Vacaciones de invierno: el Circuito del Vermut, una experiencia para descubrir otra Rosario
La ciudad santafesina propone un recorrido guiado por tres bares emblemáticos que rescatan la cultura del aperitivo argentino. Historia, gastronomía y producción local se combinan en una experiencia ideal para quienes buscan un plan diferente.
Rosario ya no es solo sinónimo de río, monumentos y fútbol. En los últimos años, la ciudad se consolidó como una de las grandes capitales del vermut en Argentina y convirtió al aperitivo en una de sus principales propuestas gastronómicas. De cara a las vacaciones de invierno, el Circuito del Vermut aparece como una alternativa diferente para quienes buscan conocer la ciudad desde sus sabores, su historia y su identidad cultural.
La experiencia propone recorrer tres de los espacios más representativos de la escena vermutera rosarina de la mano de Matías Dana, cantinero, productor y creador de Vermut Belgrano, considerado uno de los principales impulsores del resurgimiento de esta bebida en la ciudad. El circuito está pensado para grupos privados de entre ocho y diez personas y combina degustaciones con relatos sobre la tradición del vermut, la gastronomía local y la evolución de una costumbre que volvió a ocupar un lugar central en la vida social rosarina.
La primera parada es Belgrano Café, Birra y Vermú, un clásico ubicado sobre el boulevard Oroño que abrió sus puertas en 2018 y fue uno de los pioneros en el renacimiento del vermut en Rosario. El lugar se distingue por ofrecer vermú de grifo y una carta con más de 150 etiquetas nacionales e importadas, una de las más amplias del país. La propuesta gastronómica acompaña con clásicos de cantina como tortilla española, lengua a la vinagreta, triples de miga, buñuelos y picadas.
El recorrido continúa en Bichicleta, una casa de aperitivos inspirada en la tradición del norte de Italia, aunque con una impronta contemporánea. Allí se puede degustar el aperitivo que da nombre al lugar, elaborado con bitter rojo, vino blanco, perfume de vermut y soda, además de una selección de quesos, embutidos, patés y pequeños platos elaborados con productos de productores locales. El ambiente íntimo y la propuesta de autor la convierten en una parada ideal para quienes buscan una experiencia gastronómica distinta.
La última escala es Sifonazo, un espacio que apuesta a un clima relajado, con estética de club de barrio, mesas largas, sifones, vermut de canilla y música. Su carta reúne aperitivos junto a clásicos rosarinos como el Carlito, además de pizzas, hamburguesas, empanadas y tablas para compartir, en un ambiente pensado para disfrutar entre amigos.
Más allá de las degustaciones, el circuito busca mostrar cómo el vermut se convirtió en parte de la identidad contemporánea de Rosario. Cada uno de los bares ofrece una mirada distinta sobre la tradición del aperitivo, mientras el recorrido invita a descubrir la historia de los barrios y la evolución de una costumbre que volvió a ganar protagonismo entre rosarinos y turistas.
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