Una encuesta muestra que la imagen del presidente Javier Milei se mantiene en niveles críticos: 55,6% de imagen negativa, frente a un 36,1% positiva y un 6,8% regular . Se trata de una relación desfavorable que, más allá de su base de apoyo, evidencia un desgaste significativo en la percepción pública.
El panorama se repite, con matices, en otros dirigentes relevantes. La ministra Patricia Bullrich presenta una imagen negativa del 51,9%, mientras que Mauricio Macri replica prácticamente los mismos valores que Milei: 55,6% de negativa y 36,1% de positiva .

En el oficialismo ampliado, la figura de Victoria Villarruel alcanza un 54,3% de rechazo, mientras que el gobernador bonaerense Axel Kicillof registra un 55,2% de imagen negativa .
El caso más extremo es el de Cristina Fernández de Kirchner, cuya imagen negativa asciende al 60,1%, con apenas un 25,6% positiva, consolidando un piso alto de rechazo que sigue estructurando la grieta política .
El mapa de imágenes revela una constante: ningún dirigente logra hoy romper el techo del rechazo. La política argentina aparece atrapada en una lógica de alta negatividad, donde incluso los liderazgos con núcleo duro consolidado enfrentan dificultades para ampliar consensos. Milei, en ese marco, no es una excepción sino parte de una tendencia más amplia de desgaste sistémico.
¿Cuál fue el gobierno más corrupto desde 1983?
Ante la consulta sobre el gobierno más corrupto desde el retorno democrático, la opinión pública construye un ranking contundente. El primer lugar lo ocupa la gestión de Cristina Fernández de Kirchner con 44,4%, seguida por el actual gobierno de Javier Milei con 31,3% .
Más atrás aparecen Carlos Menem (8,4%), Mauricio Macri (5,7%) y Néstor Kirchner (3,6%) . El resto de los gobiernos obtiene

menciones marginales.
El dato más relevante no es solo quién encabeza la lista, sino la posición del gobierno actual. Que casi un tercio de los encuestados identifique a la gestión en curso como la más corrupta sugiere un deterioro acelerado de expectativas. La percepción de corrupción, históricamente asociada a administraciones pasadas, comienza a proyectarse también sobre el presente, erosionando uno de los activos discursivos centrales del oficialismo.
El escándalo de Manuel Adorni
El episodio protagonizado por el vocero presidencial Manuel Adorni deja ver cómo impactan los hechos puntuales en la opinión pública. Ante la pregunta sobre qué fue lo más molesto del caso, el 39,3% señaló el uso de recursos públicos, seguido por 33,9% que apuntó a la contradicción política .

Muy por detrás quedaron la cobertura mediática (17,3%) y quienes afirmaron no haberse sentido molestos (7,8%) .
El cruce de datos con la imagen de Milei aporta otra dimensión: entre quienes tienen una visión negativa del presidente, la crítica se concentra fuertemente en el uso de recursos públicos (59,8%), mientras que entre sus votantes o quienes tienen imagen positiva, el foco se desplaza hacia la cobertura de los medios .
El caso Adorni funciona como un prisma de la polarización. No solo divide opiniones sobre el hecho en sí, sino que también confirma un patrón: la interpretación de los escándalos está mediada por la identidad política previa. Sin embargo, el peso que adquiere la crítica por el uso de recursos públicos sugiere que hay ciertos valores —como la transparencia— que atraviesan incluso a los propios.
El relevamiento fue realizado por Giacobbe & Asociados entre el 26 y el 31 de marzo de 2026, sobre una muestra de 2.500 casos a nivel nacional, con un margen de error de ±2%, mediante encuestas a dispositivos móviles y un muestreo ajustado por cuotas de género, edad, nivel educativo, ingresos y región .
La encuesta configura una fotografía compleja: liderazgos con altos niveles de rechazo, una memoria persistente de la corrupción como eje estructurante del juicio político y una coyuntura donde los episodios puntuales, como el caso Adorni, amplifican tensiones preexistentes. En ese contexto, el principal desafío para el sistema político no parece ser solo mejorar la imagen, sino reconstruir credibilidad.
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