POLITICA
Tras el acto sindical

El “enemigo perfecto” y el futuro de la relación Macri - CGT

Si se concreta el llamado a un paro general, el gobierno tendrá al sindicalismo como enemigo ideal para la campaña de cara a las elecciones de octubre.

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Juan Carlos Schmid habló durante el acto en la Plaza de Mayo | DyN

El enemigo perfecto. Así definían en los despachos oficiales a la movilización que encaró hoy la CGT con sus aliados, organizaciones sociales y partidos de izquierda. La primera lectura que se realizaba tanto en Casa Rosada como cerca del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, es que la pelea entre manifestantes así como los cortes de calle terminarán siendo funcionales al Gobierno.

En este marco, desde el oficialismo adelantaron a PERFIL que endurecerán el discurso contra los gremialistas, que plantearon un “plan de lucha” que podría incluir un paro general. “La foto de Pablo Moyano con zapatillas blancas importadas y todo el kirchnerismo apoyándolo fue elocuente”, decía -con sorna- uno de los funcionarios de la cartera laboral. Así como María Eugenia Vidal había elegido a Roberto Baradel, el sindicalista docente, el presidente, Mauricio Macri, podría cosechar poniéndose en la vereda de enfrente de la CGT.

En el macrismo remarcaban, además, las ausencias en el palco. Dos de los sindicalistas vinculados al crecimiento de la obra pública y la construcción (Jose Luis Lingeri, de obras sanitarias, y Gerardo Martínez, de la construcción), sumado a Armando Cavalieri (Comercio, con buena capacidad de movilización) y dos gremios clave ante cualquier medida de fuerza: transporte, con Omar Maturano (La Fraternidad, maquinistas de trenes) y Roberto “El gallego” Fernández (UTA, micros de corta y larga distancia). Uno de ellos intercambió mensajes con Triaca durante el acto. Y no para apoyar a la central obrera precisamente.

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Premeditado, Triaca vio parte de la movilización con los gremios de las 62 Organizaciones, capitaneado por Ramón Ayala, el reemplazante del fallecido Momo Venegas en la Uatre. Todo un mensaje al interior del sindicalismo.

Otro dato animaba a las usinas oficiales: varios funcionarios aseguraban que siete de cada diez de los movilizados eran parte de las dos organizaciones sociales que se sumaron al reclamo de la CGT, la CCC y Barrios de Pie.

Como sea, hoy el sindicalismo pasa por un momento de desconcierto político. Por un lado, ante la crisis al interior del PJ por falta de liderazgo y malos resultados en las PASO. Por otro, porque, a diferencias de otras elecciones, la representación de los gremios en las listas fue muy escasos. En Cambiemos hubo lugar para la Uatre, pero en las distintas facciones peronismo casi no hubo lugar. Cristina Kirchner privilegió a la CTA de Hugo Yasky (con él mismo); Florencio Randazzo le dio un lugar a Smata mientras que Sergio Massa jugó con Luis Barrionuevo, quien volvió a elegir el silencio ante este panorama. Los problemas de construcción política hicieron, además, que el hoy único orador, Juan Carlos Schmidt, fracase en su intención de ser candidato en Santa Fe.

Así las cosas, en el Gobierno esperan lanzar la reforma laboral – con un intento para modificar el componente de aportes y contribuciones que van a las obras sociales -para después de octubre para que no se interponga en las elecciones. Pero, de darse un llamado al paro en la reunión del 25 de septiembre que anunció hoy Schmidt, la batalla Gobierno-CGT se llevará parte de la campaña. Ahí se sabrá si el endurecimiento de la central obrera, con sus aliados, los benefició o no.