El italiano Alberto Ravagnani, de 32 años, anunció a comienzos de este año que abandonaba el sacerdocio tras ocho años de ministerio activo. La decisión, motivada por su rechazo al celibato obligatorio, reavivó una discusión histórica dentro de la Iglesia Católica y tuvo una fuerte repercusión pública, amplificada por su perfil como influencer religioso con más de 300 mil seguidores en redes sociales.
Ravagnani ejercía como sacerdote en Milán y se había convertido en una figura popular entre jóvenes católicos por su estilo directo, su presencia en Instagram y YouTube y una comunicación religiosa alejada de los formatos tradicionales. El anuncio de su salida del ministerio marcó un quiebre personal y también institucional, en un país donde cerca del 80% de la población se identifica como católica.
En entrevistas recientes y en su libro La Scelta, el ex sacerdote explicó que su conflicto con el celibato no fue repentino. Reconoció haber atravesado durante años una tensión constante entre su vocación religiosa y su sexualidad, un proceso que describió como desgastante y contradictorio: “No es humano, ni siquiera cristiano, pensar que los sacerdotes son diferentes de las demás personas”. Y aseveró: “No somos ángeles”.
"Podría haber optado por vivir en una zona gris y llevar una doble vida, como quizás hacen otros sacerdotes. Pero en cierto momento me di cuenta de que no estaba bien. No estoy de acuerdo con el celibato ni con la doctrina que lo respalda", enfatizó Ravagnani.
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De sacerdote tímido a influencer: quién es Alberto Ravagnani
Nacido en 1993 en Monza, al norte de Italia, Ravagnani creció en una familia católica no practicante. Sus padres, un comerciante de almacén y una cocinera, continúan juntos tras más de 30 años de matrimonio, aunque él relató que durante su adolescencia casi no presenció gestos de afecto en su hogar, lo que afectó su autoestima.
En su libro se define como un estudiante aplicado pero solitario. Cuenta que se sentía poco querido y que, en esos años, condenaba a compañeros que consideraba “disolutos” mientras lidiaba con una adicción a la pornografía y una fuerte culpa asociada a la masturbación.
"Cuando era joven, pensaba que no era digno de ser amado", dijo, y agregó: "Cuando entré al seminario a los 19 años, fue un alivio. Nunca había tenido relaciones sexuales. Ya no tenía que pensar en las mujeres. Dios era el único que me amaría".
Ingresó al seminario sin haber tenido vínculos afectivos ni experiencias sexuales. Según su testimonio, el celibato inicialmente le pareció una protección, pero con el tiempo se transformó en una fuente de conflicto interno permanente.

"La sexualidad formaba parte de mi vida, de mis pensamientos, de mis fantasías, de mis transgresiones. Era una contradicción interna", explicó. Reconoció que, ya como sacerdote, perdió la virginidad y que esa experiencia le permitió comprender el valor de la intimidad, aunque también la vivió como una traición a su vocación.
"Me sentía culpable, pero no tenía miedo de ir al infierno. Sin embargo, sé que fue una traición a mi vocación, a Dios", sostuvo.
El quiebre con la Iglesia y el debate interno por la sexualidad
Durante dos años, Ravagnani intentó sostener su lugar dentro de la Iglesia mientras atravesaba una crisis personal profunda. Asistió a terapia, mantuvo una intensa vida de oración y utilizó, según dijo, todas las herramientas que la institución le ofreció.
"Yo era un sacerdote que rezaba, un sacerdote que hablaba con otras personas, un sacerdote que acudía al psicólogo. Utilicé todo", relató. "En cierto momento me dije: ‘Quizás deba comprender qué es la sexualidad sin tabúes’".
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En ese proceso, el ejercicio físico ocupó un rol central. Comenzó a entrenar de manera intensiva, abrió un canal de YouTube bajo el nombre Un prete in palestra (Un cura en el gimnasio) y promocionó suplementos, lo que le valió una reprimenda de sus superiores.
"Los sacerdotes no deben preocuparse por su cuerpo", recordó que le dijeron, y aclaró: "Necesitaba dinero porque quería grabar un podcast para evangelizar. Como sacerdote, no puedo obtener ingresos fuera de la Iglesia".
Su exposición pública creció durante la pandemia, cuando empezó a usar redes sociales para predicar y fundó una comunidad juvenil llamada Fraternità. Su perfil de Instagram, con el lema “Ebrio de Jesús”, combinaba mensajes religiosos con escenas de su vida cotidiana y encuentros multitudinarios con jóvenes.
"Nada de alcohol, pero sí muchas lágrimas de alegría. Nada de fumar, pero sí mucha emoción. Nada de besos apasionados al azar, pero sí muchos abrazos sinceros", escribió en una publicación de Año Nuevo.

Cómo fue su renuncia a la Iglesia Católica debido al celibato
La renuncia provocó una fuerte reacción institucional. El vicario general de Milán, monseñor Franco Agnesi, expresó públicamente su pesar y habló del “sufrimiento” causado por la decisión. También hubo ataques personales y descalificaciones.
Ravagnani contó que recibió insultos como “hereje repugnante” y mensajes en los que le decían que el diablo le había robado la vocación. Sin embargo, también recibió llamados de sacerdotes que le expresaron apoyo. "Algunos me llamaron para agradecerme y decirme que me aprecian, que rezan por mí. Otros dijeron que todo era culpa del diablo", relató.
A pesar de haber dejado el ministerio, aseguró que sigue vinculado a la fe y al trabajo con jóvenes. Dijo que quiere impulsar un cambio profundo en la relación de la Iglesia con la sexualidad, incluyendo el reconocimiento de la homosexualidad y la posibilidad de que los sacerdotes se casen.
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"Los cristianos ortodoxos pueden casarse, los evangélicos pueden casarse, todo el mundo puede", afirmó, y enfatizó: "Creo que deberíamos empezar a hablar de ello". El debate se da en un contexto de crisis vocacional. "Los seminarios italianos están vacíos. En 10 o 15 años habrá muy pocos sacerdotes", advirtió.
En contraposición, el actual papa León XIV reafirmó recientemente el compromiso de la Iglesia con el celibato episcopal. Su antecesor, el papa Francisco, había reconocido que se trata de una disciplina y no de una doctrina inmodificable, aunque había rechazado cambios concretos.
Mientras se aleja del departamento parroquial y construye una nueva fuente de ingresos, Ravagnani asegura que no renuncia a su fe. "Tengo que aprender a vivir una nueva vida", dijo, y concluyó: "Quiero seguir cumpliendo mi misión y mi vocación, difundiendo el mensaje de Jesús. No sé todavía cómo, pero sé que todo lo que viví me trajo hasta acá".
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