Los chicos que juegan a la pelota en el Arijón, un club barrial ubicado al sur de la ciudad de Rosario, miraban con entusiasmo cómo un pelotón de soldados bajaban de un camión del Ejército con picos, palas, baldes y escobas. Los uniformados, al mando del teniente coronel Lisandro López Meyer, llegaban para hacer “refacciones edilicias”.
Días después, acompañado por un séquito de funcionarios, periodistas y fotógrafos, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, llegó al lugar para supervisar las obras. Hubo fotos, pelotas y las protocolares palabras de agradecimiento que, en este caso, partieron de la boca del presidente del Club Arijón, Carlos López.
“En todos los lugares en los que se requiera algún tipo de acción de apoyo a la comunidad, estarán presentes las Fuerzas Armadas”. La frase no corresponde a un slogan de reclutamiento. Las utilizó Rossi durante su incursión por el Club Arijón.
Vestidos con uniforme de combate, pero sin armamento y con cascos de obreros, los militares del Batallón de Ingenieros Zapadores de Santo Tomé aplaudieron con rigor castrense cuando el presidente del Arijón le entregó al ministro una placa recordatoria por la patriada en la construcción de vestuarios y el arreglo de los baños. El ministro aspira a que en la Rosada lo tengan en cuenta como un potable candidato presidencial. La imagen del Ejército realizando tareas de albañilería, despejando escombros, recolectando basura y hasta organizando picaditos, parece ser una estrategia de campaña electoral. En Defensa lo niegan.
Mientras tanto, el juez federal Luis Rodríguez tiene en su despacho una denuncia sobre el rol del Ejército en tareas comunitarias. Esta semana, el fiscal federal Federico Delgado le pidió al magistrado que solicite al Ministerio de Defensa información sobre las actividades que quedaron bajo la lupa.
El abogado que radicó la denuncia, José Lucas Magioncalda, nunca asistió a un picadito del club Arijón.