JAQUEO A LOS MUSEOS

"El exilio de los dioses", la muestra que se distribuye en 11 museos y galerías

A partir de la figura del Homo narrans y con un despliegue de 100 obras, el artista cordobés Sergio Blatto interviene 11 museos, una galería y el Paseo del Buen Pastor.

Donde los dioses confluyen. La muestra tiene su epicentro expositivo en la planta alta de la sala de arte del Buen Pastor, donde se exponen 73 piezas. Foto: Cedoc Perfil

La fisonomía de las salas de exposición suele responder, en términos generales, a una lógica de centralización. Sin embargo, el nuevo proyecto expositivo de Sergio Blatto, titulado El exilio de los dioses y curado por Sara Picconi, propone un “jaqueo” institucional que se corre de los límites físicos habituales. 

La muestra inaugurada el lunes pasado se expande en una red colaborativa que abarca el Buen Pastor, once museos —municipales, provinciales y nacionales— y una galería de arte (Marchiaro) distribuidos en la geografía cordobesa.

En cada una de estas instituciones, Blatto seleccionó una pieza patrimonial específica para generar un diálogo formal y conceptual con una obra de su autoría, a través de reinterpretaciones libres que ingresan temporalmente a las colecciones estables. 

En este sentido, la sala de arte ubicada en el Buen Pastor opera como la gran cápsula activadora y el núcleo conceptual de una cartografía donde el espectador dibuja su propio recorrido lineal o fragmentado.

Cápsula 002. En la galería Marchiaro “La lectura”, de Blatto, dialoga con una figura femenina del escultor Miguel Ángel Budini.

La memoria de los materiales desterrados

Esta propuesta encuentra su antesala directa en “Dioses domésticos”, la exhibición que el artista montó en la Galería Marchiaro durante 2023. Si en aquella oportunidad el foco estuvo puesto en la intimidad del hogar y las deidades de lo cotidiano, en esta secuela el eje se desplaza hacia el exilio como una condición humana persistente, abordando los desplazamientos geográficos, afectivos y culturales.

En efecto, la materialidad de las obras refleja esta búsqueda de supervivencia ya que Blatto trabaja a partir de escombros, maderas, metales oxidados y descartes que arrastran décadas de historia. “Yo siempre voy guardando objetos, un pedazo de madera, un pedazo de chapa, y a partir de ahí empezaron a surgir estos personajes”, explica el artista. 

Un cruce donde el arte contemporáneo redefine la arquitectura interior

Y en esa recolección, el azar y la microhistoria local juegan un rol fundamental. Fragmentos de una vieja carreta y chapas galvanizadas del gallinero de su abuela se mezclan con maderas rescatadas de una iglesia demolida en la laguna de Ansenuza o con moldes de yeso centenarios rescatados de un taller en San Vicente que proveía de iconografía a los templos cordobeses.

Ese rescate afectivo dialoga de forma directa con su propia biografía. “La muestra habla de los desplazados, las migraciones, la guerra, el hambre; esta cosa es histórica en el hombre. Mi familia viene de inmigrantes. Yo recuerdo que mi abuela trajo todos sus santos y los días de tormenta los ponía en las ventanas, esa es una imagen muy fuerte que yo tengo”, evoca Blatto.

Intervenciones específicas y la mirada hacia lo alto

De las 100 piezas que integran el proyecto total, 73 se concentran en el Buen Pastor, mientras que las restantes se dispersan en las 12 cápsulas del interior y de la capital.

El criterio de selección de las piezas patrimoniales con las que dialoga su obra varió según el espacio. Por caso, en el Museo de Arte Religioso Juan de Tejeda el artista se topó con un cilicio colonial y una Virgen Dolorosa. “En mis recorridos previos iba encontrando obras y objetos que me soprendían, entonces me ponía a estudiar y hacía réplicas o, por ejemplo, a ese elemento de tortura en el Tejeda lo puse en diálogo con una obra que es una chapa galvanizada con agujeritos. Y puse un Cristo, que está cortado a la mitad, no por mí sino como lo encontré, entonces representa también la tortura. De esa manera fui trabajando”, señala.
En el Museo de Antropología de la Universidad Nacional de Córdoba, la inspiración llegó a través de la alfarería de la Cultura de La Aguada, lo que derivó en dibujos esgrafiados y cerámicas que recuperan la iconografía del jaguar (emblema de la cultura agroalfarera).

El 'glitch' como trinchera creativa

En tanto, en el Museo San Alberto, el detonante fue el hallazgo reciente del primer libro impreso en Córdoba, lo que llevó al artista a fundir páginas de plomo, emulando antiguas técnicas del Monasterio de Granada.

Por su parte, el diseño de montaje en el Buen Pastor también subvierte la escala humana con cuatro piezas que se ubican a más de tres metros y medio de altura, suspendidas como reliquias inalcanzables que han perdido su entramado ritual original. Asimismo, la pasarela arquitectónica que conecta las salas es utilizada como un puente simbólico. Sobre la baranda, las esculturas acompañan el tránsito del público, transformando el pasaje físico en un umbral de conexión estética.

El ser humano como tejedor de relatos

El marco teórico de la exhibición se apoya en el concepto de Homo narrans: la definición del ser humano como una especie que necesita estructurar su existencia a través de relatos, mitos y memorias colectivas para procesar la realidad. Desde la filosofía de Walter Benjamin y Paul Ricoeur hasta la psicología cultural de Jerome Bruner, la narración se presenta como la herramienta fundamental para resguardar la experiencia compartida.

Así, El exilio de los dioses opera vinculando los objetos históricos con las producciones contemporáneas de Blatto, proponiendo un territorio abierto donde el pasado y el presente conviven.
 

Obras. La exposición se compone de unas 100 piezas en diálogo con las obras patrimoniales expuestas en cada museo y podrá visitarse hasta el 18 de octubre.