Por más que mediáticamente los gobernadores kirchneristas se vienen mostrando alineados con el Gobierno en la disputa que se desató en torno a la coparticipación del impuesto al cheque, mañana Cristina Fernández de Kirchner se encontrará con más presiones que sumisiones. Los mandatarios provinciales le reclamarán a la Presidenta la necesidad de conseguir más fondos, como contraprestación de su rechazo al proyecto de la oposición.
Las cuentas de la mayoría de las provincias están asfixiando a los gobernadores, que ven un bálsamo en el proyecto opositor de coparticipar la totalidad de lo recaudado por el impuesto al cheque. Sin embargo, la postura del Gobierno de anticipar que de aprobarse el proyecto las provincias recibirían menos fondos de otros programas los puso en un brete.
Así se vieron obligados a salir a respaldar al Ejecutivo. No obstante, no cederán en su reclamo por más dinero y pretenden recibir alguna compensación a cambio de seguir rechazando la iniciativa. Además, los gobernadores saben que la propuesta lanzada hace dos semanas por Néstor Kirchner para consensuar una nueva ley de coparticipación está lejos de poder llevarse a la práctica. Ni la Nación ni las provincias parecen dispuestas a ceder parte de los fondos que hoy reciben. El Gobierno, sin embargo, no quiere dar el brazo a torcer y, según reconocieron sus ministros, la Presidenta no tiene previsto resignar más recursos a mano de los gobiernos provinciales. “La puja por la coparticipación del impuesto al cheque la plantearon los medios. La reunión fue convocada para plantear el debate, pero no para negociar. Se va a discutir cómo se distribuyen los recursos”, explicaron cerca del ministro del Interior, Florencio Randazzo.
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