La morosidad llegó para quedarse: alertan que la crisis por las deudas familiares se extenderá hasta 2027
La incapacidad de pago en los hogares dejó de ser un fenómeno transitorio. El ahogo financiero por la caída de los ingresos y el encarecimiento del crédito le pone un límite a las expectativas oficiales de un rápido rebote económico.
Cada vez que el Gobierno de Javier Milei habló de morosidad, le atribuyó un carácter temporario y ligado a la expansión del crédito. Sin embargo, datos privados muestran que los niveles altos de irregularidad en el pago de las deudas podrían convivir incluso meses entrado el 2027. Con un fuerte componente de consumo, las familias son las protagonistas de la estadística y expertos advierten, es un indicador que no permitirá crecer con el crédito como motor de la economía, como busca el plan oficial.
En abril, la morosidad de los hogares llegó al 12,1% y según anticipó 1816 siguió creciendo al 12,7% en mayo. Se trata de números que marcan récords en los últimos 16 años y arrastran una inercia que puede llevar el problema hacia el próximo año. La consultora Eco Go entiende que se explica por el factor de la carga financiera, una variable que sintetiza los ingresos, el nivel de endeudamiento y la tasa real y permite notar un rápido deterioro de la capacidad de pago.
A diferencia de otros períodos económicos recientes, la diferencia es que esa carga hoy no logra licuarse ni por inflación ni por tasas de interés que permitan un refinanciamiento a menor costo. De acuerdo al análisis, la carga financiera consolidada —que contempla tanto al sistema bancario formal como a los Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC)— saltó del 17% en 2024 al 30% de la masa salarial en el presente. Todo este ahogo está traccionado por una tasa de interés real promedio del crédito de consumo que se sostiene en niveles del 58%.
La variable anticipa así el comportamiento de la mora con siete meses de rezago. Es decir que será “poco probable” que la presión que hoy sienten los bolsillos caiga en los próximos meses y se sienta en los niveles actuales pasado el fin de año, ya que esta combinación de variables deja preconfigurado un escenario de alta irregularidad.
El espejo de 2019 que no es
El pico de estrés financiero para los hogares contrasta con la foto del 2019 que el Banco Central (BCRA) reflotó en su último informe sobre bancos. Allí sostuvo que los niveles actuales de endeudamiento "resultan similares a los evidenciados en abril de 2019". Pero en realidad, la crisis de 2018 fue esencialmente de empresas, donde la macroeconomía se fracturaba pero la alta inflación terminaba operando a favor del deudor corporativo al licuar sus pasivos, señaló la entidad que dirige Marina Dal Poggetto. Hoy, desinflación mediante, el shock macroeconómico golpea de lleno sobre la liquidez de las familias. Además, el organismo monetario aseguró que, actualmente, los deudores que combinan financiamiento bancario y no bancario exhiben una deuda promedio superior a la de quienes operan de manera exclusiva en los bancos tradicionales.
El universo ampliado de deudores abarca a 19,8 millones de personas con algún tipo de crédito activo (bancos, Fintech, mutuales, tarjetas de consumo y fideicomisos), por un volumen de $74,9 billones (6,6% del PIB), según el último relevamiento de la consultora Analytica. El dato que enciende alarmas es que la proporción de individuos con al menos una deuda impaga se clavó en un núcleo duro del 26,8%: unas 5,3 millones de personas. En mayo, la irregularidad de esta cartera familiar ampliada subió al 15,9%.
El perfil del deudor moroso
La segmentación del riesgo rompe el mito del sobreendeudamiento de grandes montos y apunta directo a los sectores de menores ingresos y mayor marginalidad. Según el reporte de Eco Go, el moroso promedio debe menos capital ($934.000) que el deudor sano ($1,2 millones) y es considerablemente más joven (39 años de edad mediana frente a 47). La consultora de Ricardo Delgado ratificó este sesgo etario: los jóvenes de 18 a 30 años lideran la mora del sistema, un rango donde la irregularidad medida por montos empeoró más de medio punto porcentual en el último mes.
Los prestamistas alternativos encabezan la estadística. Las carteras exclusivas de bancos muestran un 20% de deudores en mora, pero la cifra salta al 28,4% entre los usuarios exclusivos de fintech. Ponderado por monto, el default es del 12,6% en bancos formales, asciende al 21,6% en fintech y llega al 46,9% en el resto de las entidades no bancarias.
A nivel territorial, la provincia de Buenos Aires concentra el 37,8% del total nacional de morosos, empujado por el conurbano bonaerense que ostenta una tasa del 30,5%. Sin embargo, las dinámicas relativas más explosivas golpean a la región del NOA: San Juan (35,2%), Catamarca (34,2%) y San Luis (34,1%) lideran el ranking de rojo financiero.
Crisis de consumo
La inercia hacia 2027 se explica además por la naturaleza de los atrasos: es una crisis de estricta supervivencia cotidiana. Según Eco Go, la irregularidad se dispara en los préstamos personales (14,9%) y las tarjetas de crédito (12,5%), mientras que los hipotecarios se mantienen ajenos al estrés (1,5%). En este esquema, los atrasos leves de hoy garantizan el rojo de mañana: el reporte advierte que registrar una mora leve ("Situación 2") multiplica por 22 veces las chances de caer en default definitivo. Por eso, al proyectar las carteras frente a la nueva macroeconomía, los analistas concluyen que la probabilidad de default a 12 meses ya se ubica en el 18,6% y "no bajará de manera significativa" a menos que se desplome la tasa de interés real.
Como paso previo a caer en cesación de pagos, las familias están recurriendo masivamente a estirar los plazos de sus deudas. De acuerdo al Informe de Estabilidad Financiera del BCRA, el saldo refinanciado ya representa el 3,2% del stock total de crédito a los hogares. Se trata de un salto inédito: es el nivel más alto de toda la serie histórica publicada por la entidad que arranca en 2010, pulverizando los picos de la crisis de 2019 y de la pandemia, cuando apenas llegaron a superar el 1%. Esta reestructuración de pasivos se duplicó en apenas seis meses (en octubre de 2025 marcaba 1,6%), un fenómeno que la propia autoridad monetaria reconoció en su informe como una tendencia en franca aceleración por la necesidad de los usuarios de apelar a este instrumento para evitar el default.
"El problema de la mora es principalmente de ingresos, de nuestro análisis surge esa conclusión", definió Claudio Caprarulo, director de Analytica. El economista subrayó que tanto el volumen de fondos como la cantidad de personas con crédito se estancó. "Es claro que, en estas condiciones, parece haberse encontrado un techo a la expansión de los préstamos a las familias. Difícilmente veamos que se retome un sendero de crecimiento sin una suba sostenida en el poder adquisitivo de la mano también de la mejora en el mercado laboral; el crecimiento de la informalidad mientras caen los trabajadores formales es un problema a la hora de pensar al crédito como un motor de crecimiento", diagnosticó.
El Gobierno apuntó a los deudores que "no manejan sus riesgos"
Para el Gobierno nacional, en cambio, el fenómeno corre por un carril conductual y de adaptación del mercado. El vocero presidencial, Adrián Ravier, relativizó, una vez más, este martes el impacto sistémico y apuntó a una falta de gimnasia financiera de los hogares frente a la reaparición de los préstamos.
“Yo creo que cuando una economía recupera el crédito, es normal que aparezca de nuevo la morosidad”, afirmó el funcionario nacional. Según su lectura, la sequía crediticia de la gestión anterior impidió la existencia de historiales, tapando el problema de fondo. Tras advertir que "a veces la gente misma se expone a riesgos de impago simplemente por no saber manejar sus propios ingresos y obligaciones", Ravier cerró: “No va a haber morosidad si no hay crédito, pero además desaparecen las carpetas crediticias”.
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