Aunque lo niega constantemente, y más allá de haber sido un obediente funcionario menemista, Felipe Solá no puede evitar mostrar que algunos vicios del ex presidente Carlos Menem se le pegaron. Uno y otro, tal cual Carlos Rovira, lograron o intentaron flexibilizar la Constitución Nacional para elevarse a un pseudo estatus de monarca autohereditario.
Pero en tierras de Solá esto no es algo nuevo. Tanto en los rumbos más "paquetes" como en las zonas más pobres de la provincia, los intendentes piensan que ellos son los mejores para solucionar los problemas de las comunas. Y para eso necesitan muchos, pero muchos, años.
Así funciona la política de todos los colores ideológicos, por ejemplo, en la próspera localidad de San Isidro. Allí durante 28 años gobernó una sola familia: los Posse. De vieja militancia radical, Melchor Posse llegó a dirigir su "pago chico" en 1958. Pero ejercería ese cargo cuatro veces más, con el retorno democrático, consecutivamente desde 1983.
En 2004, un 16 de enero, murió de una neumonía a los 71 años en el Hospital de su San Isidro. Pero rápidamente, Gustavo, su hijo y abogado especializado en derecho civil, tomó la posta. En 1999 fue candidato por el Frente por San Isidro y resultó electo como intendente municipal de San Isidro, cargo que asumió el 10 de diciembre de ese año.
Pero, en el camino, quedaron cosas por hacer. Por eso, en septiembre de 2003, como candidato por Acción Vecinal San Isidro fue reelecto para ejercer la intendencia durante el período 2003-2007.
Sólo a unas estaciones de tren de distancia, el partido de Vicente López también está dirigido por otro "monarca" radical. Enrique "el japonés" García llegó a ser intendente en 1987. Pero logró ser reelecto en 1991, 1995, 1999 y 2003. Todos esos años en el poder no le alcanzaron, por lo que no decarta volver a presentarse en 2007 acompañando la gestión de Néstor Kirchner.
La corte peronista. El caso de de Rovira en Misiones y el de Solá en la provincia de Buenos Aires revela que ésta no es una artimaña radical. Por eso, no suena extraño que muchos intendentes bonaerenses peronistas quieran pasar muchos años apoltronados a sus sillas ejecutivas.
Es el caso del actual intendente de Ezeiza, Alejandro Granados, que aunque tiene el aeropuerto cerca parece no querer despegarse de su función. El maestro asador del menemismo, hoy ferviente kirchnerista, conduce desde 1995 los destinos de los habitantes de esa localidad.
Granados está viciado, además, de otra característica monárquica: el nepotismo. Su mujer fue postulante a diputada provincial por el Frente para la Victoria mientras que su hermana encabezaba la nómina de concejales.
El ex menemista se perfila a continuar como intendente. Con 20.000 votos en 2005, una amplia mayoría en el Concejo Deliberante y un acercamiento al kirchnerismo, parece que le será fácil alcanzar su cuarto mandato.
"Se quiere morir en la Municipalidad", sostuvo a perfil.com una fuente opositora al récordman en perpetuidad en un cargo y actual intendente de Lanús, Manuel Quindimil. El viejo político (un peronista biológico) lleva 33 años en el cargo, que ocupó por primera vez en 1973. Tras idas y venidas, después de la vuelta a la democracia, la silla de intendente en Lanús sólo ha llevado su nombre.
"Cuando alguien asoma, negocia y le ofrece algo", afirmó la fuente que precisó que Quindimil basa su poder en su "impresionante aparato" y en su "fuerte asistencialismo social directo". El rey de Lanús estuvo al lado de todos los presidentes pero se quedó fuertemente ligado al duhaldismo, hasta que la caída del ex presidente lo acercó a un poco confiable Néstor Kirchner, al que privadamente llama "zurdito".
Rovira cayó. Pero el gobernador misionero es sólo un peón entre reyes que creen en su superioridad divina y en su interminable capacidad para acumular poder.