La condesa Eloísa de Orange‑Nassau comenzó 2026 con un anuncio que marca un punto de inflexión en su vida personal y profesional: pasará un mes en Australia para reflexionar sobre su futuro y redefinir el impacto que quiere generar como creadora de contenido.
La joven de 23 años, hija del príncipe Constantino de los Países Bajos y de la princesa Laurentien, comunicó la noticia a través de sus redes sociales, donde reúne a cientos de miles de seguidores que la conocen como la “gravinfluencer”, una figura que combina su título nobiliario con una presencia activa y cercana en el mundo digital.

En su mensaje, Eloísa expresó que este viaje representa “tiempo y espacio” para detenerse, observar y pensar con mayor claridad. Lejos de la rutina y de los compromisos habituales, busca explorar intereses, aprender y crecer, tanto a nivel personal como creativo.
Aunque aseguró sentirse satisfecha con el momento que atraviesa, también reconoció una curiosidad profunda por descubrir nuevas facetas de sí misma. Esa inquietud es la que la impulsa a salir de su zona de confort y trasladarse temporalmente al otro lado del mundo.
El viaje no será una experiencia privada. Por el contrario, la condesa decidió documentar esta etapa y compartirla con su comunidad digital. Además de los contenidos habituales en Instagram y TikTok, anunció la apertura de un canal de YouTube, donde publicará videos más largos y elaborados.

Según explicó, desde hace tiempo tenía el deseo de producir contenidos de mayor duración y con una estética más cuidada. La estadía en Australia, con nuevos paisajes y ritmos distintos, aparece como el contexto ideal para dar ese paso.
La decisión también se inscribe en un momento particular de su vida. Eloísa finalizó sus estudios en la Hotelschool The Hague —una reconocida escuela de hostelería— y, desde entonces, ha ido construyendo un perfil propio, lejos de una vida exclusivamente ligada a la realeza.
En 2025, la joven contó públicamente que había sufrido una conmoción cerebral leve, una experiencia que la obligó a bajar el ritmo y priorizar el descanso y el cuidado personal. Durante ese proceso, explicó que redujo el tiempo frente a pantallas, mejoró sus hábitos de sueño y evitó el consumo de alcohol.
La recuperación fue positiva y, con el paso de los meses, Eloísa retomó gradualmente sus actividades. Este antecedente aparece ahora como un telón de fondo que refuerza la idea de tomarse el tiempo necesario para escuchar el cuerpo y repensar prioridades.

Quinta en la línea de sucesión al trono neerlandés, la condesa pertenece a una generación de jóvenes miembros de casas reales europeas que buscan construir una identidad propia, compatible con las redes sociales y con los valores contemporáneos.
Sobrina de los reyes Guillermo Alejandro de los Países Bajos y Máxima Zorreguieta, Eloísa ha optado por un perfil menos institucional y más cercano, donde la moda, el bienestar y el desarrollo personal ocupan un lugar central.
Su influencia se refleja en la fidelidad de su audiencia, integrada en gran parte por jóvenes que encuentran en ella una referencia de estilo, autenticidad y cuidado personal. La condesa suele mostrarse sin artificios excesivos y con un discurso centrado en el equilibrio y la coherencia.
Antes de este viaje, Eloísa volvió a instalarse en los Países Bajos, donde abrió junto a su madre una tienda de ropa de segunda mano, un proyecto alineado con valores de sostenibilidad y consumo responsable.

En años anteriores, también vivió una experiencia formativa en Nueva York, donde realizó prácticas profesionales en una plataforma de comercio electrónico vinculada a la moda circular, trabajando en el área de comunicación y sostenibilidad.
Esa etapa internacional reforzó su interés por los proyectos con impacto social y ambiental, una línea que ahora busca profundizar durante su estadía en Australia, según dejó entrever en sus mensajes.

El traslado al país oceánico no implica una mudanza definitiva, sino una pausa estratégica. Un mes para observar, experimentar y redefinir objetivos, en un contexto geográfico y cultural distinto al europeo.
Para sus seguidores, la promesa es clara: serán testigos de ese proceso en tiempo real, a través de videos, reflexiones y registros cotidianos que mostrarán tanto el viaje exterior como el interior.