Daniel Sfeir, marido y viudo de la maestra Silvia Prigent, deberá seguir tras las rejas acusado del homicidio agravado de su esposa. El juez de Garantías de San Isidro Ricardo Costa le dictó prisión preventiva a pedido del fiscal de Tigre Cosme Iribarren y de los familiares de la maestra.
Sfeir fue detenido desde el 13 de enero y permanece alojado en la sede de la DDI de San Isidro. Ahora se dispuso su traslado a una unidad dependiente del Servicio Penitenciario Bonaerense, informó la agencia DyN.
El abogado defensor Rubén Jones aún no había sido notificado de esta resolución y planeaba los futuros pasos a seguir con vistas a solicitar una morigeración de la pena con un arresto domiciliario, según dijo a DyN.
La expectativa está centrada sobre el rumbo que tomará la investigación por la desaparición inicial y posterior muerte de la docente. Según los investigadores, en el crimen habrían actuado tres personas, y apuntan a la supuesta amante del empresario.
Por el momento están presos Sfeir y Jorge Ramón Bini, un empleado informal del empresario de la basura que fue filmado en el momento en el que fue a vender el teléfono celular de Prigent a una galería comercial. Bini concurrió a un locutorio de Zárate desde el cual habría llamado a la hermana de la víctima para indicarle dónde se encontraba el cadáver, cuando buscaban a la maestra que estaba desaparecida.
La familia de la maestra reclama la detención de María Cristina Soria, la mujer que trabaja en una fiambrería de San Fernando y habría tenido una relación sentimental con Sfeir. Su vivienda estaba muy cerca del límite con Dique Luján, a cuadras del lugar en el que encontraron el cadáver de Prigent.
El teléfono celular de Sfeir se activó en esa zona la noche del 29 de diciembre pasado, día en que desapareció la maestra, pero en su indagatoria el viudo aseguró que había estado con esa mujer y habían cambiado de autos por un problema mecánico que tenía el vehículo de ella.
Para los investigadores, sin embargo, las imágenes que muestran al viudo cambiando de vehiculo y las llamadas son una prueba contundente de su supuesta coautoría en el homicidio. Sobre todo teniendo en cuenta que el viudo dijo que el día en que su esposa desapareció estaba en su casa durmiendo.