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COLUMNISTAS / PANORAMA / OBRA PUBLICA
domingo 12 agosto, 2018

Derrumbes

Aborto y cuadernos son parte de una montaña rusa que tendrá derivaciones.

por Carlos De Angelis

PATRIA COIMERA Foto: DIBUJO: PABLO TEMES

En este frío agosto, el país se subió a una montaña rusa sin igual. Si bien los argentinos están habituados a los tradicionales sacudones de la economía y la cotización del dólar, otros elementos se sumaron que sin lugar a dudas modificarán el mapa político, económico y social de los próximos tiempos venideros.

Derrumbe 1. Los psicosociólogos franceses Félix Guattari y René Loureau, crearon a principios de los años 70 el concepto de “analizador institucional” útil para examinar muchas situaciones. Para los autores un analizador es un hecho, situación, u objeto que “hace correr el velo dejando caer máscaras”, es decir revelando lo oculto y mostrando los conflictos. Si bien el concepto apunta a descubrir los entramados de las instituciones sobre los que no hay referencias en el discurso institucional, la discusión sobre aborto funcionó como un analizador a escala país, derrumbando el mito del país liberal y el sueño de unas elites que hablan en nombre del progreso. La contrapartida fue la emergencia del país conservador y a su contrario: el colectivo feminista, espacio dinamizador de la Argentina actual.

Viendo el extenso debate, muchos argentinos y argentinas se preguntaron quién eran esas personas que en el Senado de la Nación hacían referencia en sus discursos a sus convicciones, creencias religiosas y preceptos constitucionales, para rechazar el proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo lejos de las demandas y necesidades de las mujeres. Pues bien, pocos ciudadanos conocen lo básico: que los senadores son tres por provincia, a las que representan, y son votados cada seis años. Pocos recuerdan haberlos votado, en listas que no son sábanas, pues tienen solo dos integrantes con sus suplentes. Algunos pocos espectadores cayeron en la cuenta en esa misma madrugada que el artículo 2° de la Constitución Nacional plantea que el gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano. Está allí a la vista de todos que el Estado argentino también tiene elementos teocráticos. Si bien para la Real Academia Española sostener significa “dar a alguien lo necesario para su manutención”, otra acepción es “sustentar o defender una proposición”.

Está allí, a la vista de todos, que el Estado argentino también tiene elementos teocráticos

La lectura final de las votaciones en Diputados y en Senadores mostró que el trazado de la famosa grieta tuvo una forma completamente distinta a la esperada. No estaban las huestes K de un lado y los anti K del otro, sino combinaciones de bloques. No obstante –se debe decir– que casi el 90% de los representantes del FpV votaron a favor, solo el 40% del PRO, pero –atención– el 70% de los radicales lo hicieron en contra, con discursos marcadamente a la derecha como el de Ángel Rozas que desempolvó de los años 70 el término “extremismo” para hablar de las posiciones en pugna.

Sin embargo, cuando Mauricio Macri habilita este debate lo hace fundamentalmente porque el duranbarbismo le pide señales que ubiquen a Cambiemos en una derecha liberal, moderna y democrática, pero más allá que si Macri creía que la ley iba a ser rechazada en la Cámara de Diputados terminó al final del día abrazado a lo más conservador del peronismo del interior, a “las” iglesias y a otros sectores francamente oscurantistas. A favor de la lógica extraña de un gobierno que presenta un proyecto que no apoya, se debe decir que buena parte de base electoral de Cambiemos bramaban contra la ley, mientras que algunos sectores medios y medios altos urbanos también votantes cambiemistas se llevaron una fuerte decepción por el rechazo.

Derrumbe 2. Ya no se trata solamente de los insólitos cuadernos del chofer y escritor Oscar Centeno, sino fundamentalmente la epidemia de arrepentimiento entre empresarios y ex funcionarios públicos dando cuenta de haber realizado y recibido aportes “para la campaña”. Quizás buscan empardar las denuncias por los aportantes truchos de la provincia de Buenos Aires que tuvo a maltraer a María Eugenia Vidal y Graciela Ocaña. Pero si los cuadernos significaron un cimbronazo para el peronismo (“todos fuimos kirchneristas” dice un conocido analista político), las declaraciones del ex jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina sobre haber recibido dinero negro de empresarios para financiar la campaña electoral, fue un terremoto dentro del terremoto, a pesar de que comentó que creía que esos aportes eran voluntarios.

Estas declaraciones y otras que sobrevendrán ponen a algunos operadores jurídicos-políticos del Gobierno mucho más cerca de un objetivo central, que es forzar el derrumbe último que es el de Cristina de Kirchner en el juego electoral y quizás llevarla a la cárcel, quizás sin advertir que hay en el horizonte el riesgo de una crisis política sistémica. Sin embargo, hay que destacar que todo el affaire no mueve aún el amperímetro demoscópico en la intención de voto para 2019 en una sociedad más conmovida por la situación económica y la reedición de las corridas cambiarias.

La demolición más inesperada dentro de este derrumbe fue el del “Club de la Obra Pública”, el informal consorcio de empresas que vienen acordando desde tiempos inmemoriales la cartelización y repartición de las obras financiadas por el Estado. Carlos Wagner, histórico armador de ese juego puso en blanco sobre negro cómo organizaba esas operaciones, también el abrupto arrepentimiento de pesos pesados como Luis Betnaza (Techint) o Alfredo Roggio (Grupo Roggio) escribirán nuevas páginas en la novela negra de los retornos.

Como muestra la historia argentina, las principales fortunas del país se construyeron al calor del Estado, incluida la de la familia presidencial, pero los empresarios puestos en el juzgado bajo amenaza de prisión están dispuestos a contar hasta lo que no saben.

Esta situación está teniendo como efecto colateral el desplome de las acciones y la descapitalización del último islote del capitalismo nacional que queda en la Argentina.

El capital mayor de estas empresas nunca se contabilizó en cantidad de máquinas o de ingenieros sino por los contactos entre los gobiernos, el lobby. Un probable resultado de todo el escándalo es que este sector se termine finalmente transnacionalizando como el resto de la economía.
 
                           *Sociólogo   (@cfdeangelis)


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