La disputa interna dentro del peronismo se mantiene al rojo vivo y sumó un capítulo de alta intensidad en las últimas horas, sin tregua por el verano. El intendente de General Villegas, Gilberto Alegre, quien hoy se alinea políticamente con el gobernador Axel Kicillof, rompió el silencio con una dura crítica hacia Cristina Kirchner. En una entrevista radial, el jefe comunal marcó una diferencia tajante al afirmar que el kirchnerismo no representa al peronismo, sino que se trata de “un socialismo del siglo XXI” que se alejó de las bases históricas del movimiento.
Alegre fue todavía más allá en sus declaraciones y apuntó directamente contra la figura de la ex mandataria. Sin vueltas, el funcionario señaló en diálogo con Radio Actualidad que para él, ella es una delincuente condenada por delitos comunes, una frase que generó un fuerte impacto entre los propios. Estas palabras exponen la profundidad de la fractura política que atraviesa al espacio, donde las diferencias ya no son solo de estrategia electoral, sino de ideología y liderazgo.

La respuesta desde el sector más fiel al kirchnerismo no tardó en llegar. Pablo Zurro, intendente de Pehuajó, salió al cruce de las críticas y habló de la existencia de "traidores y cagones" dentro de la estructura partidaria. Para el dirigente, las peleas internas deben quedar en un segundo plano, ya que la prioridad absoluta es trabajar para que el gobierno nacional actual termine su mandato y lograr que Cristina recupere su libertad plena frente a las causas judiciales que enfrenta.
El conflicto escaló a nivel federal con la intervención de los mandatarios provinciales. El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, se reunió con sus pares de Catamarca y Tucumán para unificar una postura contra el manejo de La Cámpora. Sáenz manifestó el cansancio de los gobernadores ante el “autoritarismo” en la toma de decisiones y se quejó de que las candidaturas se digiten a dedo desde Buenos Aires, sin respetar las realidades locales de cada provincia.
En un mensaje cargado de ironía y dureza política, el mandatario salteño se dirigió directamente a Fernández de Kirchner. En esta línea, expresó que el Partido Justicialista no es una PYME familiar para que la administren ella y su hijo Máximo según su conveniencia. Sáenz cerró su discurso con un pedido concreto: le solicitó que siga bailando tranquila en su balcón, pero que devuelva los partidos intervenidos en Jujuy, Misiones y Salta a sus legítimas autoridades.
El debate sobre el modelo de partido
En medio de este fuego cruzado, la funcionaria bonaerense Florencia Saintout decidió levantar el perfil para defender la conducción actual. Saintout reivindicó el rol de Máximo Kirchner, aseguró que honra el apellido que porta y destacó su trabajo permanente en la búsqueda de acuerdos. Según su visión, existe una “estigmatización injusta” sobre su figura que busca debilitar la unidad del espacio político.
La dirigente también apuntó contra los sectores internos a los que calificó como conservadores. Planteó que a una parte del peronismo le resulta cómoda la situación judicial de la ex presidenta y advirtió sobre el riesgo de convertir al partido en una fuerza dócil ante el poder real. La discusión de fondo, explicó, es si el justicialismo será una herramienta de transformación o si terminará siendo una mascota del poder económico y mediático.
Finalmente, Saintout insistió en que no se puede naturalizar la ausencia de Cristina Kirchner en el debate político de cara al 2027. Remarcó que la discusión no debe centrarse solo en los nombres propios, sino en el proyecto de país que se quiere construir. Para el sector que ella representa, recuperar una identidad clara y de confrontación es la única vía posible para enfrentar el escenario actual.
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