sábado 25 de septiembre de 2021
POLITICA ELECCIONES 2015
23-11-2015 04:31
23-11-2015 04:31

Ganó Macri, perdió Scioli, ganó el kirchnerismo

El triunfo estrecho del PRO le deja un panorama político complicado en 2016. Qué puede pasar en el PJ. Ganadores y perdedores.

23-11-2015 04:31

Mauricio Macri ganó la segunda vuelta y el último capítulo de ese largo año de ocho meses que fueron las elecciones 2015. La diferencia es estrecha, pero inapelable: poco más de 700.000 votos en todo el país, con 99,08 por ciento de las mesas escrutadas. Menos de tres puntos. Dos pancitos.

Toda lista es arbitraria. Hablar de ganadores y perdedores con los números puestos puede ser injusto. Y escribir con el diario del lunes es fácil. Por eso lo hacemos. A continuación, un breve punteo sobre ganadores y perdedores de esta elección.

Perdió Scioli. Con una diferencia tan estrecha, hay tanta responsabilidad del segundo lugar como del primero. Scioli se preparó toda su vida, como él mismo decía, para ser candidato a presidente. Un candidato que el kirchnerismo nunca quiso del todo como propio. Una campaña como la suya sólo se podía abordar con un liderazgo centralizado, con segundas líneas disciplinadas, como fue la de Cambiemos. Pero todo lo que Scioli construía, el kirchnerismo lo deshacía. No pasaron 48 horas sin que alguien en el espacio oficialista, desde Cristina hasta el último militante, le pusiera un palo en la rueda. No pudo despegarse del todo de la presidenta. Como decíamos acá, tampoco supo aprovechar el debate. Los 12 millones de votos a favor probablemente no le alcancen para posicionarse en la renovación justicialista, porque no mantiene un cargo ejecutivo ni legislativo. Y la historia argentina es injusta con los perdedores de elecciones presidenciales. Su destino es incierto. Una lástima.

Empató Massa. Pasó de ser el posible ganador (allá lejos, en diciembre de 2014); a no llegar, según los pronósticos, siquiera a las PASO; y de ahí a convertirse en el gran elector del balotaje. Con 43 años, encabezó una campaña original y fértil en propuestas, que Macri y Scioli tuvieron que imitar. Perdió, pero los más de cinco millones de votos que sacó en primera vuelta lo posicionan como el líder ideal para encarar la renovación del peronismo. Renovación que será el resultado inevitable de la derrota, como en 1985 y en 1999. Habrá que esperar para ver si puede comandar esa misión desde una banca de diputado que vence en 2017, con poco respaldo territorial, en un Congreso balcanizado entre el PRO y el Frente Para la Victoria.

Ganó Durán Barba. Lo negaron mil veces: cuando rechazó el acuerdo de Macri con Massa, cuando no ofreció la vicepresidencia al radicalismo, cuando instauró a María Eugenial Vidal como candidata a gobernadora, y cuando respaldó a Rodríguez Larreta en la interna con Gabriela Michetti. Y en todas tuvo razón. Mantuvo la visión de que terminaría por imponerse el eje "cambio" contra "continuidad". Acertó hasta los "cisnes negros". Y le dio a Macri un triunfo que no le debe a nadie. Puede colgar otra copa en su vidriera.

Ganó Macri. Si parte de la elección la perdió Scioli y otra parte la ganó Durán Barba, ¿cuál fue el mérito de Macri? Mantener una candidatura sólida, sin fisuras. Siempre buen seleccionador de "equipos", como a él mismo le gusta definirse, supo comandar su tropa. La campaña de Cambiemos fue mucho mejor que la del Frente Para la Victoria. Su tropa estuvo mucho más ordenada. Después del escándalo de Fernando Niembro, no sufrió ningún traspié. Gracias, en parte, a la protección de ciertos medios, no le entró ninguna bala de septiembre en adelante. Carismático, a veces algo torpe, a veces antihéroico. Macri no llega con la legitimidad segmentada de Néstor Kirchner y su 22% de los votos de 2003. Pero el balotaje ajustado tampoco le concede un cheque en blanco como el 54% de Cristina en 2011. Como señala la politóloga María Esperanza Casullo, llega al poder debiéndole favores a la menor cantidad de aliados posibles. Tiene a su favor que su fuerza gobierna la provincia de Buenos Aires y la ciudad, hecho inédito en los últimos 30 años de democracia. En contra: 12 gobernadores del PJ y las dos cámaras legislativas divididas. Le llegó la hora de hacer política. Veremos si puede.

Ganó la democracia. Es cursi y un lugar común señalarlo, sí, ¿y qué? 32 años consecutivos de democracia, sólo puestos en jaque por la crisis de 2001. Seis presidentes distintos (sin contar los interinatos de Rodríguez Sáa - Puerta - Camaño) de dos (y ahora tres) partidos distintos. Una racha que no se repetía desde hace 85 años. La democracia goza de buena salud. Brindemos por ella.

Perdieron el periodismo y las encuestadoras. Las consultoras fueron los chivos expiatorios de todas las elecciones del año. No se aproximaron a ningún resultado crucial. Las encuestas, uno de los materiales con los que debe trabajar el periodismo, fueron, simplemente, malas. Se impone una auditoría necesaria para las consultoras en los próximos dos años. Los medios no siempre supieron diferenciar las proyecciones de sus propios deseos. También urge una revisión.

Ganó el kirchnerismo. Sí, eso dije. Resulta difícil no considerar exitoso a una fuerza que logró gobernar durante 12 años seguidos. Más todavía en Argentina. Lo único que no pudo vencer Cristina es el tiempo: terminados sus dos mandatos, se va a su casa. Parte del kirchnerismo probablemente se diluya en la renovación del PJ. Pero eso no les quita méritos: el Frente Para la Victoria queda consolidado como primera minoría y en boxes para encabezar la oposición. Pero la herencia del kirchnerismo es otra. Néstor Kirchner asumió con legitimidad segmentada, con todos los poderes fácticos en contra y sin legisladores propios. En cuatro años demostró que, en un país presidencialista, todo resorte democrático se puede explotar si se sintoniza la voluntad popular. Cuando asumió, ningún presidente sobrevivía cuatro tapas de Clarín en contra, y La Nación le auguraba un gobierno de un año. Hoy, Ley de Medios mediante, esos son viejos mitos. El kirchnerismo deja un manual de cómo se puede ejercer el poder, más allá de algún exceso, con votos a favor y en contra, con legitimidad de origen o sin ella, con o sin legisladores. Mauricio Macri ya debe haber tomado nota.

(*) Editor de Perfil.com. Twitter: @elfaco.

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