Más que un capricho: pediatras advierten sobre los riesgos de que los niños coman siempre lo mismo
Especialistas alertan que la selectividad extrema puede provocar déficits de hierro y zinc incluso en chicos con peso normal. Por qué la falta de diversidad en el plato es una señal de alarma que suele ser minimizada por las familias.
Médicos pediatras y especialistas en nutrición lanzaron una fuerte advertencia sobre un fenómeno que crece silenciosamente en los consultorios: la selectividad alimentaria persistente. Esta condición, que afecta a casi el 40% de los niños sanos en algún momento de su crecimiento, suele ser minimizada por el entorno familiar como una conducta caprichosa o una "maña" de la edad. Sin embargo, el riesgo clínico es concreto y puede derivar en la aparición de los denominados "déficits ocultos" de micronutrientes esenciales.
El problema central reside en que la carencia de hierro, zinc, calcio y vitaminas clave puede desarrollarse incluso en pacientes que presentan un peso y una talla dentro de los parámetros normales. Esta situación genera una falsa sensación de seguridad que muchas veces retrasa la detección y el tratamiento.
Al respecto, la Dra. Irina Kovalskys, médica pediatra y Directora Médica de INUMI, explica que si bien existe una selectividad esperable vinculada al desarrollo entre los dos y tres años de vida, el peligro real surge cuando la restricción se vuelve sistemática y limita la diversidad de la dieta.
“La selectividad alimentaria forma parte del desarrollo, pero cuando se prolonga o limita de manera significativa la variedad de alimentos, puede comprometer el aporte de nutrientes esenciales”, sostiene la Dra. Kovalskys. La especialista subraya que una alimentación diversa es la única garantía para mantener biomarcadores en sangre estables y una evolución física adecuada. Según su visión, el peso y la talla, por sí solos, no reflejan necesariamente lo que está ocurriendo dentro de ese organismo en términos de salud nutricional profunda.
La evidencia científica reciente, apoyada en metaanálisis sobre nutrición infantil, vincula directamente la baja variedad en la ingesta con mayores probabilidades de anemia en niños y adolescentes. Esta "hambre oculta" se manifiesta cuando los menores excluyen grupos enteros de alimentos, lo que impide alcanzar las recomendaciones nutricionales básicas. “El rechazo por características sensoriales, como la textura o el color, puede ser una señal de mayor complejidad, incluso asociada a dificultades en el procesamiento sensorial”, agrega Kovalskys, remarcando que hasta un 20% de estos casos no son adecuadamente diagnosticados.
Señales de alarma
La frontera entre una etapa madurativa y una patología persistente se traza a través de indicadores claros. La comunidad médica sugiere encender las alarmas cuando la conducta de rechazo se sostiene por más de tres meses, cuando el niño acepta menos de quince alimentos en total o cuando el momento de la comida se transforma en un foco de conflicto sistemático. En estos casos, el impacto ya no es solo biológico, sino que altera profundamente la armonía del núcleo familiar.
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Ante este escenario, el abordaje clínico propone abandonar definitivamente las antiguas tácticas de presión o castigo. La Lic. Lucía De Nobili, Magister en Nutrición Materno Infantil e integrante del Grupo de Estudio de Pediatría AADYND, sostiene que el tratamiento debe ser integral y, sobre todo, empático. “La preocupación de las familias es válida. Cuando un niño come muy poco o de forma muy limitada, lo más importante es no minimizar la situación ni abordarla con presión. Consultar a tiempo permite evaluar si hay riesgo nutricional y diseñar estrategias adecuadas”, señala.
El camino para desarmar este círculo vicioso incluye un enfoque progresivo: exposición repetida a nuevos sabores, involucrar a los chicos en la cocina y construir rutinas claras. “En aquellos casos en los que la variedad es muy limitada, la evaluación profesional puede indicar el uso de suplementos nutricionales como herramienta de apoyo, mientras se trabaja en la ampliación de la dieta”, concluye De Nobili.
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