CUENTAS LIBERTARIAS

El “Tridente 2026” de Bulat: la economía de Milei entra en su fase de decisiones

Ante empresarios e inversores, expuso sobre reservas, inflación y crecimiento como objetivos incompatibles. El programa económico entra en una etapa donde ya no alcanza con ordenar cuentas: hay que elegir prioridades.

Santiago Bulat Foto: Yahoo

Ante decenas de empresarios e inversores, en el marco del Comité de Inversiones de la ALyC SyC Inversiones, Santiago Bulat ordenó el escenario económico de la Argentina de Javier Milei bajo un concepto tan simple como incómodo: el “Tridente 2026”. Tres objetivos que el Gobierno busca sostener al mismo tiempo: comprar reservas, seguir bajando la inflación y lograr una mejora sustancial de la actividad económica pero que, en la práctica, se neutralizan entre sí.

El gobierno quiere hacer tres cosas a la vez, bueno, esas cosas en algún punto se tocan”, planteó el economista. Y ese “tocarse” no es teórico: es estructural. Es la macro argentina funcionando en su lógica histórica de restricción externa, tensiones cambiarias y trade-offs inevitables.

El primer vértice del tridente son los dólares

La necesidad de acumular reservas no es discursiva: es contable. El Banco Central enfrenta vencimientos por 8.200 millones de dólares en 2026 y cerca de 22.000 millones en 2027. Pero el problema es que el propio crecimiento económico erosiona esa capacidad. Más actividad implica más importaciones. Más importaciones implican más demanda de divisas. Y más demanda de divisas implica menos reservas.

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Bulat lo explicó sin eufemismos: “Si voy a crecer al 5%, mis importaciones de mínima tienen que crecer por tres. Es una buena noticia para la actividad económica, pero es una mala noticia para la acumulación de reservas”. Traducción política: el crecimiento que Milei necesita como legitimación social del ajuste se convierte, al mismo tiempo, en una amenaza para la estabilidad externa del programa.

El segundo vértice es la inflación

El mercado proyecta una inflación entre 24,4% y 25% para 2026, mientras que el Gobierno aspira a un 16%. La diferencia no es menor: es credibilidad. Bulat cuestionó la decisión de no aplicar un nuevo IPC con cambios metodológicos que darían mayor peso a servicios y tarifas, advirtiendo que el Gobierno “se está metiendo en un lío, una mala noticia en términos de credibilidad”.

En un modelo que se apoya fuertemente en la confianza financiera, la estadística se convierte en política. "Hoy estamos viendo que el precio de la carne no te está ayudando, nosotros vemos un índice debajo del 2%", aseguró el economista de Inveq y sugirió que tener un punto más de inflación "era atendible antes de la renuncia de Marco Lavagna". 

El tercer vértice es la actividad económica

El Gobierno proyecta un crecimiento del 5%, pero la recuperación es profundamente asimétrica: sectores exportadores como el agro, la minería y la energía traccionan; el consumo masivo, la industria y el mercado interno siguen deprimidos, condicionados por salarios reales bajos, informalidad y un sistema financiero con alta morosidad que frena el crédito.

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Ahí aparece el corazón del tridente: crecer presiona las reservas, bajar la inflación exige anclas duras, estimular la actividad requiere crédito y tasas más bajas. Cada corrección desordena otra variable. 

La frase es clave: definir

Porque el programa económico entra en una fase distinta. Ya no se trata de ajuste, orden fiscal o equilibrio contable. Se trata de elección estratégica. De prioridades. De costos políticos.

Mientras tanto, el único ancla sólida sigue siendo el superávit fiscal, con una meta de 1,5% del PBI para 2026, destinado a pagar intereses sin volver a los mercados internacionales. Esa disciplina explica la baja del riesgo país y la mejora del frente financiero. Los mercados acompañan. El sistema financiero ordena expectativas. La macro se estabiliza.

Pero la economía real no despega con la misma velocidad.