Animales domésticos

“Para mucha gente es casi un hijo”: proponen que las mascotas puedan ser enterradas junto a sus familias

El proyecto fue presentado en la Legislatura de Córdoba por el legislador Oscar Agost Carreño y busca habilitar la inhumación conjunta de personas y animales de compañía. La iniciativa establece requisitos sanitarios y ambientales, pero deja en manos de cada municipio la decisión de permitir esta modalidad en sus cementerios.

Régimen Sanitario Provincial para la Inhumación Conjunta de Personas Humanas y Animales de Compañía Foto: CEDOC

Un proyecto presentado en la Legislatura de Córdoba propone habilitar la inhumación conjunta de personas y animales de compañía en cementerios públicos y privados que decidan incorporar esta modalidad. La iniciativa fue impulsada por el legislador Oscar Agost Carreño y establece requisitos sanitarios y ambientales para permitir que las familias puedan compartir un mismo espacio de sepultura con sus mascotas. La decisión final de autorizar esta práctica quedaría en manos de cada municipio o comuna.

El proyecto se denomina “Régimen Sanitario Provincial para la Inhumación Conjunta de Personas Humanas y Animales de Compañía” y busca establecer un marco provincial que actualmente no existe. La propuesta no obligaría a los cementerios a incorporar esta alternativa, sino que fijaría las condiciones que deberían cumplirse en caso de que un gobierno local decida habilitarla.

En diálogo con Perfil Córdoba, Agost Carreño explicó que la iniciativa surgió a partir de una investigación sobre las normativas que existen en otros países.  “En enero, en Milán es el primer lugar donde se aprueba la legislación”, explicó, y señaló que a partir de ese caso comenzó a estudiar cómo funcionaba la práctica en otros lugares.

La iniciativa parte también de una transformación en el lugar que ocupan los animales dentro de muchas familias. El proyecto considera a los animales de compañía como parte de vínculos socioafectivos que, en algunos casos, pueden ser tan estrechos como los que existen entre familiares. “Para mucha gente su única compañía en la vida es un perro o un gato. Y digo, ¿por qué no permitirlo?”, planteó el legislador.

Los requisitos sanitarios

La propuesta establece una serie de condiciones para evitar riesgos sanitarios y ambientales. Entre ellas, contempla que el fallecimiento del animal sea acreditado por un veterinario y que se cumplan protocolos vinculados con la disposición, impermeabilización y profundidad de las sepulturas. “Me pareció razonable establecer algunas cosas, no es que podes caer con un perro y decir: ‘Entérramelo en la tumba 705’. Es una locura eso”, afirmó Agost Carreño.

El legislador explicó que la certificación permitiría detectar situaciones excepcionales que pudieran representar un riesgo. “Si fuera un perro, por ejemplo, que tiene radiación, hay protocolos específicos en el mundo sanitario que hay que cuidar”, señaló.

A su vez, sostuvo que los especialistas consultados no identificaron un problema sanitario general por la cercanía entre restos humanos y animales. “No hay problemas de enterrar un perro cerca de un humano”, aseguró.

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La eventual aprobación de la ley no significaría que todos los cementerios de Córdoba deban ofrecer sepulturas compartidas. La autorización, regulación y administración de los cementerios seguiría bajo la órbita de los municipios y comunas. “Los cementerios siempre fueron de orden municipal. Entonces, no se podría avanzar contra eso de establecer una prohibición o una obligación”, explicó el legislador.

La Provincia establecería las reglas vinculadas con la salud pública y el ambiente, mientras que cada gobierno local decidiría si incorpora esta posibilidad a su normativa. También podrían adherir cementerios privados o parques que quieran ofrecer este tipo de servicio.

Para el legislador, la iniciativa tampoco busca imponer una nueva forma de despedir a los animales, sino ampliar las alternativas disponibles para quienes tengan ese deseo. La decisión de utilizarla dependería tanto de la voluntad de la familia como de que el municipio o cementerio correspondiente permita la práctica. “Es voluntario. Si vos lo querés hacer, bien, y si no, perfecto”, afirmó Agost Carreño.

Qué animales contempla

El proyecto no contempla a cualquier especie animal, sino que limita la posibilidad a aquellos considerados animales de compañía que conviven en el ámbito familiar. Quedarían excluidos los animales silvestres, protegidos o en peligro de extinción y aquellos destinados a actividades productivas, laborales o alimentarias.

“Lo que vi en el mundo y por cuestiones sanitarias, sobre todo por espacios en los cementerios, no sería conveniente que se autorice cualquier animal”, explicó Agost Carreño. En ese sentido, señaló que la iniciativa apunta principalmente a “mascotas, aquellas que son de hogar”, como perros y gatos.

El proyecto contempla que la persona y el animal no necesariamente tengan que fallecer al mismo tiempo. La idea es que quien muera primero pueda ocupar el espacio y que posteriormente se incorpore al otro miembro de la familia, siempre que el cementerio esté habilitado para hacerlo.

“Si se muere primero el humano o se muere primero el perro, que se pueda enterrar en el lugar de la familia”, explicó Agost Carreño. Según detalló, podría tratarse de una bóveda, un nicho u otro espacio autorizado, mientras que la forma concreta de disposición de los restos quedaría definida por los protocolos sanitarios.

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Más allá de los aspectos legales y sanitarios, la propuesta también pone sobre la mesa una discusión cultural sobre la forma en que las personas entienden el vínculo con sus animales de compañía. Para Agost Carreño, parte de la resistencia a este tipo de iniciativas está relacionada con que la muerte de una mascota y su despedida todavía son temas atravesados por ciertos tabúes sociales.

“Si bien es un tema tabú para todo el mundo, no deja de ser un negocio para mucha gente”, sostuvo el legislador. En esa línea, consideró que la discusión puede contribuir a naturalizar otras formas de despedir a quienes fueron parte de la vida cotidiana de una familia. “Es un proyecto profundamente humano”, afirmó Agost Carreño, quien sostuvo que la decisión final debería quedar siempre en manos de cada persona y cada familia.