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Clima desfavorable

El calor inusual en Cortina complica los Juegos Olímpicos de Invierno 2026

Organizadores colocaron sensores y científicos en pista para controlar viento, visibilidad y calidad de nieve.

Juegos Olímpicos de Invierno 2026
Juegos Olímpicos de Invierno 2026 | AFP

Una temperatura inusualmente templada para febrero sorprendió a los asistentes a los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 en Cortina d’Ampezzo, Italia. Lo que se preveía como una experiencia rodeada de nieve y frío se convirtió en una postal atípica: tejados con nieve derretida, guantes en los bolsillos y un sol que dejó a muchos aficionados con los abrigos abiertos.

Según Shel Winkley, meteorólogo de Climate Central, este tipo de temperatura en febrero es ahora al menos tres veces más probable por efecto del cambio climático. De hecho, desde que Cortina fue sede olímpica por primera vez hace 70 años, las temperaturas medias del mes han aumentado 3,6 ºC, una señal contundente del calentamiento global.

De nieve a incertidumbre: un nuevo desafío para los deportes de invierno

Si bien el arranque de los Juegos tuvo un “auténtico sabor invernal”, como describen los organizadores, la realidad cambió rápidamente: el domingo, la temperatura alcanzó 4,5 ºC, y al sol la sensación era incluso mayor. Esta situación llevó a que el Comité Olímpico Internacional reconociera que analiza adelantar futuras ediciones de los Juegos de febrero a enero, en un intento por adaptarse al nuevo contexto climático.

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El clima afecta directamente no solo la logística de las competencias, sino también la seguridad de los deportistas. Filippo Bazzanella, responsable de planificación del comité organizador, explicó que las temperaturas elevadas deterioran la nieve, afectan la visibilidad y alteran la calidad del hielo, incluso en los pabellones cerrados. “La visibilidad y el viento son los dos factores que con más probabilidad obligan a modificar el calendario de pruebas”, advirtió en EuroNews.

Un rompecabezas climático: sedes olímpicas dispersas

Los Juegos de Milán-Cortina 2026 son los más dispersos geográficamente en la historia olímpica invernal, lo que complica aún más el seguimiento meteorológico. Hay sedes como Bormio y Livigno separadas apenas por una hora en coche, pero divididas por un paso montañoso que puede marcar diferencias climáticas significativas.

Por eso, el comité organizador trabaja con cuatro agencias meteorológicas regionales y ha desplegado sensores en puntos clave como las pistas de esquí alpino, rampas de salto y el campo de biatlón. Además, cuenta con observadores especializados, denominados “científicos de la nieve”, que recolectan datos donde las estaciones automáticas no alcanzan.

¿El invierno se despide?

La escena contrasta con lo que se espera en unos Juegos de Invierno, pero refleja un nuevo patrón: inviernos más cortos, temperaturas menos previsibles y una nieve cada vez más inestable.

Los organizadores hacen equilibrio entre la planificación y la incertidumbre, mientras los meteorólogos advierten que el calentamiento global no es un futuro posible, sino una realidad en curso. En Cortina, esa realidad ya se siente a flor de piel.