Del cine al turismo: cómo las producciones audiovisuales transforman el mapa de los viajes
Luis Quevedo, gerente general de EUDEBA, analizó el impacto del cine, las series y la cultura como motores indirectos del turismo y el desarrollo económico.
La reciente decisión del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid de financiar una nueva película de Woody Allen volvió a poner en debate el vínculo entre cultura y turismo. El acuerdo, que prevé una inversión de 3 millones de euros, apunta a que la ciudad sea protagonista del film como parte de una estrategia de promoción internacional.
Para Luis Quevedo, gerente general de Eudeba, el fenómeno no es nuevo, pero sí cada vez más evidente.“No existe ninguna manera de medir de forma concreta el impacto que las producciones audiovisuales tienen sobre la elección directa de los turistas”, explicó. Sin embargo, aclaró que la falta de métricas no invalida la relación: “Si bien no se puede medir científicamente, hay una relación directa que es innegable”.
El ejemplo más citado es el de La Casa de Papel en España. “Nadie fotografiaba el edificio del Banco de España antes de la serie y hoy es imposible pasar por ahí sin ver turistas sacándose fotos”, señaló Quevedo. Casos similares se repiten en Italia con series recientes filmadas en locaciones icónicas.
Series, ciudades y millones de visitantes
Italia y España reciben más de 100 millones de turistas por año, cifras que superan ampliamente a las de Argentina. Aun así, ambos países continúan financiando producciones culturales. “Aunque muchos ciudadanos están cansados del turismo, sigue siendo una fuente de ingresos tan importante que los gobiernos siguen invirtiendo en cine y series para mostrar sus ciudades”, destacó.
Según Quevedo, el caso de la serie Ripley es paradigmático: “Las locaciones de la Costa Amalfitana, Capri o Roma hoy son visitadas como nunca antes”. Aunque no se pueda determinar cuántos turistas viajan exclusivamente por una serie, el efecto derrame es claro.
En contraste, Argentina recibe alrededor de 8 millones de turistas extranjeros por año. Para el especialista, ahí hay una oportunidad desaprovechada. “El turismo es uno de los sectores de nuestra economía que tenemos bastante olvidados y que deberíamos promover en el mundo”, afirmó.
Producción cultural: una inversión estratégica
Quevedo remarcó que la visibilidad internacional está directamente ligada a la cantidad de contenidos producidos. “En el catálogo de Netflix hay entre 100 y 120 producciones argentinas, mientras que las españolas superan las 650”, comparó. Y remarcó: “Hay que producir para que nos miren, para mostrarnos”.
La lógica no se limita al audiovisual. “Esto también pasa con los libros, la música, los recitales y otras propuestas culturales que pueden ser una fuente de ingresos muy importante para un país como el nuestro”, sostuvo.
En el plano literario, recordó que Buenos Aires ya ofrece circuitos vinculados a Borges y Cortázar. “Existe un turismo lector que busca descubrir los lugares que aparecen en los libros”, explicó, y subrayó que la inversión cultural debe entenderse como una apuesta a largo plazo.
“Los dineros que se ponen en producción de contenidos culturales hoy son una inversión, no un gasto”, concluyó.
También te puede interesar
-
Aldo Elías: “Fue una buena temporada comparada con la del año pasado”
-
Orlando Ferreres sobre la medición de la inflación: “No hay diferencias sustanciales entre los viejos y los nuevos ponderadores”
-
Roberto Bacman: “Ninguna reforma laboral te va a dar más trabajo, lo que da trabajo es la reactivación”
-
José Castillo: “Esta montaña de vencimientos es imposible que se pague sólo acumulando reservas”
-
Eugenia Muzio: “Lo que cambia es el peso del gasto con el que se mide el IPC”
-
Carlos Fara sobre la reforma laboral: “Hoy el Gobierno no puede asegurar que tenga quórum”
-
Claudio Loser sobre la nueva medición del INDEC: “Lo tienen que empezar a hacer, porque es mucho más realista”
-
Caso Epstein, Trump y el poder bajo sospecha: un escándalo sin precedentes en EE.UU
-
Volatilidad global, dólar calmo y oportunidades locales: cómo leen los mercados el 2026