Ariel Guarco: “El cooperativismo puede disputar el poder real en el mundo”
El presidente de la Alianza Cooperativa Internacional pasó por Córdoba y participó, en Villa Dolores, de la inauguración del parque solar cooperativo más grande de América Latina. Defiende un modelo económico basado en la comunidad, la democracia y el desarrollo territorial.
Ariel Guarco habla sin muletillas, con la seguridad de quien viene sosteniendo la misma discusión en distintos rincones del mundo. No es un dirigente sectorial más: desde 2017, el argentino preside la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), la entidad que nuclea a más de mil millones de cooperativistas en todo el mundo, y se mueve con naturalidad entre los organismos internacionales y las economías regionales.
Su paso por Córdoba tuvo un motivo concreto: participar en Villa Dolores de la inauguración del Parque Solar Fotovoltaico Cemdo 1, desarrollado por la Cooperativa Eléctrica Mixta del Oeste Limitada (Cemdo) con financiamiento del Banco de Córdoba. El emprendimiento ocupa 22 hectáreas y cuenta con 20.500 paneles solares bifaciales capaces de generar más de dos millones de kilovatios mensuales destinados a buena parte del Valle de Traslasierra. Según sus impulsores, se trata del parque solar más grande de América Latina desarrollado por una cooperativa.
Pero, antes de viajar hacia el oeste provincial, Guarco pasó por los estudios de Puente TV, donde participó del programa “Compromiso Francisco”, y dejó una definición tras otra sobre el lugar que el cooperativismo busca ocupar en un escenario global atravesado por la concentración económica, la crisis de representación y el debilitamiento de los organismos multilaterales.
—En un mundo donde la concentración económica parece inevitable, ¿el cooperativismo es realmente una alternativa de escala o sigue siendo visto como algo marginal?
—El cooperativismo agrupa a más de 1.200 millones de personas en todo el mundo, genera más de 300 millones de puestos de trabajo directos y reúne a más de tres millones de empresas que, en conjunto, equivalen a la quinta economía del planeta. La diferencia es que nosotros no concentramos ese poder: lo desagregamos. Tenemos presencia en miles de economías locales que sostienen pueblos, empleo y desarrollo. Somos mucho más que un modelo alternativo. Somos una de las respuestas que está esperando la humanidad.
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—¿Qué implica, en términos concretos, una economía “centrada en las personas”?
—El papa Francisco decía: “Nadie se salva solo”. Nosotros lo vivimos todos los días. Cuando la economía no está al servicio de las personas, mata. Nuestro propósito es que esté al servicio del trabajo, del desarrollo local y de empresas con valores. En los últimos años encontramos cada vez más receptividad en muchos gobiernos. La ONU declaró 2025 como Año Internacional de las Cooperativas y eso fortaleció una agenda que ya venía creciendo: la de modelos económicos menos vulnerables y más vinculados a la construcción de comunidad.
—¿Qué deberían hacer los Estados para convertir al cooperativismo en una parte estructural de la economía?
—Muchos países están generando ecosistemas cooperativos como estrategia de crecimiento. Hace poco más de un año tuve un encuentro con Narendra Modi, el primer ministro de India, quien nos invitó a participar de la creación del Ministerio de la Cooperación. India construyó buena parte de su desarrollo apoyándose en tres grandes cooperativas vinculadas a fertilizantes, producción láctea y organización de mujeres empresarias. Naciones Unidas también viene recomendando marcos regulatorios favorables para el sector.
A medida que avanza la conversación, Guarco se detiene cada vez menos en la dimensión empresarial del cooperativismo y más en su potencial político y social. La idea aparece con claridad cuando habla de conflictos internacionales.
—¿El cooperativismo puede intervenir también en escenarios atravesados por la violencia o la guerra?
—Tuve la posibilidad de visitar Ruanda 25 años después del genocidio. Allí se mataron entre hermanos porque alguien les hizo creer que debían odiar a los de la otra tribu. El país quedó destruido hasta que entendió que la competencia lo llevaba a un callejón sin salida y que la cooperación podía convertirse en una salida colectiva. Hoy Ruanda exhibe algunos de los mejores estándares de vida de África y una economía mucho más sostenible.
—Entonces, ¿el cooperativismo puede disputar poder real o está condenado a ocupar un lugar marginal?
—Estoy convencido de que puede disputar poder real. Pero para eso tenemos que ser capaces de describirnos con todo el potencial que tenemos. Si no lo hacemos nosotros, otros nos describen como algo marginal o vulnerable. Acabo de llegar de una reunión con 18 países de los Balcanes. De esos 18, había 10 con conflictos entre sí. No había diplomacia capaz de sentar a sus gobiernos en una misma mesa. Y, sin embargo, nosotros estábamos ahí generando negocios y vínculos entre cooperativas de esos países. Esa diplomacia civil es una respuesta concreta frente a eso que el papa Francisco llamó “la Tercera Guerra Mundial en cuotas”.
—La pérdida de influencia de los organismos multilaterales, ¿afecta al movimiento cooperativo?
—Cuando uno conversa con los máximos representantes de esos organismos percibe que saben que hoy son menos escuchados. También perciben que mucha gente empezó a dudar de si la democracia sigue siendo una forma eficaz de organización social. Yo creo que sí. El cooperativismo ha demostrado que se pueden gestionar empresas y decidir democráticamente qué hacer con el excedente que generan. El problema es que hoy hay enormes intereses trabajando en sentido contrario: hacia el individualismo.
—¿Esa disputa se está perdiendo?
—Creo que los modelos dominantes no están dando las respuestas que la sociedad espera. Por eso cada vez se vuelve a mirar a modelos de desarrollo que no sólo buscan crecimiento económico, sino también desarrollo social, cultural y ambiental, con una mirada sostenible y respetuosa de las personas.
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—¿Y qué lugar ocupa Argentina dentro de esa discusión?
—En Argentina, entre cooperativistas y mutualistas, somos 25 millones de personas (N. de R: la cifra incluye a quienes participan o reciben servicios de cooperativas y mutuales, lo que representa alrededor del 60% de la población y supera el promedio mundial). Gestionamos empresas exitosas y muchas veces nos quedamos dentro de nuestras propias redes. Tenemos que salir de esa comodidad y construir vínculos con sindicatos, universidades, cultos y el Estado para pensar una economía más inclusiva y menos dominada por modelos basados exclusivamente en el individualismo.
El modelo cooperativo cordobés
El crecimiento político e institucional del cooperativismo en Córdoba se consolidó en los últimos años al punto de convertir a la provincia en uno de los principales polos del sector en el país. La presencia cooperativa resulta decisiva sobre todo en el interior provincial, donde muchas entidades sostienen servicios esenciales como agua, energía eléctrica, internet, transporte y saneamiento en localidades donde el sector privado tradicional históricamente mostró escasa presencia.
Ese proceso también empezó a traducirse en estructura política. Desde diciembre de 2023, Córdoba cuenta con un Ministerio de Cooperativas y Mutuales, actualmente conducido por Gustavo Brandán, con el objetivo de fortalecer al sector como actor productivo estratégico.
En esa misma línea, el Gobierno provincial y la Universidad Nacional de Villa María lanzaron días atrás el Primer Censo Provincial de Cooperativas y Mutuales 2026, un relevamiento destinado a determinar la cantidad exacta y la distribución territorial del sector. Los registros previos contabilizaban más de 1.400 cooperativas y más de 400 mutuales en toda la provincia. A eso se suma la creación del Observatorio de Cooperativas y Mutuales, la puesta en marcha de la primera Escuela de Cooperativas y Mutuales del país en el Campus Norte de la UNC y el desarrollo de la Red de Municipios Cooperativos y Mutuales.
En un contexto de retracción económica y crisis de representación, el cooperativismo cordobés busca consolidarse no sólo como un prestador de servicios, sino también como una estructura de poder territorial cada vez más relevante.
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