La tenista australiana Destanee Aiava sacudió el circuito con un anuncio de retiro cargado de insultos, acusaciones y verdades incómodas. A través de una carta sin filtros, describió su vínculo con el tenis como el de un "novio tóxico" y decidió cortar la relación de forma definitiva. Su despedida no buscó el aplauso protocolar, sino que apuntó directamente contra una estructura que, según sus palabras, la dañó profundamente durante años de competencia.
El comunicado incluyó un mensaje frontal para quienes integran el mundo deportivo. "Quiero mandarles un enorme 'fuck you' a todos los miembros de la comunidad del tenis que alguna vez me han hecho sentir menos", disparó la jugadora en uno de los pasajes más crudos del texto. Con esta declaración, la joven deportista de 25 años visibilizó un desgaste emocional acumulado que excedió lo estrictamente deportivo, señalando un malestar que la acompañó en cada torneo.

Detrás de la competencia y "un deporte que se esconde detrás de 'valores de clase y caballerosidad'", la jugadora denunció la existencia de "racismo, misoginia, homofobia y hostilidad". La joven de origen samoano marcó que el escenario profesional no fue diseñado para personas con sus raíces y que ser parte de una minoría la expuso a una violencia constante. Para ella, el sistema protegió tradiciones obsoletas que no permitieron la inclusión real.
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El hostigamiento no provino sólo desde adentro, sino también desde el exterior. Aiava mencionó el acoso sistemático de apostadores y usuarios en redes sociales, quienes le enviaron amenazas de odio y de muerte. Los comentarios constantes sobre su desempeño y su cuerpo afectaron su autoestima y alteraron de manera irreversible su relación con el deporte, convirtiendo la competencia en un espacio de inseguridad y maltrato verbal.

A pesar de haber sido la primera jugadora nacida en el año 2000 en disputar un Grand Slam, la australiana reconoció que el éxito le llegó antes de estar preparada. Con 24 títulos ITF y un ranking que la ubicó entre las 150 mejores del mundo, admitió haber sido "peligrosamente ingenua" al confiar en las personas equivocadas cuando apenas tenía 17 años. Los logros en la cancha no lograron compensar lo que ella definió como un ambiente hostil y agotador.
En su balance final, Aiava enumeró las huellas que dejó el circuito en su salud, su familia y su imagen de sí misma. Al soltar la raqueta, la joven buscó recuperar su identidad fuera del tenis, cerrando un capítulo donde muchas veces siguió jugando solo por un sentimiento de deuda con quienes la ayudaron en su carrera profesional.
"La vida no está hecha para vivirla con miseria ni a medias. Mi objetivo final es poder despertar cada día y decir sinceramente que amo lo que hago, y creo que todos merecen la oportunidad. Tengo 25 años, cumplo 26 este año, y me siento muy atrasada, como si estuviera empezando desde cero. También tengo miedo. Pero eso es mejor que vivir una vida desorientada, o estar rodeado de constantes comparaciones y perderse a uno mismo", reflexionó la deportista.
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Identidad, raíces y el peso de las expectativas
En su mensaje de despedida, la tenista dedicó palabras de orgullo a la comunidad de las Islas del Pacífico, especialmente a Samoa. Aseguró que su intención fue abrir caminos para las nuevas generaciones que, como ella, “no se ven representadas en los estandartes tradicionales del deporte”. Para Aiava, competir en un escenario que le resultó ajeno fue una forma de resistencia que hoy decidió terminar para priorizar su bienestar emocional y su salud mental por encima de cualquier premio o reconocimiento.
La carta también expuso el peso de las expectativas externas que la obligaron a mantenerse en el circuito. En esta línea, confesó que durante mucho tiempo no supo quién era fuera de la cancha y que el tenis impactó de forma negativa en su entorno familiar. Esta falta de identidad propia la llevó a perseguir metas que ni siquiera eran suyas, intentando volver a un lugar de privilegio que, en la práctica, le generaba angustia y un vacío personal difícil de llenar.
Hasta el momento, el silencio de la Women’s Tennis Associaction (WTA) y la International Tennis Federation (ITF) ante estas acusaciones generó una nueva ola de críticas sobre el cuidado de los atletas. El testimonio de Aiava reavivó el debate global sobre el poco cuidado hacia los jugadores frente al acoso de los apostadores y la discriminación. Con este retiro, la australiana no solo se alejó de la competencia, sino que dejó un interrogante abierto sobre las reformas necesarias para que el tenis deje de ser un espacio de privilegio que expulsa a las minorías.
TC/ML