—Usted trabajó con Larreta. ¿Cuál es su relación actual con él y con el PRO?
—Sí, trabajé con él y estoy muy agradecida por el tiempo que pasé en el Gobierno de la Ciudad, porque creo que yo, en lo personal, aprendí muchísimo y además hicimos transformaciones muy grandes en materia de integración urbana. Hoy yo no soy parte del PRO, cuando me fui del Gobierno, también me fui del partido. Creo que Juntos por el Cambio era una gran coalición que buscaba representar los intereses de muchas personas y que esa coalición, la verdad, hoy está rota, fracturada, fragmentada, y el espacio no me representa. Creo que es otra la agenda de transformación que hay que proponerle a la Argentina.
—¿Cómo ve la desintegración del PRO habiendo sido parte?
—Yo creo que el espacio, lo que era la coalición de Juntos por el Cambio, está absolutamente desintegrado. Era una coalición que tenía la pretensión de integrar los barrios más bajos de la Ciudad, los barrios vulnerables. Hoy, Jorge Macri es un alcalde que pone en discusión que eso sea necesario hacerlo. Entonces, hay algo que está absolutamente fragmentado y creo que, en esas visiones contrapuestas, se expresan modelos distintos de ciudad, por ejemplo.
—¿Y dónde piensa usted que está instalada hoy la conversación política en el Gobierno de la Ciudad en ese sentido, considerando que las expresiones “planes sociales” y “ayudas sociales” se volvieron malas palabras?
—Yo creo que el problema del Gobierno de la Ciudad, especialmente de Jorge Macri, es que tiene una narrativa que busca enfrentar a la clase media con la clase baja. Cuando él dice: “Le regalaron viviendas a los procesos de integración urbana”, cosa que es completamente mentira, y que por eso la gente de clase media no puede tener vivienda, que es otra mentira, promueve una narrativa de odio y de enfrentamiento, y no una narrativa que busque conciliar y resolver problemas. Yo creo que el problema que está teniendo hoy la gestión actual del Gobierno entero es que está paralizada y no transforma.
—¿Usted trabajaría con el peronismo?
—Es que no lo pienso como una propuesta política. Yo hoy estoy trabajando en Pupurrí y me parece que mi aporte, desde esa comunidad que estamos gestando, es poder volver a poner en conversación las causas en las que creemos y hacerlas realidad. Yo soy muy crítica tanto de la gestión del gobierno de Jorge Macri como de la del gobierno de Javier Milei, y lo que me parece que falta es proponer futuro. Entonces, primero: ¿qué ideas tenemos?, ¿cuál es la transformación que queremos proponer? Y eso es lo que ordena todo lo demás.
—¿Cuáles son esas ideas que ustedes buscan llevar a cabo?
—Hay una idea que fuerza y que ordena todo lo que nosotros pensamos y hacemos, que tiene que ver con reconstruir la vida en común. Nosotros creemos que todas las ciudades del mundo tienen un desafío compartido, que es justamente volver a recuperar la calidad de la vida entre todos: en algunas ciudades es por desigualdad, en otras por segmentación y en otras puede ser por mala planificación, pero hay un hecho común: cada vez vivimos más separados. La tecnología está influyendo mucho también. Hay algunas agendas que se vuelven prioritarias, y la vivienda es una. Hoy cuesta cada vez más poder independizarse. De hecho, hay muchos estudios que muestran que cada vez es menor el porcentaje de jóvenes argentinos que pueden independizarse de sus familias. Claramente, mejorar el acceso a la vivienda es una prioridad. El transporte es un tema de agenda, creo que lo sufrimos todos. Cada vez se viaja peor y creemos que hay que hacer una apuesta concreta para volver a mejorar la calidad de eso y repensar todo el sistema. Después, creemos también que es muy importante apostar a los clubes y a las escuelas, las instituciones que nos encuentran, que nos muestran algo distinto, que nos enseñan.

María Migliore participó del Ciclo de Entrevistas de estudiantes de la Licenciatura en Comunicación de la USBA.
—La gestión de Jorge Macri desmanteló comedores comunitarios que recibían fondos públicos pese a no existir. Usted estuvo al frente del área de Desarrollo Humano y fue un nexo entre las organizaciones sociales y el Gobierno porteño durante la administración anterior. ¿Qué puede decir sobre eso?
—Todo lo que sea política para controlar, mejorar la gestión y la eficiencia, por supuesto que estoy a favor. Yo no puedo hablar sobre algo que Jorge Macri empezó a hacer hace dos años, porque hace más de dos años y medio que yo no estoy en la gestión. Todo lo que sea avanzar en la digitalización, la entrega directa a los beneficiarios y poder cambiar la metodología en la que se implementa la política alimentaria, estoy a favor. Yo creo que la política alimentaria argentina está vieja, está pensada todavía muy atada a la crisis de 2001. Creo que hace falta modificarla en muchas dimensiones para que esté acorde a los tiempos de hoy.
—Eran comedores que operaban bajo la gestión de Larreta.
—Está bien, pero cuando yo fui ministra te puedo dar fe de que estos comedores estaban controlados. ¿Qué pasó en los dos años desde que yo me fui? Hay una gestión de un Gobierno de la que yo no puedo dar fe. Entonces, ¿por qué no controlaron?, ¿qué fue lo que hicieron? o ¿qué fue lo que pasó? Yo no puedo dar testimonio de eso. Entonces, a favor de controlar siempre todo lo que sea para mejorar la transparencia del Estado. Eso, de hecho, cuando yo era ministra, se hacía mucho.
—La he escuchado nombrar varias veces la palabra “transformación”. ¿Cómo se transforma un plan social en un empleo formal en este contexto de crisis económica?
—La pregunta es súper compleja. Lo primero: tiene que haber empleo y crecimiento. Hoy no hay crecimiento del empleo formal, entonces, si se destruyen puestos de trabajo en vez de crearse puestos de trabajo, es muy difícil que el plan social resuelva, es imposible. Siempre digo que no se le puede pedir a la política social lo que no resuelve la política económica. Entonces, para resolver cualquier tema estructural de pobreza, vos necesitás una macro ordenada, procesos de crecimiento y que ese proceso de crecimiento se traduzca en más puestos de trabajo, cosa que, de nuevo, hoy no está pasando. Entonces, a partir de esas condiciones de posibilidad, la pregunta es cuál es la mejor manera de diseñar planes sociales que vinculen al empleo. Los que estaban antes, como Potenciar Trabajo, yo creo que no eran la mejor herramienta a nivel técnico. La expectativa de que ese programa se vinculara al empleo formal era falsa, no venía dando resultados en ese sentido, pero en parte, de nuevo, porque la Argentina no venía en un proceso de crecimiento. Entonces, ese plan había que modificarlo, definitivamente.
Yo creo que los programas de empleo hay que pensarlos mucho más a nivel municipal o provincial, vinculados a los sectores, porque no es lo mismo un programa de empleo para, por ejemplo, el conurbano, que hoy es uno de los lugares donde más se está perdiendo empleo formal, que para Neuquén, donde vos tenés la explotación de Vaca Muerta, que abre posibilidades. Tendría que vinculárselos mucho más al sistema productivo.
—¿Cuál es la autocrítica que debe hacer el campo progresista sobre el hartazgo social que produjeron los piquetes y los planes sociales, donde también hubo abusos?
—Primero, tener la calle cortada todo el día al que más jode es al laburante, al que está en el colectivo, llega tarde y le descuentan el día. El que no tiene otra alternativa que protestar, que es legítimo, no puede afectar la vida cotidiana de la gran mayoría, que además la está pasando mal. Por eso insisto también con esto que está pasando: la clase media y la clase baja tienen los mismos problemas, con distinta gravedad, porque no es lo mismo no llegar a fin de mes que no tener para comer hoy a la noche, pero comparten las mismas preocupaciones. Quien gobierna hoy exacerba esas diferencias y conflictúa, y del otro lado creo que eso se había subestimado. Después, creo que la gran crítica o autocrítica que tiene que hacer todo el campo progresista, lo digo en sentido amplio, tiene que ver, primero, con que el orden macroeconómico es importante y que la inflación a quien más complica es a los más pobres, que viven del día a día. Entonces, tener la inflación controlada no es una pavada, es recontra importante y es la condición base para muchísimas cosas que vienen después. Y después, que el Estado tiene que dar resultados, la calidad del Estado importa. Si el Estado da un buen servicio, la gente te va a creer más, si el Estado da un mal servicio, te va a creer menos. Entonces, creo que hay algo de revalorizar el concepto de la gestión, la transformación y la eficacia, que han sido muy subestimados en el discurso público del progresismo en los últimos años.
—María, si quiere cerrar con algunas palabras para todos los alumnos.
—Agradecerles el espacio y decirles que me parece muy importante que se formen como periodistas. Creo en la libertad de prensa y en la democracia, más allá de que hoy esté cuestionada por los sectores más jóvenes y demás. Creo en la pluralidad de voces y creo que, cuando se es gobierno, y me ha tocado estar, esas voces que incomodan, esas preguntas que desafían, hacen mejor la vida en común de todos nosotros. Así que los animo a que lo sigan haciendo.
Por Micaela Serrano y María Luz Alarcón
Estudiantes de la Licenciatura en Comunicación
Universidad del Sur de Buenos Aires