martes 17 de mayo de 2022
ACTUALIDAD Verano en Puerto Madryn
22-12-2021 06:30

21 cosas que hay que saber de los Pingüinos Magallanes de Punta Tombo

Entre septiembre y marzo, cientos de miles de pingüinos patagónicos que nadan 6.000 kilómetros desde las Islas Malvinas eligen interrumpir su viaje en las costas de Chubut y quedarse allí para procrear y perpetuar su especie. ¿Qué quieren? ¿Por qué vuelven cada año?

Decir Ruta de los pingüinos es pensar en Punta TomboPuerto Madryn, al menos si es verano y el GPS nos lleva hasta Chubut. Ir a ver pingüinos a Puerto Madryn es un viaje que siempre tiene recompensa: los Pingüinos Magallanes nunca faltan a la cita y, entre mediados de septiembre y marzo, son los dueños absolutos del lugar.

Básicamente hay tres puntos importantes para armar la Ruta de los Pingüinos: Punta Tombo, San Lorenzo y El Pedral. Arranquemos.

Punta Tombo 20211221
Mansos, pero con personalidad fuerte.

Partiendo de Puerto Madryn, se llega a Punta Tombo tras recorrer 70 km de la RN 3 y un tramo de ripio de 107 km por la RP 1. La primera recomendación que los guías hacen a los porteños es desconfiar del ripio: es tremendamente resbaladizo y cuesta frenar. Llegamos. Punta Tombo se encuentra en el paraje Dos Pozos, departamento de Florentino Ameghino.

Para ingresar a la Reserva se abona una entrada de $800/$1600, para argentinos y extranjeros, respectivamente. Ex combatientes, jubilados, pensionados, discapacitados y estudiantes provinciales tienen entrada libre; los menores hasta 5 años, $ 400/800 (argentinos/extranjeros).

Punta Tombo es el lugar ideal para aprender a mirar. Lo que se ve es un inmenso monte patagónico, no una estepa, el suelo propio de la Península Valdés, al noreste.

Punta Tombo 20211221
Los Pingüinos Magallanes buscan la costa de Chubut para aparearse y anidar sus pichones.

A medida que Vanesa Santos, la guía del Ministerio de Turismo de Chubut, desgrana todo lo que sabe, un documental de National Geographic se despliega delante de los ojos.

Lo que se ve es sólo un acantilado rocoso que se empecina en perderse 3 kilómetros a largo de la generosa costa atlántica. Estas piedras de millones de años corren atolondradas hacia el mar. Se pisan, se empujan, se retuercen.

A lo largo de 600 metros, parece que las rocas se desesperaran por sacarse de encima el peso de tantos años, pierden como velos los girones de vegetación que les han ido quedando y las piedras llegan al fin desnudas a internarse en el mar.

Punta Tombo y el mar

El mar. El alivio para un pasado tórrido y añejo que le dejó a la región tantas cicatrices, una prosapia geológica que administró sabiamente el tiempo en estratos: un erizo petrificado por acá, un nido de avispa irreverente por allá, un infame diente de tiburón más lejos… las pruebas indelebles de que la costa de Chubut fue selva tropical, luego océano y finalmente meseta.

Punta Tombo 20211221
Las rocas rojas de 260 millones de años de la Formación Marifil.

Cuesta creer que el viento implacable del Pacífico también llega hasta acá; a veces es un azote; otras, un alivio para los escasos 300 milímetros de lluvias anuales.

Este paraíso seco de sales y manjares marinos es lo que necesitan los pingüinos para reproducirse y sobrevivir. Vienen de a cientos de miles y se espera que cada vez sean más. El krill patagónico y malvinenense que los alimenta en invierno –como a las ballenas- no soportaría un solo grado más del calentamiento global.

Acá, los pingüinos están a salvo. El suelo marino de Chubut entreteje el sedimento marino-terrestre con las rocas y garantiza a sus comensales un bed & breakfast de primavera y verano. Cuando llegan las orcas “asesinas”, en marzo, ellos ya no estarán.

 

Punta Tombo refugio de pingüinos

“Hace millones de años, cuando la temperatura de la Tierra cambió, los hurones, las arañas y las lechuzas se perdieron diminutos dentro de la tierra. Los amos de casa, los dinosaurios, no tuvieron la misma suerte. Cuando tiritaron tanto que ya no pudieron sobrevivir, desaparecieron. El océano cubrió todo lo que se ve, llegaron los cetáceos y después los animales terrestres que se adaptaron al mar”, predica Vanesa mientras esquiva pingüinos que van y vienen del mar en hora pico.

Punta Tombo 20211221
Necesitan buen alimento en el mar y, en tierra, un refugio contra los depredadores. Entre ambos, van y vienen todo el tiempo.

“¿Y los pingüinos?”, nos preguntamos todos. Llegaron mucho después a Punta Tombo. Apenas hace 110 años y fue de casualidad. Un buen día los encontraron sobre la costa los esquiladores de la estancia La Perla y fueron corriendo a avisarle al amo, Luigi La Regina. El italiano fue a mirar con sus propios ojos y, sabiendo que el campo se le llenaría de pingüinos y curiosos, habló con su hermano e hicieron lo que tenían que hacer: donaron al estado provincial las 210 hectáreas con las que nació la Reserva Provincial Punta Tombo.

Según equilibrados datos oficiales del año 2019 (en la pandemia no se hicieron relevamientos), allí anidan unos 500 mil pingüinos cada año. “Esa cifra contabiliza parejas reproductivas o nidos activos, y los pichones no se cuentan”, aclara Vanesa Santos.

Pingüinera de Punta Tombo, Chubut 20211201
Algunos nidos son túneles subterráneos.

“Acá llegan primero los machos, después de hibernar. Los pingüinos pasan el invierno en el agua fría; son aves, pero no vuelan; nadan. Están seis meses en altamar, incluso descansan sin salir del agua fría; flotan y duermen en el mar y sobre todo, comen sin parar: anchoas, pejerreyes, calamares, merluzas. Una dieta que las hembras ‘enriquecen’ aún más con las valvas de los bivalvos. Cuanto más, mejor, porque necesitarán esa grasa y esa energía para lo que vendrá”, anticipa la guía mientras un coro de vuvuzelas entona varios compases a nuestro alrededor: es el recibimiento de los pingüinos de otro vecindario. Permanecen largas horas en silencio hasta que todos juntos se ponen a rebuznar, a conversar.

 

Pingüinos Magallánicos de Punta Tombo

Es difícil no oírlos y es imposible ignorarlos. En Punta Tombo, los pingüinos son la prioridad: si estás parado por donde precisamente quieren caminar, habrá que correrse y cederles el paso, como indican los carteles de tránsito que escoltan las pasarelas de madera de la Reserva. Como en “La noche boca arriba”, no conviene salir del sendero.

Punta Tombo 20211221
Los pingüinos siempre tienen prioridad de paso.

Los pingüinos son mansos y pacientes con los turistas, hasta que comienzan a escudriñarte de costado, con la cabeza inclinada; te miden; hay que tomar distancia porque podrían picotear. El pico de un pingüino corta como un alicate y “no se le achica a nadie, ni siguiera a los guanacos”, advierte la guía.

Cada tanto avanza alguno ensangrentado como Brad Pitt en Snatch, cerdos y diamantes; podrán perder huevos, hijos e incluso hembra, pero el macho defenderá su territorio a puro picotazo; incluso si le tocó quedarse solo, para conservar el nido está dispuesto a matar. Ante el panorama de abuso de autoridad, los visitantes miran a la guía para que haga justicia: “Nosotros no intervenimos con la Naturaleza”, respondió tajante.

“Es el ciclo de la vida; los pájaros también buscan comida. Si los pájaros encontraron la cría, no era un buen nido; o a lo mejor este pingüino viene de pelearse con sus vecinos, es un tema social; escuchen cómo espadean con los picos; esos rebuznos son preguntas y respuestas desafiándose de un nido al otro; son muy territoriales”, aclaró.

 

Punta Tombo la mayor pingüinera mundial

Argentina tiene la responsabilidad mundial de preservar la mayor colonia planetaria (80%) de pingüinos Magallanes del Planeta. Se estima que la población mundial ronda en promedio los 2,7 millones de ejemplares. Por eso, nadie puede ingresar a una pingüinera de Punta Tombo sin guía experimentado y él indicará por dónde caminar, cuándo detenerse, qué esperar.

Los pingüinos no pueden hacer un nido en la roca, necesitan cavar uno en profundidad donde esconder los huevos y las crías que han de nacer –algunos pingüinos desconfiados cavan incluso un túnel-.

Pingüinera de Punta Tombo, Chubut 20211201
En la Estancia San Lorenzo los recorridos son libres, pero siempre con guía.

Si bien los pingüinos mandan en Punta Tombo, sobre ellos se impone otra ley superior: la natural.

En este paraíso, los Pingüinos Magallanes no están solos. Junto a ellos hay ovejas y guanacos compitiendo por un manjar, el jume, una hierba suculenta que crece por todas partes, el plato más rico del monte patagónico que los terrestres mastican durante todo el santo día. En este comedero, ovejas, guanacos y pingüinos son amigos. Los zorros, no.

Punta Tombo 20211221
Con los guanacos, todo bien, hasta que les tocan un nido.

El peligro caerá del cielo: hay gaviotas grises, gaviotas australes, patos vapor, palomas antárticas, cormoranes reales, cormoranes roqueros y sobre todo, las temibles skúas y los petreles, los enemigos número uno de los pingüinos: les roban los huevos, les roban los pichones.

 

Pingüinos: amor por conveniencia

“Primero llegan los machos, como les decía… si cuando partieron hace seis meses dejaron un buen nido, los pingüinos, que tienen una memoria increíble, aun 200 kilómetros mar adentro nadarán hasta el punto exacto en donde deben subir a tierra para encontrarlo. Si el nido resultó ser malo, buscarán otro o harán uno nuevo, más protegido. Eligen un lugar, cavan con las pezuñas, lo acondicionan con ramitas y espinillos, generalmente a la sombra fresca de alguna planta de jume”, describe Vanesa.

“A los 15 días llegan las hembras. Los machos graznan para llamarlas y, desde el mar, ellas identifican ese cuerno de la abundancia. Son fieles, pero ellas buscan nidos, no pingüinos. Si el nido está ocupado por otro, salta todo el machismo de los pingüinos para expulsar a los intrusos”, continúa el relato épico.

Punta Tombo 20211221
Los pingüinos tuvieron que aprender a convivir con la curiosidad de los otros.

“Luego de aparearse, en octubre la hembra pone dos huevos y los dos pingüinos hacen todo juntos: durante 42 días, macho y hembra incuban los dos huevos; deben mantenerlos a 36º C y sobre todo protegerlos de los peligros”, relata y curioseamos por los nidos como inspectores del INDEC.

“De los dos huevos, casi siempre sobrevive uno solo. Los padres hacen turnos de dos o tres días: mientras uno se queda cuidando a la cría en ayunas, el otro se va al mar para buscar comida. Se internan aguas adentro, se llenan un conducto digestivo de comida y luego regresan al nido y regurgitan el contenido en los picos de los pichones que se les acercan para alimentarse; el que no se acerca no come y morirá. Selección Natural”, aclara Vanesa.

 

Pingüinos gourmet

“Acá un pingüino tiene que alejarse 400 kilómetros de la costa para conseguir buena comida; no comen cualquier cosa, buscan alimento de calidad y se sumergen hasta 75 kilómetros para encontrarla. Por eso se van a El Pedral, que en 1998 comenzó a recibir pingüinos y ahora tiene una colonia de 11.000 parejas. En La Caleta ya hay 90.000 parejas. Los pingüinos se mueven, van buscando buenos lugares”, razona Vanesa en voz alta.

-“Este nido está vacío!”, observa alguien. “Si la pareja no volvió es porque murió. Y un zorro o cualquier depredador se llevó los huevos. 
-“Acá hay como cinco pichones, negros y chiquitos”, señala otro turista. “Los pichones que se quedan solos, hacen colonias para sentirse más seguros. Si los padres se fueron durante tres días, son muy vulnerables. Los pingüinos están el 80% de su tiempo en el agua, nadando a 25 kilómetros por hora. Y en el mar también hay muchos peligros: focas leopardo, lobos de dos pelos y orcas por supuesto.”, dice y aumenta el suspenso.

En algún momento, los padres dejarán de alimentarlos, para que aprendan a desenvolverse solos. Ese período es durísimo para la cría, están muertos de hambre, pero los padres no aflojan; tienen que crecer y los obligan a irse, abandonar el nido para que la especie siga su rumbo.

Punta Tombo 20211221
La visita a la Estancia San Lorenzo concluye con un almuerzo de cordero patagónico.

Al cumplir un año, les aparece un anillo blanco, un collar alrededor del cuello . Poco después, cuando la glándula uropigial del pichón produce aceite, él mismo ya está en condiciones de recogerla con el pico y untarse la piel para impermeabilizarse y resistir el frío del agua de mar. Las hembras alcanzan la madurez sexual a los 4 años; los machos, a los 5. El pingüino no tiene más excusas y está preparado para dejar el nido de una vez rumbo a su nueva misión.

Así, el ciclo de la vida se repetirá durante 30 años. Y a mediados de septiembre volverán al nido en donde todo funcionó. Así se perpetúa la especie.

 

Pingüinos de Península Valdés

Al salir de la pingüinera, se impone un almuerzo buffet con vista al mar, junto al inmenso Centro de Visitantes Luigi La Regina, otro imperdible de la visita a Punta Tombo. El Centro de Visitantes funciona hace 11 años y Susana Giménez es la madrina.

Otra opción para ver pingüinos es contratar un tour de día completo a la pingüinera de la Estancia San Lorenzo. Desde Puerto Madryn, se toma hacia el norte la RP 1 y luego se continúa por la RP 2 hasta llegar al ingreso de la península, cruzando el Istmo Ameghino, en donde funciona un hermoso Centro de Visitantes.

Este lugar es la franja de tierra más estrecha de la Península Valdés; hacia el sur se encuentra el Golfo Nuevo y, al norte, el Golfo San José.

Punta Tombo-20211222
Centro de Visitantes de Punta Tombo; Susana Giménez es la madrina del sitio.

Aunque es un espacio privado, la Estancia San Lorenzo es una Reserva Natural dentro del Área Natural Protegida Península Valdés, a 160 kilómetros de Puerto Madryn.

Por cantidad de nidos, es la segunda colonia de pingüinos de Chubut. Puede visitarse entre el 7 se septiembre y el 31 de marzo de cada año. Además tiene una playa de canto rodado por donde caminan libremente pingüinos y visitantes; algunos de los dos también podría encontrar fósiles marinos.

En Estancia San Lorenzo no hay tarimas de acceso y se camina entre los nidos. En el comedor donde se hace la esquila, se almuerza exquisito cordero patagónico (circa $4000 por día partiendo de Puerto Madryn).

Una propuesta similar ofrece la visita a la Estancia El Pedral, sobre el extremo sur del Golfo Nuevo, donde la costa se abre al Mar Argentino y la vista vale por sí misma tantas horas de viaje. Además de actividades de estancia, esta opción incluye pileta de natación y la visita al faro Punta Ninfas.

5 cosas más para interpretar a los pingüinos magallánicos

  • Cuando levantan las aletas, se están refrescando
  • Son aves pero no pueden volar; rebuznan como burros y nadan a 25 kilómetros por hora y bucean a 75 metros de profundidad.
  • Les gusta Punta Tombo sencillamente porque es tranquilo y la costa rocosa, pero con sedimentos, les permite cavar nidos seguros. Otra gran ventaja: llueve muy poco –una inundación borraría del mapa sus nidos-.
  • Tienen alma de gordos y, cuando salen a comer a altamar, guardan todo el krill, las anchoas y las merluzas que pueden en un conducto digestivo especial. Al regresar al nido, regurgitan el contenido en el pico de la cría que se acerca a comer. 
  • Cuando comen tragan tanta agua salada que necesitan expulsarla…. ¿Pero por dónde? Por unos orificios cerca de los ojos, glándulas que funcionan como válvulas.

MM / ED