacional del partido dice claramente que está fundado en los principios del cooperativismo y en la cooperación. Quienes nos sentimos cooperativistas entendemos que hay que llevar al terreno de la política esas ideas. Mi acercamiento se dio en el comienzo del kirchnerismo, al que veía con expectativa positiva, pero te diría que me fui convenciendo a medida de las cosas que fue haciendo.

—A un peronista clásico no te hubieras acercado.

—Seguramente. ¿Pero era Antonio Cafiero un peronista clásico? Yo tuve una excelente relación con él.

—En el mes de diciembre encontré 19 columnas tuyas publicadas en cuatro diarios: PERFIL, Ambito Financiero, Página/12 y Tiempo Argentino. Me dedico profesionalmente a esto y escribo mucho. Sin embargo, realicé ocho columnas y cuatro reportajes como este. Vos me superás.

—¿Tendría que escribir menos?

No, este año cumplís 80 años. ¿La receta está en la hiperactividad y en recibir tales respuestas?

—Las neuronas son como los músculos, se entrenan. Si no vas al gimnasio, tus músculos se ponen flácidos. Si dejás de hacer funcionar las neuronas, se achanchan. Está demostrado que la mejor ecuación se da cuando uno las hace funcionar, y con felicidad.

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—¿Influye el hecho de que estés casado en segundas nupcias con la que era tu secretaria hace más de cuarenta años y que sigue siéndolo?

—Son cuarenta años. Pareciera que sí. Te diría que ahí hay varias claves: en el trabajo, soy el presidente del banco y ella es mi secretaria. Pero en la vida ella tiene su vida y hace las cosas que le gustan y tiene la absoluta libertad de poder hacerlas. Eso también me permitió no estar sujeto a ciertos niveles de exigencia. Tenemos una relación construida a lo largo del tiempo compartido. Quiero ser muy cuidadoso en el uso de los términos: somos recíprocos en respetar la voluntad de las inclinaciones y lo que el otro quiere hacer. Mi mujer hace una cantidad de actividades cotidianas intensísimas. Se levanta más temprano que yo. Hoy el despertador en mi casa sonó a las 4.30. Va al gimnasio muy temprano.

—Fuiste diputado hasta 2017. Ahora volviste, ocupando el lugar que dejó Juan Cabandié. Tenés de jefe de bancada a Máximo Kirchner, que, como Juan, es mucho más joven, ¿cómo te llevás con esa diferencia de edad?

—Muy bien. No tengo problema. Trabajo rodeado de gente mucho más joven que yo.

—En el caso del kirchnerismo en particular, hay un salto generacional. Hablamos de personas menores de 40 años.

—Cuando empecé mi vínculo con Néstor Kirchner, y sobre todo cuando empezamos a tener un trato frecuente, me pidió un día que le diera una charla a un conjunto de jóvenes de una agrupación que se estaba formando.

—Que se llamaría La Cámpora.

—Que se llamaba La Cámpora. Estaban todos esos muchachos. Wado De Pedro, el "Cuervo" Andrés Larroque y Juan Cabandié, entre otros.

—Comenzaste siendo una suerte de tutor económico.

—No tanto. Néstor Kirchner me pidió que les diera una charla con mi visión de lo que pasaba, de las medidas que hacían falta. Lo hice con gran satisfacción. Así que quiero decirte que a todos, que eran mucho más jóvenes que ahora, los conozco desde hace mucho y tengo una buena relación desde entonces.

— Eran veinteañeros.

—Claro. Con muchos de ellos compartí banca en la gestión anterior. Tengo una excelente relación con Máximo Kirchner, con quien es muy fácil dialogar.

—¿Es muy distinto a la mamá?

—No me gusta hacer esas comparaciones. A mí no me resulta difícil dialogar con Cristina.

—¿La ves distinta a lo que era cuando era presidenta?

—Sí. Y tiene enorme claridad sobre que actualmente está en otro rol. Juega muy bien su rol actual. Una tarea que define muy bien Alberto Fernández cuando lo chucean. No hay que desaprovechar el conocimiento, experiencia, inteligencia de una persona como Cristina como vicepresidenta. Pero eso no quiere decir que él no sea el presidente y que tome todas las decisiones. Sería un desperdicio no usar esa inteligencia y experiencia.

—No ves posibilidad de conflicto en ese vínculo.

—Muchos ven lo que desean. Se mezclan las cosas. Para mí y para muchos, en el no conflicto está centrada una buena porción del esperable éxito de esta gestión. Todos los gestos que hemos visto hasta aquí indican que hay conciencia del equilibrio y de los roles. Pero también quiero aclarar que no sería dramático que en alguna cuestión Alberto y Cristina no coincidieran y tuvieran una diferencia. El valor es poder encauzar las diferencias y que no se conviertan en rupturas. Porque si no caemos en cierto maniqueísmo. Si decís todo que sí, es el escribano, el Congreso se transforma en la escribanía del Ejecutivo. Si cuestionás sos opositor, estarías en disidencia. Nunca me asustó debatir, nunca me molestó. El problema no son las discrepancias, sino cómo se resuelven las diferencias. Soy optimista respecto del futuro.

—¿Hay algo que no te haya preguntado y quieras agregar?

—Me preguntaste todo lo que tenías ganas pero agregaría un concepto: la sociedad argentina no tiene suficientemente clara la gravedad de la situación del país. La conjunción de los datos de deuda, el déficit fiscal, el desempleo, la caída del producto bruto, la destrucción de empresas nacionales, el deterioro de los institutos de ciencia y tecnología, el castigo a las economías regionales, el deterioro de los sistemas de salud, de educación, es de una enorme magnitud. Va a exigir un gran esfuerzo y una muy buena gestión pero habría que pedirle al pueblo argentino, a la ciudadanía, que no se olvide rápidamente del punto de partida, que es verdaderamente dramático. Es grave. La situación de la Argentina que dejó el gobierno de (Mauricio) Macri es como dijo el otro día Martín Guzmán, un desastre.


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