CERCA DEL "PUNTO DE INFLEXIÓN"

El descenso crítico de salinidad en el Atlántico presagia el colapso de la Corriente del Golfo

Un hallazgo científico revela que una región clave del Atlántico ha perdido el 30% de su salinidad, una señal ominosa que apunta al inminente colapso de la Corriente del Golfo.

Erin, el primer huracán de la temporada, gana fuerza en el Atlántico. Foto: AFP

Un estudio oceanográfico reciente encendió las alarmas climáticas al documentar que una de las regiones más saladas del Océano Atlántico ha experimentado una reducción del 30% en su nivel de salinidad.

Este fenómeno, impulsado por el derretimiento acelerado de los glaciares y el aumento de las precipitaciones en latitudes altas, afecta directamente a la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC), de la cual forma parte la Corriente del Golfo.

El descenso en la densidad del agua dulce impide que las corrientes cálidas se hundan y regresen al sur, un proceso vital que actúa como la "cinta transportadora" térmica del planeta. De romperse este equilibrio, las consecuencias para el clima de Europa y América del Norte podrían ser catastróficas e irreversibles.

Esta transformación química no es un evento aislado, sino un indicador crítico de que el sistema de circulación oceánica se está acercando a un "punto de inflexión".

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Los científicos advierten que la entrada masiva de agua dulce está diluyendo la "salmuera" necesaria para mantener el motor oceánico en marcha, lo que sugiere que el colapso de la AMOC podría ocurrir mucho antes de lo previsto en los modelos climáticos anteriores.

La estabilidad de la Corriente del Golfo depende de una delicada coreografía entre la temperatura y la salinidad, conocida como circulación termohalina.

En condiciones normales, el agua salada y densa se enfría en el Atlántico Norte y se hunde hacia las profundidades, permitiendo que el agua cálida de los trópicos fluya hacia el norte para ocupar su lugar. Es este proceso el que otorga a Europa Occidental un clima notablemente más templado que otras regiones en la misma latitud.

Sin embargo, el nuevo hallazgo de una pérdida del 30% de salinidad altera esta ecuación fundamental. El agua dulce es menos densa que el agua salada; al acumularse en la superficie, actúa como una "tapa" que impide que el agua se hunda.

Si el hundimiento se detiene, la corriente se estanca. "Estamos observando una alteración de la firma química del océano que no tiene precedentes en los registros históricos modernos", señalan los investigadores, sugiriendo que el sistema está perdiendo su resiliencia.

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Consecuencias de un mundo sin la Corriente del Golfo

Un colapso de la AMOC no significaría simplemente inviernos más fríos; representaría una reorganización total de los biomas terrestres. Según el análisis de impacto derivado del estudio, la interrupción de esta corriente provocaría un descenso abrupto de las temperaturas en Europa, con caídas de hasta 10°C en pocas décadas.

Al mismo tiempo, el calor atrapado en el hemisferio sur intensificaría las sequías y los monzones en regiones tropicales, alterando la seguridad alimentaria mundial.

"No estamos hablando de un cambio gradual que podamos gestionar con facilidad; estamos hablando de un cambio sistémico que alteraría las precipitaciones globales y elevaría el nivel del mar en la costa este de Estados Unidos de manera desproporcionada", advierte el reporte científico.

Además, el estudio destaca que el aumento del nivel del mar no sería uniforme. Al detenerse la corriente que "empuja" el agua lejos de la costa, ciudades como Nueva York, Boston y Miami verían una inundación acelerada, agravada por la expansión térmica del océano estancado.

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Este descubrimiento subraya la urgencia de reevaluar las metas de emisiones globales. La desalinización del 30% es un síntoma claro de que el Ártico está vertiendo agua dulce a un ritmo que el Atlántico ya no puede procesar. La comunidad científica insiste en que, una vez que se cruza el umbral del colapso de la AMOC, no existe una tecnología humana capaz de "reiniciar" el motor oceánico.

La importancia de este hallazgo reside en su capacidad de predicción. Si bien el colapso total podría tardar décadas en materializarse, las señales de inestabilidad ya están aquí.

La vigilancia oceánica y la reducción drástica de contaminantes climáticos son las únicas herramientas disponibles para evitar que la Corriente del Golfo se convierta en un recuerdo histórico, dejando a gran parte del hemisferio norte en un congelamiento profundo y permanente.

ds