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Opinión

La Selección, Milei, Israel y Trump: ¿hay una disputa geopolítica detrás de la campaña contra la Argentina?

El posicionamiento internacional de Javier Milei alimenta interrogantes sobre si la ofensiva contra la imagen argentina busca especialmente a aquellos con menor capacidad para responder en el terreno comunicacional.

La campaña contra Argentina
La campaña contra Argentina | RePerfilAr

La imagen internacional del país atraviesa un momento de fuerte tensión. En las últimas semanas se multiplicaron en redes sociales y en algunos medios extranjeros los mensajes que presentan al país como racista, xenófobo y discriminador. Lo que comenzó con polémicas vinculadas a la Selección argentina de fútbol terminó convirtiéndose en una narrativa mucho más amplia, con capacidad de impactar sobre la reputación del país, la llegada de inversiones, el comercio exterior e incluso la vida cotidiana de miles de argentinos que residen en el extranjero.

La ofensiva ya no se limita a usuarios anónimos de las redes. Programas de gran audiencia, como El Chiringuito, en España, reprodujeron parte de esas críticas, mientras en Estados Unidos crecieron publicaciones y comentarios que califican a la Argentina como un país racista. La repetición de esos conceptos comienza a consolidar una percepción internacional que preocupa tanto a empresarios como a diplomáticos y a las comunidades argentinas radicadas en el exterior.

El fenómeno resulta llamativo porque muchas de esas acusaciones omiten aspectos centrales de la historia argentina. Pocos conocen fuera del país que la Asamblea del Año XIII estableció la libertad de vientres y dispuso que toda persona esclavizada que ingresara al territorio argentino recuperara automáticamente su libertad. Esa decisión convirtió a las Provincias Unidas en un destino poco atractivo para el comercio esclavista: los traficantes simplemente no podían hacer negocios aquí porque la venta de personas no era legal. Es un antecedente histórico prácticamente desconocido en el mundo, pero también completamente ausente en quienes intentan instalar la idea de una Argentina estructuralmente racista.

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Selección Argentina

Mientras tanto, argentinos que viven en España, Estados Unidos y otros países reconocen una creciente preocupación. El temor ya no pasa únicamente por la posibilidad de enfrentar situaciones de discriminación personal. También existe inquietud por el impacto que una campaña sostenida puede tener sobre la marca país. Una reputación deteriorada puede influir en la decisión de un inversor, en la elección de un destino turístico, en una negociación comercial o incluso en el trato que reciba un ciudadano argentino durante un control migratorio. La reputación internacional también tiene consecuencias económicas.

La pregunta inevitable es si semejante volumen de contenidos responde únicamente a una reacción espontánea de las redes sociales. Expertos en comunicación digital sostienen que las campañas globales de influencia suelen combinar activismo, publicidad segmentada, cuentas coordinadas y recursos económicos destinados a amplificar determinados relatos. En este caso, no existen pruebas públicas que permitan afirmar quién financia o impulsa la difusión de estos contenidos. Pero la dimensión alcanzada por la campaña abre interrogantes que exceden el universo del deporte.

Es allí donde aparece el componente geopolítico. Desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, la Argentina modificó su política exterior y pasó a convertirse en uno de los aliados más firmes de Israel en América Latina. El apoyo político y diplomático al gobierno israelí fue explícito incluso en los momentos de mayor presión internacional por la guerra en Gaza. Al mismo tiempo, Milei consolidó una estrecha relación política con Donald Trump, convirtiéndose en uno de los principales referentes de la nueva derecha liberal a nivel mundial.

Ese posicionamiento ubica a la Argentina dentro de una disputa internacional mucho más amplia que la política doméstica. Para algunos analistas, el fútbol podría estar funcionando como el vehículo ideal para atacar, en realidad, la figura de Milei y el modelo político que representa. La Selección campeona del mundo ofrece una visibilidad global que ningún dirigente político posee. Desacreditar a la Argentina a través del fútbol termina proyectando esa imagen sobre el país y, por extensión, sobre su gobierno.

Javier Milei, Donald Trump y Benjamín Netanyahu
Javier Milei, Donald Trump y Benjamín Netanyahu.

En ese contexto, algunos especialistas consideran como una hipótesis que actores alineados con la causa palestina, o con gobiernos enfrentados al eje Estados Unidos-Israel, puedan tener interés en impulsar campañas destinadas a erosionar la imagen de uno de los aliados más visibles de Israel en la región. Hasta el momento no existe evidencia pública que confirme la existencia de financiamiento proveniente de organizaciones pro palestinas, de gobiernos o de otras estructuras vinculadas al conflicto de Medio Oriente. Sin embargo, la pregunta comienza a instalarse entre analistas internacionales: ¿es casual que la Argentina se haya convertido en uno de los blancos preferidos de estas campañas precisamente después de redefinir su política exterior?

La lógica estratégica no sería nueva. En los conflictos contemporáneos no siempre se enfrenta directamente a las grandes potencias. Muchas veces se busca debilitar a sus aliados, especialmente a aquellos con menor capacidad para responder en el terreno comunicacional. Bajo esa mirada, la Argentina reúne varias condiciones: un presidente de fuerte exposición internacional, un alineamiento claro con Estados Unidos e Israel y la selección de fútbol más influyente del planeta como vehículo de enorme impacto simbólico.

Por ahora, no hay respuestas definitivas. Lo que sí parece evidente es que el debate ya dejó de ser futbolístico. La discusión gira alrededor de la reputación internacional de la Argentina, de las nuevas formas de influencia política a través de las redes sociales y de una batalla comunicacional donde deporte, ideología y geopolítica aparecen cada vez más entrelazados. En ese escenario, distinguir entre hechos comprobados, hipótesis de análisis y campañas de desinformación será fundamental para comprender qué intereses están realmente en juego.