Libertad de expresión y ataques en redes

“A la larga se afecta el derecho a la información: las víctimas no son solo los periodistas, también la sociedad”

El proyecto de FOPEA “El insulto como estrategia” analizó los posteos de Javier Milei en X y detectó y clasificó las ofensas del Presidente. Paula Moreno Román, periodista e integrante de la comisión directiva del Foro, advierte que el agravio funciona como mecanismo de amedrentamiento y que el daño final recae sobre el derecho social a la información.

Paula Moreno Román Foto: Paula Moreno Román

Para Paula Moreno Román del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA), el informe que repasa los insultos del presidente Javier Milei a través de la red social X permite leer algo más profundo que un problema de modales. La hipótesis es que el insulto y la estigmatización cumplen una función política: erosionar la legitimidad del periodismo como actor social y correr de la cancha a quienes pueden ofrecer miradas críticas o interpelar al poder. En esa lógica, no se discuten ideas sino que se busca desacreditar a quien pregunta, investiga o incomoda.

El trabajo toma tuits y retuits. Y ese detalle importa: cuando el Presidente reposta mensajes agresivos, la investigación interpreta que los incorpora y los amplifica. Moreno Román describe un mecanismo que se repite: un planteo desde la cúspide política activa luego una tanda de cuentas que refuerza el mensaje, individualiza periodistas y eleva el tono. El resultado no es solo ruido: es un clima que disciplina.

La entrevistada sostiene que el primer objetivo es quien investiga o critica: desgastarlo, aislarlo, volver el trabajo “agobiante” y empujar a la autocensura. Pero subraya un punto clave: el efecto se expande. Cuando se logra silenciar o intimidar, se afecta el derecho a la información de la sociedad. En su planteo, el daño deja de ser corporativo: es institucional.

Del insulto al método: cuando la agresión ordena la conversación pública

- ¿Qué demuestra este informe sobre cómo se ejerce el poder hoy en Argentina desde redes, además de los “malos modales”?
- Con este informe entendemos que se habla de una manera de ejercer el poder en Argentina, y quizás un poco más allá. Tiene que ver con el fondo de la cuestión. Y el fondo es provocar una cancelación del periodismo, de voces que puedan generar alguna postura crítica o invitar a leer desde otras miradas la realidad política argentina. Por eso la conducción política nacional y cuentas afines son protagonistas del agravio en estos tiempos.

- ¿Cómo midieron o describieron el “permiso” que baja desde el vértice del poder hacia militantes, trolls, dirigencia, funcionarios y medios?
- Es un relevamiento de tuits del Presidente: más de 100.000, y también aparecen los retuits. La investigación entiende que hace propios los dichos de diferentes cuentas, muchas anónimas, en tonos muy agresivos. Después vemos estrategias: el Presidente -o un funcionario u organismo- plantea un tema y aparecen tandas de cuentas que enfatizan el discurso, individualizan a periodistas y escalan el tono. Hay una relación clara con lo que plantea el Presidente o funcionarios próximos.

- ¿Es “estilo Milei” o es un modelo exportable?
- En el informe mencionamos el mentir constante para generar desconfianza, que nadie crea más. Eso se vincula con cuestionar, castigar, desacreditar, estigmatizar y sembrar desconfianza. En la maraña enorme de información, la gente termina diciendo: “algo de esto habrá”. Y se ataca al periodismo como concepto e institución para sacar de juego a quienes pueden interpelar al poder. Los periodistas con mayor credibilidad o ascendencia son los más cuestionados. A veces de forma directa; a veces con otras mecánicas, como hackeos. El objetivo final es el amedrentamiento.

- Ven correlación entre decisiones sensibles y picos de insulto. ¿Cómo lo leen?
- Es fácil discutir con un periodista porque ponés en el centro a una figura conocida y corrés el radar hacia ese lugar, alejándolo de otros temas. Puede funcionar como operación de agenda o como estrategia de encuadre. Depende de la situación.

- Si el insulto es estrategia, ¿a quién apunta?
En primera instancia, al periodista, a quien investiga: es agobiante para él y su entorno, con exposición judicial y económica. Y con insistencia se puede generar desgaste, más si viene de figuras institucionales. Pero a la larga se afecta el derecho a la información: las víctimas no son solo los periodistas, también la sociedad.

- ¿Qué cambia cuando se instala “periodistas enemigos”?
El riesgo institucional está en que el reordenamiento se da a partir de lo que el Gobierno impone: entrevistas a quien elige. No hay espacios abiertos para encontrar a un ministro y hacerle consultas. Así se dificulta corroborar datos con fuentes oficiales. En esta investigación buscamos respuesta del vocero y del jefe de Gabinete y no hubo. Las investigaciones son para la sociedad: que no importe contestar es grave.

El negocio del conflicto

- ¿Qué le piden a X y qué es realista pedir en Argentina?
Se lo pedimos a X y a las redes: transparencia algorítmica, moderación, acceso a datos. Hay narrativas extremistas y divisorias sin moderación. Y esto depende en buena medida de decisiones globales: en Argentina hoy no vemos chances de que prospere.

- Más allá del insulto, ¿qué pasa con el “for you” o “para vos” en X?
Lo evaluamos con preocupación. Es un gran negocio. Las plataformas son empresas y el insulto también es un negocio dentro de las plataformas.

- En un año sin elecciones, ¿qué señales mirar?
- Esperamos que baje el nivel de agresiones. La agresión no debe ser el modo. Miraría si esto sigue en estos términos y la reacción de la sociedad. Bajaron porcentajes, pero no desaparecieron: se siguen repitiendo casos.

- Si no alcanza con “no responder”, ¿qué debería hacer el sistema? ¿Cuál es el piso mínimo?
- Profundizar investigaciones que desnuden esta mecánica y la muestren con precisión y datos. Este informe es una herramienta concreta. Hay que investigar, mostrar datos y trabajar narrativas para que el mensaje llegue. El piso mínimo es una convivencia donde sostengamos diferencias y podamos conversarlas sin que el agravio sea el método.