Pablo Cornet decidió comenzar por donde casi nadie quiere: por la cultura del reclamo. No como consigna discursiva, sino como sistema de gestión, con app, métricas, reportes y trazabilidad interna. “Lo que quiero que se genere es esa cultura del reclamo. Si yo lo quiero así, tengo que ser el primero”, explicó el intendente de Villa Allende.
Y no es metáfora: el propio intendente se pone en modo inspector urbano. “Ayer domingo salí a ver… y en esa salida que duró 4 horas cargué 25 reclamos”, relató en Perfil Córdoba. Y una definición que funciona como síntesis ideológica: el reclamo no es conflicto, es método. “Ayuda a agudizar el ojo crítico. Y de esa manera está mejor la ciudad”.

La lógica es casi de tablero de control: reclamos como datos, datos como gestión, gestión como control político interno. “Yo después bajo un reporte y veo cuánto reclamo tiene cada uno y la velocidad de respuesta… los tiempos promedios de respuesta. Yo veo todo el informe”. No hay épica, hay planilla.
Protones de Seguridad
Ese mismo enfoque técnico se traslada al segundo eje fuerte de su agenda: el programa de portones de seguridad. Cerramientos barriales que Cornet no presenta como simple respuesta al delito, sino como parte de un modelo urbano integral. “Para nosotros es parte de un programa integral de seguridad y de un programa que hace a la revalorización del patrimonio de nuestro vecino, que son sus viviendas”.
El proyecto ya entró en fase concreta. “Ya se abrieron los sobres de la licitación por los primeros portones, primeros dos barrios. En el corto plazo se estarían empezando a hacer”. Cinco empresas se presentaron, con presupuestos que oscilan entre 99 y 106 millones de pesos, una brecha mínima que, según el intendente, vuelve irrelevante el criterio del precio más bajo.
El mandatario puso el foco en un detalle técnico que funciona como filtro político: la visita de obra. “Esto implicaba una visita a los lugares, porque no todas las calles son iguales, no todas tienen el mismo ancho, las veredas no son en todos iguales, no en todos lados escurre igual el agua”. Y dispara una advertencia poco diplomática: quienes no recorrieron el territorio, “están cotizando en algo que después puede salir el tiro por la culata”.

El mensaje es claro: no se compra un portón, se compra capacidad técnica. “Queremos alguien que tenga la certeza, que nos dé la tranquilidad y la certeza que lo pueda hacer al trabajo, lo pueda hacer bien respondiendo a los requerimientos técnicos que hacen falta”. No hay improvisación ni soluciones enlatadas: hay ingeniería urbana aplicada a seguridad.
El alcance inicial también está definido. “Comenzar con 13 portones” para los barrios Loma Azul y Pan de Azúcar. Primera fase, escala piloto, modelo replicable. Luego vendrá el esquema de registros de oposición para extender el programa a otros sectores, con lógica administrativa más que confrontativa: avanzar donde hay consenso, ordenar donde hay dudas.