Diez minutos en el despacho de Luis Barrionuevo y tres llamadas telefónicas bastan para dibujar al incorregible jefe de los gastrónomicos, el titular de la CGT disidente, el hombre que llevó a Hugo Moyano al poder y ahora lo paga con creces.
“Bandeja”, como lo bautizaron los mozos de su gremio, devuelve varios llamados para hablar de política en el fútbol, de sindicalismo, de economía y de política, otra vez. Rompe el hielo: “Traeme una coca contaminada para periodistas”, pide en voz alta al mozo.
—¿Va a volver a la CGT?
—No. Después de la derrota, nos invitaron a volver, pero no podemos. Acá el que pierde paga. La CGT debe regularizarse. Discutamos en un congreso la estrategia y una nueva conducción. Nos fuimos porque era una CGT oficialista, adicta y entregada al Gobierno. Este Gobierno desaprovechó lo que Duhalde le dejó, convirtió la ANSES en un banco para los amigos. Con los subsidios, Ricardo Jaime pasó de la pobreza absoluta a millonario, producto de una asociación ilícita que encabeza Néstor Kirchner.
—El kirchnerismo es denunciado por corrupción, pero no tanto como el menemismo.
— Los hechos de corrupción del menemismo deben ser el 10 por ciento comparado con los que ya lleva este Gobierno. Rudy Ulloa, Lázaro Báez, Cristóbal López. Los amigos-socios de Kirchner manejan la obra pública, los bancos, el juego, el traslado de electricidad, flotas de aviones. Ningún presidente tuvo tanto poder en tan poco tiempo como Kirchner.
—¿Se sentaría en una mesa de diálogo con el Gobierno?
—No, a cien kilómetros. No les creo. Nunca hubo piel con los Kirchner. Ninguno de los que están en el Gobierno, y lo digo con humildad, tiene la envergadura o la trayectoria como para sentarse conmigo.
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