Economía real vs. datos macro: por qué el crecimiento no se siente en el bolsillo de los argentinos
Un relevamiento de Monitor Digital advierte que la expansión del PIB no logra traducirse en alivio para los hogares, en un escenario marcado por altas tasas para el crédito y un consumo que no despega.
La economía argentina puede mostrar algunos números positivos en las planillas macroeconómicas, pero la conversación cotidiana parece transitar por otro carril. En agosto, la percepción de los argentinos sobre la situación económica se deterioró de manera generalizada y alcanzó uno de los niveles más negativos de los últimos tres años.
El último informe de Monitor Digital describe un escenario en el que el crecimiento de algunos indicadores no logra traducirse en una mejora concreta de las variables que más impactan en la vida cotidiana: el empleo, los salarios, el acceso al crédito y el poder adquisitivo.
La síntesis del relevamiento es contundente: el PIB puede crecer mientras empeora la percepción de la economía. Durante agosto, el promedio de sentimiento detectado en redes sociales sobre ocho variables económicas pasó de -60 puntos NSR en julio a -76 puntos, una caída cercana al 27% en la intensidad de la negatividad.
Se trata del tercer peor registro de los últimos tres años, apenas por detrás de diciembre de 2023 y en niveles similares a los registrados en abril de este año. Pero el dato que más preocupa no es solamente la profundidad de la caída, sino su simultaneidad.
“El desplome registrado en agosto no es inédito por su nivel, pero sí es extraordinario por su sincronización”, plantea el informe. Las ocho variables relevadas empeoraron al mismo tiempo, configurando una señal de malestar transversal.
El empleo domina la conversación económica
La economía, al menos en el debate digital, parece estar alejándose de las pizarras financieras para concentrarse cada vez más en el bolsillo.
El trabajo representa el 44,1% de todas las menciones económicas analizadas por Monitor Digital, muy por encima de otras variables tradicionalmente centrales como la inflación, la pobreza o el dólar. La explicación está vinculada a la persistencia de señales débiles en el mercado laboral.
Según los datos mencionados en el informe, la tasa de desempleo alcanzó el 7,8% en el primer trimestre, mientras que los registros laborales mostraron caídas mensuales del 0,1% tanto en el empleo registrado total como entre los asalariados privados. La Encuesta de Indicadores Laborales también registró una variación negativa del 0,1% durante junio.
A esto se suma la situación de los salarios. Si bien los ingresos registrados avanzaron 2,4% en junio, por encima de la inflación de ese mes, el sector privado registrado aumentó apenas 1,9%, en línea con el IPC. “Si la expansión no impacta favorablemente en el empleo y en los salarios disponibles, el número macroeconómico tardará mucho más en convertirse en bienestar percibido”, sostiene el análisis.
La recuperación, entonces, enfrenta una dificultad central: puede haber crecimiento agregado sin que ese avance se traduzca de manera inmediata en una mejora visible para una parte significativa de la población.
Crédito e inflación, dos focos de malestar
Entre todas las variables analizadas, el crédito fue una de las que registró el deterioro más pronunciado durante agosto. El sentimiento digital sobre esta variable pasó de -39 a -74 puntos NSR, el segundo peor resultado de toda la serie relevada.
El informe vincula esta caída con la pérdida de dinamismo del crédito en pesos, las elevadas tasas de interés y el aumento de la morosidad. Aunque el crédito agregado en pesos mostró una expansión real desestacionalizada del 1,2% en julio, el impulso estuvo concentrado principalmente en líneas comerciales.
Para las personas, en cambio, el financiamiento continúa siendo costoso. A comienzos de agosto, la tasa promedio para préstamos personales rondaba el 69,5% nominal anual. La consecuencia es una brecha entre la disponibilidad del crédito en términos agregados y la percepción de las familias.
“Hay crédito, pero no necesariamente donde el consumidor lo siente como alivio”, resume el informe. La inflación también volvió a deteriorar las expectativas. La negatividad vinculada a los precios aumentó 74,9% respecto de julio, luego de que el IPC mensual pasara del 1,9% en junio al 2,1% en julio.
La diferencia puede parecer menor frente a los niveles de inflación que atravesó Argentina en los últimos años, pero para la percepción social representa una interrupción en la expectativa de una desaceleración continua. Además, agosto estuvo marcado por nuevos ajustes en servicios, transporte, medicina privada y otros gastos cotidianos.
En ese contexto, la inflación sigue funcionando menos como un indicador estadístico y más como una sucesión de aumentos que presionan sobre el ingreso disponible.
Pobreza y consumo profundizan la percepción negativa
La pobreza terminó agosto con uno de los peores registros del relevamiento: -86 puntos NSR. El deterioro de la percepción coincide con nuevas señales de preocupación sobre la evolución de este indicador. Las estimaciones de la Universidad Torcuato Di Tella proyectan una pobreza del 31,6% para el primer semestre, mientras que otros estudios advierten una desaceleración en la reducción del indicador durante el comienzo de 2026.
El escenario ayuda a explicar por qué el crecimiento económico no genera, al menos todavía, una percepción de mejora generalizada. El consumo continúa siendo uno de los principales puntos débiles.
Las ventas en supermercados y mayoristas registraron una caída interanual del 3,1% en junio, mientras que el consumo masivo retrocedió 2,6% interanual en julio y acumuló una baja del 2,9% durante los primeros siete meses del año.
A esto se suman las dificultades de sectores intensivos en empleo urbano. La construcción cayó 4,1% mensual en junio, mientras que la estimación de la UIA para julio mostró una nueva baja desestacionalizada en la producción industrial.
La economía productiva tampoco mejora en las redes
El malestar no se limita a las variables vinculadas directamente con el bolsillo. El sentimiento promedio sobre las ramas productivas pasó de -38 a -44 puntos NSR durante agosto, un deterioro del 16,8% en apenas un mes.
Seis de las siete actividades analizadas empeoraron. El campo fue la única excepción, al mejorar de -13 a -7 puntos. Sin embargo, la composición de la conversación explica buena parte de la distancia entre el crecimiento macroeconómico y la percepción social.
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Los sectores con mayor presencia en las conversaciones son servicios, industria y finanzas, mientras que actividades como el campo y la minería —que pueden tener un peso importante en la dinámica macroeconómica— representan una porción mucho menor de las menciones.
Así, se produce lo que Monitor Digital define como una especie de “trampa estadística” para la percepción económica. Las actividades que impulsan parte del crecimiento no necesariamente son las que mayor impacto tienen en el empleo urbano, el consumo cotidiano o la conversación pública. Y justamente en esos sectores es donde persisten las principales dificultades.
Crecimiento, pero sin una gran recuperación
Los indicadores macroeconómicos muestran, sin embargo, algunos elementos favorables. El EMAE registró una mejora en junio, la balanza comercial acumuló un superávit de USD 16.080 millones entre enero y julio y las reservas superaron los USD 49.000 millones a comienzos de agosto. Además, el mercado todavía espera que la economía argentina crezca durante 2026. Pero las expectativas son cada vez más moderadas.
El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central redujo su previsión de expansión anual al 2,7%, 0,4 puntos menos que la estimación del mes anterior. El consenso tampoco anticipa una aceleración significativa en el corto plazo: proyecta apenas un 1% de crecimiento desestacionalizado para el tercer y el cuarto trimestre.
A esto se sumó durante agosto una mayor incertidumbre financiera, con un incremento del riesgo país y un menor ritmo de compras de divisas por parte del Banco Central. La conclusión de Monitor Digital es que el escenario difícilmente se modifique de manera inmediata.
Las proyecciones incorporadas en el informe anticipan que el sentimiento económico general permanecerá en terreno “pésimo” durante los próximos meses, mientras que la percepción sobre las ramas productivas continuaría fuertemente negativa hasta fin de año.
El desafío para la economía argentina, entonces, ya no parece ser únicamente sostener el crecimiento. El verdadero examen será lograr que esa expansión llegue al empleo, al consumo, a los salarios y al acceso al crédito.
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