Brasil le teme al impacto del conflicto de Medio Oriente en las elecciones de octubre
Lula da Silva elimina impuestos al combustible para frenar la inflación por la guerra en Medio Oriente, buscando proteger la economía y su popularidad ante las reñidas elecciones de octubre.
(SAN PABLO) Estos últimos días aumentaron la preocupación del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva por la indefinición de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. En Brasilia le temen al final incierto: afirman que, de hecho, el conflicto corre riesgo de prolongarse dada la resistencia demostrada por Teherán, que ya supera ampliamente los cálculos de Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Los miedos tienen una justificación: el impacto de esta confrontación en los precios del petróleo y, por ende, en la economía brasileña, que podrán pesar en las presidenciales de octubre próximo.
La alarma frente a este escenario indujo a Lula a decretar, hoy, medidas que permitan mantener bajo cierto control el costo de los combustibles. Anunció, en su discurso, que se eliminarán (transitoriamente) dos impuestos: el Pis y el Cofins, que son las contribuciones empresariales a los programas sociales del Planalto. Es cierto que Brasil está em mucha mejor posición que otros países para contrarrestar esta crisis: es exportador de petróleo; y, en ese sentido, una suba del valor puede inclusive aportar más dólares a la balanza comercial superavitaria.
Medio Oriente: guerra distante pero que impactará económicamente en Argentina y Brasil
No obstante, no es productor de diésel, un insumo utilizado por el transporte en camiones que el país debe importar; sin dudas, este es el mayor problema, por la influencia que tiene sobre el valor de los alimentos. No por acaso, al anunciar los decretos, Lula sostuvo: “Este gesto de pensar que todo se resuelve con guerras causa daños a todos. Pero, especialmente, castiga a las capas más pobres de la población en todo el mundo, que sufren las mayores consecuencias de estos conflictos”. En esa línea añadió: “Estamos haciendo un sacrificio, una ingeniería económica para evitar que los efectos de la irresponsabilidad bélica (en Medio Oriente) lleguen al pueblo brasileño”. Luego especificó: “Debemos garantizar que esta guerra no perjudique al camionero y a los automovilistas”.
Un segundo decreto firmado por el jefe de Estado apunta a evitar la especulación y los precios abusivos del combustible mediante “medidas de transparencia y fiscalización”; por último, la tercera disposición establece una “subvención” al diésel. Aun cuando estas “soluciones” puedan ejercer una influjo positivo sobre el costo de vida, los analistas sostienen que los precios de las commodities agrícolas ya comenzaron a trepar en los mercados internacionales, lo que podría arrastrar a la suba, a la mayor parte de los bienes agroindustriales en el mercado doméstico. Es cierto que el presidente de Brasil tiene instrumentos para contener los males. Podrá insistir en su política de aumentar el ingreso de los trabajadores, como también de la clase media.
Con todo, el panorama parece ser más oscuro de lo que se pensaba hace unas semanas. Y esto ocurre en un contexto en que las encuestas no se muestran totalmente favorables al líder brasileño que se apresta a desafiar al hijo de Jair Bolsonaro, el senador Flavio. Una encuesta realizada por la consultora Ipsos-Ipec, que fue difundida antes de ayer, revela que 33% de los electores brasileños califican como óptimo o bueno al gobierno de Lula da Silva. Pero 40% lo definen como malo o pésimo y un 29% lo califica de regular. De acuerdo con otras pesquisas de opinión pública, 43% aprueba las acciones del Palacio del Planalto, y 51% las desaprueba. En cuanto al primer turno de los comicios, Lula aventaja a Flavio por 3 a 5 puntos. Pero en las segunda vuelta se equiparan.
Invitado junto a otros funcionarios del equipo presidencial para ofrecer una conferencia de prensa, el ministro de Economía Fernando Haddad, sostuvo que Lula “nos pidió realizar estudios para el caso de que el conflicto de Medio Oriente no se resolviera en el corto plazo”. Y el equipo ministerial llegó a la siguiente conclusión: “Brasil tiene muchas ventajas comparativas en relación al resto de los países: es un acreedor líquido internacional, dado que no tenemos deuda externa; y las reservas de divisas garantizan un colchón, esencial para la seguridad del país en las actuales circunstancias”.
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