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EDUCACIÓN

“Si los chicos tienen malos aprendizajes, es más posible que tengan incertidumbre sobre su futuro laboral”

Un informe de “Argentinos por la Educación” reveló que el 52% de los jóvenes argentinos no tiene claro qué quiere hacer laboralmente cuando sea adulto. La caída de los aprendizajes, la incertidumbre económica y el impacto de la tecnología aparecen como algunos de los factores detrás de un fenómeno que se profundizó en los últimos años.

Educacion secundaria
Apenas el 10% de los jóvenes llegaron al último año de la secundaria en el tiempo previsto. Casi un 40% menos que hace 6 años. | CEDOC / Perfil

La incertidumbre dejó de ser solamente una característica de la economía argentina para convertirse también en una marca generacional. Según un nuevo informe de Argentinos por la Educación, elaborado junto a especialistas de la OEI y el CONICET, más de la mitad de los adolescentes argentinos no sabe qué quiere estudiar ni cómo imagina su futuro laboral. El dato surge del análisis de las pruebas PISA y encendió una señal de alarma sobre el vínculo entre la educación, los aprendizajes y las expectativas de los jóvenes.

“El principal dato es que la mitad de los chicos no saben qué quieren hacer de su futuro”, explicó Massimiliano Pisani, analista de Relaciones Gubernamentales de Argentinos por la Educación. Según detalló, la incertidumbre creció casi 30 puntos porcentuales en apenas cuatro años: pasó de 22% en 2018 a 52% en la última medición.

El trabajo analizó las respuestas de adolescentes de 15 años sobre cómo se imaginan laboralmente cuando tengan 30. Y aunque el fenómeno también aparece en otros países, en Argentina el crecimiento fue mucho más fuerte. Mientras en los países de la OCDE la incertidumbre subió del 25% al 40%, en el país el salto fue mucho más pronunciado.

Aprendizajes y crisis

Para Pisani, el problema no puede analizarse separado del deterioro educativo que muestran distintos indicadores nacionales. El especialista vinculó directamente la falta de claridad vocacional con la caída de los aprendizajes básicos en matemática y comprensión lectora. “Si tienen malos aprendizajes los chicos, es más posible que tengan más incertidumbre sobre su futuro laboral”, sostuvo. Y agregó datos preocupantes: apenas uno de cada cuatro estudiantes de 15 años puede resolver una regla de tres simple y solo 10 de cada 100 terminan la secundaria en tiempo y forma.

El informe advierte además que los adolescentes con mejor desempeño académico suelen mostrar proyectos personales y laborales más claros. En cambio, cuando aparecen dificultades en áreas básicas, la posibilidad de proyectar un camino profesional se vuelve más difusa.

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Pisani sostuvo que Argentina enfrenta una combinación de problemas “del siglo XX y del siglo XXI”. Por un lado, persisten déficits históricos vinculados a alfabetización y calidad educativa; por otro, aparece la presión de los cambios tecnológicos y la inteligencia artificial, que modifican constantemente el mercado laboral.

Tecnología y frustración

Otro de los puntos que llamó la atención del estudio es la escasa diversidad en las aspiraciones laborales de los adolescentes argentinos. Según el relevamiento, el 60% de las respuestas se concentra apenas en diez ocupaciones principales. En el caso de los varones, la profesión más mencionada es la de deportista, algo que Pisani vinculó tanto con aspiraciones culturales como con una posible fuente de frustración futura. “Sabemos que son muy poquitos los que se pueden dedicar a eso”, señaló.

La comparación internacional también dejó otra señal de alerta. Mientras en otros países los jóvenes proyectan carreras vinculadas a ingeniería, informática o perfiles técnicos, en Argentina esas respuestas aparecen con menor frecuencia.

Para el especialista, la expansión de la inteligencia artificial y la velocidad de los cambios tecnológicos profundizan la sensación de incertidumbre. “Hace cinco años se decía que faltaban programadores; hoy muchas empresas saben que parte de ese trabajo puede reemplazarse con inteligencia artificial”, explicó. Sin embargo, Pisani insistió en que el problema no es únicamente tecnológico. También remarcó que un adolescente que no logra desarrollar habilidades básicas difícilmente pueda proyectarse como profesional en áreas complejas. “Si un chico de 15 años no resuelve una regla de tres simple, es difícil que imagine que en 15 años pueda ser ingeniero”, advirtió.

El informe vuelve a poner en discusión un tema de fondo: qué herramientas está ofreciendo hoy el sistema educativo argentino para que los jóvenes puedan imaginar un proyecto personal, laboral y profesional en un contexto atravesado por la crisis, los cambios tecnológicos y el deterioro de los aprendizajes.