Así como Pablo, muchos son los que deciden pasar estas reuniones sin compañía, algunos por placer y otros para no soportar la inquisición familiar. Lo transitan como un día más, sin pensar demasiado en arbolitos, regalos y, menos, parientes.
“Las reuniones familiares suelen ser alegres pero también pueden acarrear incomodidad, malestar y hasta fobias, sea porque tienen que concurrir casi obligatoriamente a casas de personas que no les agradan, o encontrarse con familiares con quienes no se hablan, o por la ausencia de un ser querido”, explica Gustavo Bustamante, psicólogo y vicepresidente de Fobia Club.
Lo cierto es que esta época del año está impregnada de una sensibilidad especial. Mientras que los psicólogos reciben más consultas porque muchos le temen a la soledad, otros eligen estar la noche del 24 y del 31 solos para evitar todo tipo de conflicto vincular, o simplemente porque les gusta.
“Para mí ir a esas reuniones es una tortura, se hablan cosas superficiales que a uno no le interesan y te sentís horrible”, cuenta Viviana Flores, quien pasará esos días con amigos.
“Son pocos los que logran apropiarse del festejo en el buen sentido y transformarlo en un buen momento, por lo general estos encuentros suelen reavivar viejas internas”, dice el psicoanalista Ricardo Rubinstein, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.