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Ciclo de entrevistas

Martín Kohan: "Me interesa analizar la manera en la que Milei administra la violencia"

El escritor participó de una conferencia de prensa organizada por estudiantes de la Escuela de Comunicación. La elección histórica de la izquierda y los desafíos de la derecha. El pasaje discursivo de la "maestra ciruela" Cristina, al "docente universitario que no sabe" Alberto.

Entrevista a Martín Kohan 20211118
Entrevista a Martín Kohan | Marcelo Silvestro

Martín Kohan participó de una conferencia de prensa organizada por estudiantes de la Escuela de Comunicación en la que se refirió al crecimiento de la izquierda y a los desafíos que conlleva el fenómeno que representa Javier Milei. “Me interesa analizar la manera en la que Milei administra la violencia. Porque la administra: se saca y se contiene, se saca y se contiene”, sostuvo.

El escritor también se refirió a la nueva etapa que se inicia en el Gobierno luego de la derrota electoral y la construcción de un nuevo discurso por parte de Alberto Fernández. “Me parece que en este momento lo está reacomodando. No sé si es una limitación para discernir a dónde va. Me parece que está en un momento de reaclaramiento y definición”, declaró Kohan en el Ciclo de entrevistas a cargo de Rodrigo Lloret, director de Perfil Educación.

—Usted ha manifestado públicamente su apoyo a la izquierda. ¿Qué lectura hace del resultado electoral que obtuvo ese espacio?

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La izquierda hizo una elección histórica, con cuatro diputados del trotskismo en el Congreso. Esa presencia decisiva va a suponer una voz de discrepancia, una voz de disidencia y una voz de lucha en el interior del Congreso. Una voz que no va a sumarse en términos de grita. Porque lo que más frustrante me resulta, no es la división entre los argentinos, no tengo ningún problema con la división entre los argentinos; no es la crispación, no me llevo mal con la crispación; no es la disidencia ni la disputa acalorada, ninguno de esos términos. Lo que me resulta frustrante de la grieta es que supone que los lados son dos, se supone que hay una grieta y por tanto habiendo una grieta la división es binaria, eso sí me parece una simplificación, eso sí me parece una limitación a la forma de pensar una situación política, social e ideológica. Como no lo veo en términos binarios, celebro en cuanto a la elección del domingo, celebro con la parte que me entusiasma, que tiene que ver efectivamente con la muy buena elección que hizo el Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Después, hay otros aspectos que me resultan más frustrantes, en parte frustrantes en parte preocupantes, que es que la alternativa al descontento existente en varios sectores respecto al Gobierno nacional se haya canalizado vía una expresión política que ya dio cuenta de sus limitaciones y sus imposibilidades.

—¿Qué opina de Javier Milei como fenómeno político?

Como un fenómeno político, me interesa analizar la manera en la que Milei administra la violencia. Porque lo administra: se saca y se contiene, se saca y se contiene. La manera en que utiliza las lecturas y la invocación de la autoridad a las lecturas. Yo soy profesor universitario, conozco las citas y estoy habituado a que se hable con respaldo bibliográfico. Que alguien suponga que accede a la verdad porque cuenta con respaldo bibliográfico involucra, ya de por sí un gesto autoritario, un gesto prepotente porque las opiniones alternativas u opuestas a las suyas también cuentan con respaldo bibliográfico, eso no agota la discusión. Milei cita sus lecturas y con eso pretende que el discurso está cerrado cuando, en verdad, a esa lectura suponen otras lecturas que refutan las de él. Me parece que tiende a cerrarla porque cuando Milei habla solo se desenvuelve bastante mejor que en el debate, donde tuvo que interactuar con otras voces. Uno empieza a pensar que algunas cosas que aparecería como contradictorias desde este punto de vista no lo son: Milei invoca la libertad pero está en contra de la legalización del aborto. En realidad, está a favor de mantener la penalización del aborto, o sea que el Estado siga interviniendo sobre las decisiones de salud personales. O el recelo con respecto a distintas expresiones y modos de presencia del Estado, excepto la de las fuerzas de seguridad: no solamente no está pensando en debilitarlas sino en fortalecerlas. Entonces, vamos viendo qué clase de movimiento se está operando ahí, qué clase de uso de la noción de libertad se está haciendo y qué es lo que ha hecho posible que esa palabra tan digna llegue a parar a un lugar tan indigno.

—En un reciente libro que analiza el devenir de la nueva derecha en todo el mundo, Pablo Stefanoni advirtió sobre las características de este fenómeno que expresaron los votantes de Donald Trump y Jair Bolsonaro ¿Qué particularidad encuentra en el avance de la derecha en Argentina? 

—Leí el libro de Stefanoni y me parece que es clave para entender algunas de estas cuestiones. Me interesó, particularmente, porque volvemos a pensar cómo fue que en algún momento se planteó que derecha-izquierda eran categorías superadas, que ya no eran legítimas y que ya era una no eran útiles para pensar la política. El libro de Stefanoni me interesa muchísimo porque, al mismo tiempo, dirige todo un clásico, una interrogación hacia la autocrítica, no se constituye en un lugar de de certeza o de solvencia para para apuntar o discutir otras posiciones, lo hace, pero además asume la revisión de las propias pinturas de los propios traspiés de la izquierda y en algún caso del progresismo, que para mi no son lo mismo, lo que plantea es ¿qué errores hemos cometido para que ciertas categoría, por ejemplo de libertad, haya ido a parar a la derecha?

—¿Qué es lo que más le preocupa de Milei?

—Para hacer esta distinción, es bueno recordar que se ha analizado Eva Perón, ella, su historia, su historia familiar, su historia personal, su posición social, la manera en que traspasó esa historia personal a un posicionamiento de reivindicación social y política, se ha trabajado la iconografía de Evita a sus transformaciones, el rodete y el pelo lo suelto en los 70. Es posible y es necesario analizar o conectar, aspectos o características personales de ciertos referentes de la política con su dimensiones políticas. Podemos hacer eso con Milei y no me resisto, excepto porque es una figura que me parece que nos puede llevar a psicoanalizar a distancia y eso no funciona. Ni siquiera es psicoanálisis, es una especie de psicologismo berreta que me parece que terminaría despolitizando el fenómeno. Hay que encontrar el punto en el que la consideración de ciertas características personales de Milei permite interrogar el fenómeno político, si nos llevamos a está loco, no se lava el pelo, qué es ese peinado, es un sacado, qué son todas cosas, entonces cómo hacer de ese análisis que quede imbricado en el análisis del fenómeno político y no sea una forma de despolitización. Yo no soy analista político, yo soy profesor de Literatura yo lo que se supone que sé hacer es analizar discursos, representaciones imaginarios, se supone que se hacer eso, pero como Milei produce un discurso yo me considero capacitado para analizarlo como activo en imaginario, me consideró preparado para inmovilizarlo. 

—A partir del análisis del discurso, ¿cuál cree que es el discurso del Presidente luego de las elecciones, hacia donde va ese discurso ahora?

Me parece que en este momento lo está reacomodando. No sé si es una limitación para discernir a dónde va. Me parece que está en un momento de reaclaramiento y definición. El análisis del discurso me interesa muchísimo: la manera de referirse a Cristina Kirchner, aquello de maestra ciruela y, luego, el modo que el propio Alberto Fernández asumió la enunciación del docente universitario. Como si pasáramos de grado, en algún punto, del primario de la enseñanza, pero en una secuencia uniforme en cuanto a régimen discursivo, es alguien que se ponía al frente y nos explicaba. En el primario la maestra se para al frente y nos explica. Hay una parte que consiste en eso. Uno tiene un saber y lo explica, pero no constituye solamente en eso. No es unidireccional y hay estilos de docentes también. El otro registro convocó la idea de la maestra, a veces despectivamente maestrita. ¿Era más retadora, no? Más retadora, o sea, no solamente nos daba clases, sino que también nos retaba. Me parece que en Alberto estaba en el discurso del docente universitario que demostró que se paraba para explicar pero no sabía, porque nadie sabía, ni siquiera los científicos, cuál era la forma más efectiva para luchar contra el Covid.

—¿Cómo cree que puede haber impacto en la sociedad el encierro sufrido durante la cuarentena?

—Lo más duro fue marzo, abril del año pasado. Ya en julio, los bares pusieron mesas en las veredas y volvimos ese espacio de estar con otros. Mi espacio preferido es un bar porque es estar solo y a la vez es estar con otros, es una combinación para mí insuperable porque de otra forma tenés que elegir entre estár solo o estár con otros. Me parece que la pandemia fue un extraordinaria puesta a prueba, que a mi criterio salió en términos generales bastante mal, de esta combinación y de esta dosificación entre los espacios de libertad y de autonomía que cada uno quiere y puede tener y el hecho de que esas necesidades tengan que articularse con el estar con otros. Me refiero a eso de “yo hago lo que quiero”, y esto también no deja de ser Milei porque Milei pone en una tradición liberal muy esquemática al individuo frente a otro tipo de concepciones y formulaciones donde no es simplemente el individuo o el Estado, sino formas de existencias colectivas en relación con otros, como la comunidad y las condiciones sociales. Me refiero a aquello de: “Yo me cuido solo, a mí no me van a decir qué tengo que hacer. Yo me quiero sacar al barbijo en cualquier lugar y me lo saco”. Formulación que saltea, ni más ni menos, que esa persona puede contagiar a otros. Es bastante simple, y es bastante claro, y la pandemia lo puso especialmente en evidencia.

—¿Qué le inspira a escribir en bares?

—Lo de la escritura es muy lateral. Cuando no escribo también estoy en un bar. No es la escena bohemia y eso sería bohemia nocturna. Porque yo voy al bar a las 8 de la mañana. No es un espacio de escritura para mí, es un espacio para estar. También escribo, leo, preparo clases corrijo exámenes, la columna de PERFIL la escribí esta mañana en el bar. Lo digo para no ir al imaginario del escritor que se inspira, imaginario que no me representa. Incluso me parece que la palabra inspiración es demasiado, yo lo llamo tener una idea. La idea la tenés en el supermercado charlando con alguien, leyendo en el bar. A mí me gusta escribir en el bar porque en mi casa me distraigo porque en mi casa están todas mis cosas, porque está internet y me distraigo. Porque el espacio físico del bar, la mesa, el pocillo, la ventana a la calle, los otros, todo eso me resulta mejor. Pero también para estar, también para conversar. Me parece también un gran laboratorio de estar entre nosotros.

—Agradecemos su participación en el Ciclo de Entrevistas de Perfil Educación y le damos la posibilidad de cerrar el reportaje con un comentario final que quiera realizar.

—Agradezco mucho la invitación. Soy docente, como ya les dije, así que me agrada mucho estar con estudiantes. Yo aprendo de los estudiantes. Eso es lo mejor de ser docente. Fueron muy buenas preguntas y siempre es agradable venir a responder las preguntas de estudiantes de Periodismo de Perfil.

Juana Alonso, Juan Cruz Soqueira y Coromoto Torres
Estudiantes de Periodismo de Perfil Educación en la Escuela de Comunicación