Del mecánico de Río Tercero que se fue a pescar al escrache y el “registro de infieles”
El contexto indica que la vida privada parece cada vez más frágil y menos privada. La aparición de un supuesto registro de infieles que expone nombres y comportamientos, pone en jaque a muchas parejas.
Eran los 80 y en una ciudad, Río Tercero, se hizo famosa una anécdota de infidelidad: un conocido mecánico del lugar le dijo a su esposa que se iba “a pescar con unos amigos al Paraná”, una actividad tan normal como habitual en ese grupo. Nada hacía dudar de la veracidad del viaje. Cañas, equipos de pesca, algo de ropa en un bolso y allá fueron.
En esa época no existían las redes sociales, pero sí la televisión y las transmisiones desde distintos puntos del mundo llegaban a los hogares a través de la pantalla. El momento de este relato coincide con los carnavales de aquel año.
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Una de esas transmisiones mostraba los coloridos corsos, desfiles de carrozas y de las escolas de samba en el sambódromo de Rio de Janeiro, con garotas emplumadas que deslumbraban con sus pasos frenéticos y coreografías.
La maldita TV
Y, en medio de ese frenesí carnavalesco apareció el mecánico riotercerense, lejos de sedales, cañas y tanzas de pesca. Tuvo la mala suerte que una de las millones de personas que asistían al espectáculo, TV de por medio, fuera su esposa en Río Tercero.
El final es de imaginar: cuando volvió a su casa, con algún pescado comprado en el viaje de regreso, encontró las maletas en la puerta listas para que siguiera el viaje hacia otros rumbos, pero a esa casa no pudo entrar.
Esta anécdota viene a cuento por cuanto en las últimas semanas, se conoció la creación de un supuesto registro de personas infieles, que expone nombres y comportamientos íntimos y que ha puesto en jaque a más de una pareja consolidada. En un contexto donde la vida privada parece cada vez más frágil, el debate se instaló también en Argentina: ¿qué pasa con la seguridad, la confidencialidad y el cuidado emocional cuando se habla de infidelidad?
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¿Detector de infieles?
Se trata de una especie de búsqueda o detector de infieles, del estilo de algunos clásicos de la TV. Casos recientes como el de la separación pública entre Nicolás Vázquez y Gimena Accardi, o el “Wandagate”, entre muchos otros, son un claro ejemplo en el que la mediatización de cuestiones de índole íntima se vuelven el eje de acaloradas discusiones en lo social: sobre quién tiene razón o qué parte ha gestionado mejor los ‘cuernos’, algo que se entendería como el núcleo de la privacidad de cada pareja.
Hay una plataforma “líder en encuentros extramaritales y no monógamos, pensada por y para mujeres” —así su presentación— llamada Gleeden en la que advierten sobre los riesgos psicológicos y sociales de convertir decisiones privadas en material viral, y refuerzan la importancia de contar con espacios seguros, confidenciales y sin juicios, donde las personas puedan explorar sus vínculos sin miedo a ser exhibidas o señaladas públicamente. Frente a estos sucesos, en Gleeden dicen que “ponen el foco en la protección de datos, la confidencialidad y el control del usuario sobre su información”.
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Florencia Pollicita, sexóloga de Gleeden, ante las innumerables veces en las que alguien comparte en redes que ha tenido un encuentro con una persona famosa —quien generalmente tiene un vínculo de pareja o está casado/a—, rompiendo un poco con el misticismo de la infidelidad, afirma: “Tenemos que abrir una conversación necesaria sobre los riesgos de la exposición pública y la importancia de contar con espacios digitales que prioricen la discreción, el anonimato y el consentimiento”.
Estigmatización pública
En consecuencia, la viralización de un “registro de infieles” toca una fibra sensible: la estigmatización pública de decisiones íntimas. Según Pollicita, el contexto sociocultural argentino sigue asociando la infidelidad a la condena moral, incluso cuando las estadísticas muestran que es una práctica extendida y transversal a edades, géneros y clases sociales.
Las fiestas de fin de año suelen ser un momento de revisión interna. Para algunas personas, eso incluye replantear vínculos, límites y deseos que no siempre encuentran espacio en la pareja tradicional.
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En ese cruce entre intimidad, tecnología y relaciones humanas, la conversación recién empieza. El debate sobre los registros públicos, la privacidad y la infidelidad abre una pregunta más profunda: ¿estamos preparados como sociedad para hablar de vínculos, deseos y límites sin recurrir al escrache o al castigo público?
Lo cierto es que ya queda poco espacio para “hacerla de callado/a”, lo cual muchas veces dificulta la gestión de encuentros paralelos.
Si se aplicara el registro de infieles a la política podría alcanzarse un record Guinnes y hoy, el mecánico de Río Tercero que no superó una “escapada” al carnaval carioca, terminaría siendo escrachado en las redes sociales y sufriría el escarnio de la sociedad riotercerense. O no.
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