Apareció hace días en nuestro país y ya levantó polvareda. Las revelaciones de Máxima, una historia real, de los periodistas Soledad Ferrari y Gonzalo Álvarez Guerrero generan un fenómeno curioso: la Corona holandesa está aterrada de que se conozca el pasado no aristocrático de su princesa. Pero en la Argentina, lo que sorprende son las insólitas cláusulas del contrato prenupcial que le impuso a Máxima Zorreguieta su boda con Willem Alexander de Holanda.
Los autores revelan un acuerdo que Máxima debió firmar antes de convertirse en princesa. El documento, hoy guardado bajo siete llaves, establece que nada –ni sus bienes ni sus hijos– le pertenecen. De separarse del príncipe, su descendencia deberá permanecer en el seno del Palacio. De hecho Catarina Amalia, la mayor, un día será reina. En cuanto a sus bienes, el documento estipula una remuneración por su cargo en el Palacio de unos 890.000 euros anuales. Nada menos. Pero nada más. No hay en esta sociedad bienes conyugales.
La entrevista completa a los autores en la edición impresa de la Revista Noticias .