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SOCIEDAD / #noesno
domingo 16 diciembre, 2018

Abuso en la infancia y desigualdad de poder

Esta semana la sociedad argentina ha sido sacudida con la denuncia de una artista de haber sido violada a los 16 años, cuando aún era una niña, por un actor adulto en una gira en Nicaragua.

por Mabel Bianco

default Foto: CEDOC
domingo 16 diciembre, 2018

Esta semana la sociedad argentina ha sido sacudida con la denuncia de una artista de haber sido violada a los 16 años, cuando aún era una niña, por un actor adulto en una gira en Nicaragua. El relato conmovió e impactó porque evidenció lo que tantas niñas y mujeres sufren frente a violaciones y abusos sexuales. En la Argentina, una de cada cinco niñas son abusadas sexualmente.

A las 48 hs. habló el acusado y por supuesto negó lo denunciado y contraatacó acusándola de haber sido ella la que lo acosó. Esta es una estrategia ya que, como él mismo dijo, no ofreció hacer una nota periodística para decir que era cierto lo denunciado, él quería decir su verdad: no la acosó ni violó; al contrario, él fue acosado por la denunciante, cree que la Justicia debe dilucidar esto. Negar lo  ocurrido es lo habitual en estos casos, este incluye el contrataque e incluso la acusación de que él fue el acosado.

Para que se pueda entender, cabe hacer algunas consideraciones. El abuso sexual en la infancia ocurre más frecuentemente en la casa y es perpetuado por familiares o amigos próximos de la familia. Por eso se lo niega y oculta, es una mancha para la familia. Lo que no se piensa es cómo este silencio revictimiza a la abusada, que lo enquista y así le queda como algo dañino que no puede superar. Por eso hablan mucho tiempo después, cuando han podido reconstruirse, se animan a verbalizarlo y encuentran personas que les creen. Porque necesitan ser escuchadas y creídas, si empiezan a decir algo ante la mínima sospecha de no ser creídas se callan. Esto puede durar muchos años, hablarlo es terapéutico pero hay que respetar los tiempos y cada persona tiene distintos tiempos.

En este caso, el abusador era una persona conocida, respetada y valorada y el único actor adulto del grupo, por eso tenía mucho poder. En eso radica la principal dificultad de decirlo, ¿quién le iba a creer? Esto también es habitual porque no son personas raras, o con rasgos especiales que hagan sospechar, son los padres biológicos o no, los abuelos, tíos, primos o hermanos, profesores o compañeros de trabajo. Pero también es habitual que una vez denunciados lo nieguen, en este caso lo más llamativo es que la acusa a ella de acosarlo. Esta conducta reitera una anterior en otro caso similar, si bien la denuncia  fue mediática, no legal, él luego la denunció en la Justicia por afectar su nombre e intereses.

En relación con el relato toma los hechos reales y les cambia el sentido: la que tocó la puerta de la pieza fue ella, la que se le insinuó fue ella, él le dijo que tenía la edad de los hijos, y él la echó.  Agregó que le recordó que tenía novio, y dijo quién era, inmediatamente el aludido negó haber sido novio. Termina diciendo que esto lo iba a aclarar la Justicia; esto indica que confía en una Justicia sexista que pedirá pruebas y confía en que no habrá pruebas, o no se considerarán suficientes. Algo que vemos a diario en nuestra Justicia, pero que en Nicaragua, donde se radicó la denuncia, puede ser peor. Es un país donde hay mucho abuso sexual en la infancia, incluso el presidente Ortega fue denunciado por su hija, pero quedó impune como tantos otros. Otro agravante es que esta semana el gobierno cerró varias ONG defensoras de derechos humanos, como Cenidh, que tenía los registros de las denuncias de la hija de Ortega y muchas otras, y destruyó los antecedentes.

La aparición de nuevas denuncias en la Argentina y las pericias psicológica, física y otras que debe hacer la Justicia, no una de las partes, como parece le hicieron sus abogados al denunciado, valen y es importante que se garanticen en todo el proceso la transparencia y objetividad; para ello sería conveniente no solo el control de las personas defensoras de ambas partes, sino también de veedores externos, en lo posible de organismos de derechos humanos, que garanticen esto.

*Médica. Presidente de la Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer.


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