El universo de Antonio Santa Ana, que marcó a generaciones de lectores desde su primera edición en 1998, encontrará una nueva vida sobre las tablas. Bajo la dirección general de Nico Sorrivas y Ceci Miserere, el musical de Los Ojos del Perro Siberiano se prepara para su estreno en la cartelera porteña en septiembre de 2026. El proyecto, que tardó más de 20 años en gestarse desde que Sorrivas imaginó por primera vez llevar esta historia al lenguaje audiovisual, finalmente toma forma como una pieza teatral de Matcha Contenidos, la Compañía Amichis y Franca’s.
La trama recupera el vínculo entre dos hermanos en la década del '90, marcado por los silencios y prejuicios que rodean al diagnóstico de VIH del hermano mayor, Ezequiel. A través de los ojos de un niño de diez años -y su perro siberiano, Sacha-, la obra recorre el viaje desde San Isidro hasta Palermo en busca de una verdad que la familia intenta ocultar. Según explican sus creadores, la vigencia del material es absoluta: "La sociedad lamentablemente todavía sigue juzgando y mirando diferente; por eso creemos que esta historia hoy es tan vital y verdadera como cuando se editó el libro", reflexionan sobre la vigencia del conflicto.
El desafío de ponerle música al silencio
La adaptación, escrita por Sorrivas y Martín Palladino, propone un "caos ordenado" que busca oxigenar la crudeza del relato original con pinceladas de humor y una fuerte apuesta visual. En este laboratorio creativo, la música de Juan Pablo Schapira -quien también asume la dirección vocal- fue surgiendo en paralelo a la escritura del libro, logrando que las canciones se integren orgánicamente a la prosa de Santa Ana. "Es muy lindo trabajar tratando de encontrar música donde en realidad sólo hay palabras", señala Schapira sobre un proceso que incluirá a cinco músicos en escena tocando bajo, piano, chelo, guitarra y batería.

Uno de los pilares de la puesta será el desdoblamiento del protagonista, interpretado en su versión adulta por Alan Madanes y en su infancia por Dante Barbera. Ambos actores encarnan al mismo personaje en un diálogo temporal que busca tocar las fibras más íntimas del espectador. "Es una historia necesaria para esta época, donde tenemos grandes dificultades para estar con el otro", sostiene Madanes sobre el motor que impulsa esta producción, que además contará con el diseño coreográfico de Diego Bros enfocado en el despliegue corporal del ensamble.
Una estética de rito y memoria
La puesta en escena promete ser un despliegue de recursos teatrales donde la mirada se vuelve protagonista. La escenografía de Micaela Sleigh y el vestuario de Analía Morales convivirán con el diseño y realización de títeres de Alejandra Farley, encargada de darle vida a Sacha y a otros animales que habitan el imaginario de los hermanos. Esta elección estética refuerza el carácter de la pieza como una obra para todo público, cuidando especialmente la sensibilidad de las infancias bajo la mirada experta de la Compañía Amichis.

Con la producción ejecutiva de Julia Do Rio y el apoyo de los productores asociados Eugenia y Matías Cavallaro, el equipo se prepara ahora para completar el elenco mediante audiciones abiertas para el personaje de Mariano. El anuncio, que se mantuvo bajo estricto secreto durante un año y medio, marca el inicio de un camino que culminará en la primavera porteña. Y que ya a calienta motores para lo que promete ser uno de los sucesos teatrales del año: un viaje descarnado y a la vez luminoso sobre el amor, la pérdida y la forma en que elegimos mirar al otro.