El trilema de Caputo: la "pared" de julio, la especulación del campo y el costo de salir al mercado al 9%
El ministro enfrenta un semestre decisivo con necesidades financieras. Mientras el agro retiene la cosecha a la espera de incentivos y el mercado duda sobre la tasa de una nueva deuda, el Gobierno salió a comprar USD 1.000 millones para "mostrar músculo" ante el FMI.
El equipo económico de Luis Caputo ingresó en una zona de definición. La hoja de ruta para el primer semestre de 2026 no admite márgenes de error: el Gobierno debe atravesar una "pared" de vencimientos en divisas, recomponer reservas y, fundamental, testear si la baja del riesgo país es suficiente para reabrir el grifo del crédito internacional. Sin dólares frescos confirmados en lo inmediato, la dependencia del sector agroexportador y de la voluntad del mercado voluntario de deuda es total.
Los productores del agro hacen las cuentas: Caputo necesita USD 4.200 millones en julio para afrontar un nuevo pago a los bonistas, y en total, USD 8.167, según cálculos de la consultora Eco Go, en los primeros seis meses del 2026.
La cosecha será buena y ellos tendrán para aportar a que exista buena oferta durante los meses de mayor afluencia del agro. La expectativa está especialmente puesta en el trigo, beneficiado por las lluvias del año pasado. El girasol, por la guerra en Ucrania que destruyó campos enteros de este cultivo, y la soja, que también tendrá buenas liquidaciones.
El mercado internacional está tranquilo. Mientras que en 2025 las decisiones intempestivas de Donald Trump eran una variable que mantenía alerta a quienes tenían los porotos en mano, ahora los mercados se “acostumbraron” y la volatilidad del commodity no depende de los vuelcos imprevistos que pueda dar el presidente estadounidense.
El Banco Central compró dólares y las reservas superaron los US$ 46.000 millones
Sin embargo, la liquidación no es automática. También sabe que la capacidad de fluctuar del dólar se mueve con la inflación, que por ahora, tiene un piso del 2%. No obsatnte, quieren un incentivo. “Al sojero ya le mostraste que se podían eliminar las retenciones. Entonces: espera”, indicó una fuente vinculada al negocio agroexportador sobre la quita de retenciones que hizo Caputo el año pasado con un cupo que se llenó en el día, con fuertes compras de China.
El ministro de Economía, del otro lado, sabe que el superávit comercial se reducirá debido al adelantamiento de la liquidación del agro por la maniobra de llevar a cero los derechos de exportación con la que buscó liquidez en plena tensión cambiaria en septiembre.
En los campos, la especulación es que el jefe del Palacio de Hacienda salió a comprar más de USD 1.000 millones para quedar “bien” con el Fondo Monetario Internacional (FMI), al que ya le incumplió la meta de 2025, y “mostrar músculo”: que puede hacerse de divisas sin la oferta de la soja.
La "pared" de los USD 50.000 millones
Para todo el año, la exigencia es mucho mayor. Un informe de la consultora MAP al que accedió PERFIL, la economía argentina necesita unos USD 50.000 millones para atravesar 2026 de manera ordenada. Esta cifra surge de combinar las necesidades de la cuenta corriente, los vencimientos de capital e intereses y el objetivo de acumular reservas por USD 10.000 millones.
El problema estructural es que la cuenta corriente pasará del cuasi equilibrio de 2025 a registrar un déficit cercano a los USD 10.000 millones en 2026. Al corregir el efecto del adelantamiento de exportaciones del año pasado, el superávit comercial de bienes se reducirá, mientras que una economía más abierta impulsará las importaciones.
Si el campo no liquida al ritmo esperado y el financiamiento externo no aparece, la ecuación no cierra. El informe de MAP es tajante: si los vencimientos de deuda continúan pagándose al contado (con reservas), el esquema resulta inviable. La Argentina debe recuperar el acceso al mercado de crédito internacional.
El costo de la deuda: el piso del 9%
Aquí es donde entra la segunda variable crítica: la tasa. Aunque el Riesgo País perfore los 500 puntos básicos, el costo del dinero sigue siendo elevado para un país con el prontuario argentino. Si Caputo quisiera tomar dólares del mercado global con la emisión de un bono, no conseguiría financiarse a menos de 9%, que es el resultado que surge de agregarle el riesgo argentino actual a la tasa de referencia internacional SOFR -en torno de 3,57%-.
En el mercado miran espejos regionales, con Ecuador en el centro de las miradas. Portfolio Personal Inversiones (PPI) destacó que ese país colocó deuda con vencimientos en 2034 y 2039 a tasas del 8,75% y 9,25%, respectivamente, en momentos en que el riesgo país argentino “continúa marcando nuevos mínimos durante la administración de Javier Milei”.
Si Argentina lograra replicar la colocación ecuatoriana, podría cubrir parte de los USD 17.000 millones de vencimientos de deuda soberana, provincial y corporativa previstos para el año. Sin embargo, salir a pagar tasas cercanas al 10% en dólares implica una carga financiera pesada a futuro, un costo que el equipo económico evalúa con lupa.
El segundo trimestre como bisagra
El calendario marca que el test de viabilidad del programa se traslada al segundo trimestre. Es el momento estacional donde la oferta de divisas del agro debería permitir recomponer reservas y ordenar el frente externo de cara al vencimiento de julio.
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La consultora MAP planteó que entre abril y junio “hasta tanto se despejen las dudas sobre el regreso a los mercados, la situación no será cómoda”. “El margen que aportaron el resultado electoral y el apoyo del Tesoro norteamericano ya fue en gran medida consumido, y que el escenario no derive en un episodio de mayor tensión descansa, fundamentalmente, en dos anclas:
- El frente político, como sostén del ancla fiscal y factor de reducción del riesgo de desvíos;
- La expectativa de ingreso de dólares con la cosecha, que opera como puente para atravesar los próximos meses sin mayores sobresaltos”.
En este sentido, el informe destaca que si la ventana que abre la cosecha se aprovecha para fortalecer la posición externa (acumular reservas y dar señales de salida del cepo), el programa podrá transitar 2026 con mayor previsibilidad. De lo contrario, las restricciones financieras volverán a imponerse como el principal límite.
El desafío fiscal corre en paralelo. Para que el esquema financiero cierre, el Tesoro necesita no solo dólares, sino también pesos: requiere una tasa promedio de rollover de deuda en moneda local cercana al 90% a lo largo del año. Cualquier tropiezo en la renovación de la deuda en pesos presionaría sobre la brecha cambiaria y, por ende, sobre la liquidación del agro.
Caputo juega una partida simultánea en tres tableros: convencer al campo sin bajar retenciones, seducir a Wall Street sin pagar tasas de usura y mantener el superávit fiscal sin ahogar la reactivación.
EM / LM / DCQ
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