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La Salud de León XIV

Interesante análisis: "Papas y enfermedad, del secretismo absoluto a la transparencia"

El periodista y escritor italiano Lucio Brunelli detalló, a partir de la evolución de los últimos pontificados, cómo cambió la manera en que el Vaticano comunica los problemas de salud de los pontífices, a contramano del secreto de otros tiempos.

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Vaticano | Vatican News

La decisión de León XIV de anunciar al mundo que deberá someterse a una intervención para extirpar un nódulo pulmonar volvió a poner en primer plano una cuestión histórica para el Vaticano: cómo informar sobre la salud de un papa sin vulnerar su intimidad ni alimentar especulaciones. El tema es abordado por el periodista y escritor italiano Lucio Brunelli en un análisis publicado en el sitio Controluce | Contraluz, dirigido por Alver Metalli, periodista y escritor italiano radicado en la Argentina. Tanto Brunelli como Metalli, vale resaltarlo, son profundos conocedores de los entretelones del Vaticano.

El artículo, titulado “Los papas y la enfermedad: del hermetismo absoluto a la transparencia. ¿Y ahora?”, propone una reflexión sobre la evolución de las prácticas informativas vinculadas con la salud de los pontífices. El interrogante central es cómo se modificó la relación entre la enfermedad, la comunicación institucional y el conocimiento público de lo que sucede con quienes encabezan la Iglesia católica.

Reproducimos, entonces, el interesante artículo de Brunelli:

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"Un papa está bien hasta que muere". Este era el lema que se oía, con una sonrisa, de los ancianos monseñores de la curia hasta hace unas décadas. Pero el silencio y los secretos que rodeaban la salud de los papas quizás eran sostenibles en tiempos pasados, cuando no había periódicos ni televisión. La historia de los últimos setenta años, desde Pío XII en adelante, nos enseña, en cambio, que la falta de información transparente alimenta un sinfín de rumores en la prensa y la búsqueda de exclusivas, a veces desagradables. El caso más macabro fue la publicación, en 1958, de fotografías de un Pío XII moribundo, filtradas a la prensa a cambio de dinero por el médico personal del papa Pacelli.

En la Iglesia, se creía que compartir públicamente el estado de salud de un Papa con los fieles era una señal de indiscreción hacia él y, en última instancia, menoscabaría la sacralidad de la figura del Sucesor de Pedro, quizás haciéndolo "humano, demasiado humano". Incluso Juan XXIII, un Papa bondadoso y franco, tuvo que someterse de alguna manera a esta ley no escrita. Ya el 28 de octubre de 1962, Roncalli anotó en su diario los primeros síntomas de la enfermedad, un tumor de estómago, que le causaría la muerte. Pero solo unos días antes de su fallecimiento, el 3 de junio de 1963, el Vaticano informó al mundo del empeoramiento de su estado mediante la publicación de varios comunicados oficiales.

Juan XXIII, el “papa bueno”
Juan XXIII

La hospitalización eran un tabú

En aquella época, la hospitalización seguía siendo un tabú. Un papa no podía acabar como un simple mortal en la sala de un hospital. Cuando Pablo VI, un papa culto y moderno, necesitó una operación por una hiperplasia prostática benigna, ahora común, los médicos tuvieron que habilitar un quirófano dentro del palacio apostólico. Un artículo exclusivo de un periódico romano en 1967 anunció los preparativos para la operación.

En lo que respecta a la salud de los papas, la repentina muerte de Juan Pablo I distó mucho de ser un ejemplo de transparencia. Los rumores de un posible envenenamiento también se nutrieron de las pequeñas e insignificantes mentiras que acompañaron las primeras declaraciones oficiales. Se decía que el secretario de Luciani había sido el primero en descubrir el cuerpo del papa. Posteriormente, se admitió que una monja había sido la primera en entrar en su habitación. La decisión de no realizar una autopsia dejó incluso a los más escépticos cuestionando la verdadera causa de la muerte.

Juan Pablo I
Juan Pablo I

Ni Juan XXIII ni Pablo VI anunciaron públicamente los tratamientos a los que se someterían. Montini habló públicamente sobre ello tras la operación, únicamente para tranquilizar a los fieles y agradecerles su apoyo. Todo cambió con la elección de Karol Wojtyla. Las graves heridas sufridas en el atentado del 13 de mayo de 1981 no podían tratarse en la intimidad de los palacios sagrados. La cirugía era urgente; Juan Pablo II corría peligro de muerte. La hospitalización en la Policlínica Gemelli era imprescindible. En aquella dramática circunstancia, nació un vínculo profundo y duradero con la Gemelli. Wojtyla la denominó «Vaticano III», en referencia a San Pedro y a la residencia de verano de Castel Gandolfo. De hecho, pasó allí 153 días ingresado. Nueve hospitalizaciones en total. Juan Pablo II fue también el primer papa de la historia en anunciar su inminente hospitalización. En el Ángelus del 12 de julio de 1992, confió que esa misma noche se trasladaría al Hospital Gemelli para someterse a «algunas pruebas diagnósticas». A diferencia del anuncio de León XIV de ayer, no especificó la naturaleza de la enfermedad, pero tres días después, el 15 de julio, se informó a los periodistas que el papa se había sometido a una cirugía para extirpar un tumor benigno de colon. Fue el comienzo de una glasnost sanitaria, considerada excesiva por algunos cardenales de la curia y aún demasiado cautelosa por algunos medios de comunicación. Pasó algún tiempo antes de que el Vaticano confirmara el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson que aquejaba al papa. «Cuando quiero noticias sobre mi salud, leo los periódicos», bromeó el papa Wojtyla.

Benedicto XVI nunca fue ingresado como paciente en el Hospital Gemelli. No lo necesitó, entre otras cosas porque, al sentir que el peso del pontificado ya no era soportable para su salud, decidió renunciar, y lo hizo de la manera más extraordinariamente transparente imaginable. Si bien rechazó cualquier sensacionalismo del sufrimiento, el Papa Francisco siempre mantuvo informados a los fieles de cada paso que se disponía a dar en su salud, comenzando con su primera hospitalización, en julio de 2021, para una cirugía de colon. El Papa León XIV, con su estilo sobrio y sereno, parece seguir los pasos de sus predecesores.

HB