Guerra en Irán

Donald Trump mandó a negociar a un vicepresidente que está políticamente chocado

En su programa por Radio Perfil y NetTV, Marcelo Longobardi habló sobre el "desquicio" en la estrategia de Donald Trump, el fracaso de la negociación con Irán y un escenario global cada vez más imprevisible.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump Foto: Jim Watson - AFP

En su programa de este lunes, que se emite por Radio Perfil y NetTV, Marcelo Longobardi habló sobre la escalada de tensión entre Estados Unidos e Irán tras los cambios de postura de Donald Trump, a quien describió dentro de un “cuadro de desquicio”, y analizó el fracaso previsible de una negociación que consideró inviable desde su origen debido a la debilidad del enviado de la Casa Blanca, J.D. Vance, "un vicepresidente que está políticamente medio chocado".

Del ultimátum al giro: la amenaza de Trump que sacudió al mundo

La semana pasada, el presidente Donald Trump había anunciado un ultimátum que, en los hechos, vencía en el mismo momento en que fue formulado: no se trataba de destruir a Irán, sino, según sus propias palabras, de eliminar una civilización de la faz de la Tierra. Esa declaración generó un estupor generalizado en todo el mundo, incluso dentro de Estados Unidos.

Más allá de cualquier consideración que pueda hacerse sobre "el criminal régimen de los ayatolás y el papel nefasto que han desempeñado durante años los Guardias Revolucionarios iraníes", aquella frase provocó una convulsión global. El episodio adquirió un tono aún más desconcertante cuando el propio Trump dio marcha atrás y afirmó que no iba a destruir ninguna civilización, sino que optaría por negociar.

Días después —entre miércoles y jueves de la semana pasada— anunció su disposición a iniciar una negociación, tras haber frenado aquella amenaza de exterminio. Esa negociación, además, se abría a instancias de "líderes paquistaníes calificados como corrompidos" y bajo los términos planteados por Irán. Frente a ese giro, la conclusión fue tajante: la situación resultaba inaceptable. "O bien Trump no comprendía lo que estaba planteando, o bien estaba dispuesto a discutir una agenda que directamente no podía ser discutida".

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Una negociación inviable desde el origen

Sobre la mesa había dos agendas: una de diez puntos presentada por Irán y otra de quince puntos impulsada por Estados Unidos, cuyo contenido nunca se conoció del todo. Tras ese viraje típico en la conducta de Trump, el escenario quedó al borde de una escalada bélica que, en el fondo, pocos consideraron verosímil.

La percepción general fue que el mandatario norteamericano había llevado la situación al extremo como herramienta de negociación, algo que aparentemente logró, en parte, a instancias del mariscal Munir, verdadero jefe político de Pakistán, a quien el propio Trump llegó a llamar “mi mariscal favorito”.

Sin embargo, todo derivó en una negociación sin destino. "La inviabilidad del proceso quedó expuesta desde el principio". En lugar de un esquema clásico de mediación indirecta, con delegaciones en salas separadas, se produjo un encuentro cara a cara entre dos iraníes, tres norteamericanos y un representante paquistaní.

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Enviados sin poder y una agenda imposible

La composición de las delegaciones resultó, como mínimo, llamativa. "Trump no participó personalmente y mandó a un vicepresidente que está políticamente medio chocado, mandó a su yerno, y mandó a su socio, un amigo de él con el que juega al golf y con el que compra y vende inmuebles". Irán, en cambio, envió a su canciller y al presidente del Parlamento. Por parte de Pakistán estuvo presente el primer ministro, sin la participación ni del presidente ni del propio mariscal Munir.

"La duda era evidente: si quienes estaban sentados a la mesa tenían realmente poder para negociar un asunto de esa magnitud".

Aun así, se avanzó sobre una agenda que el propio Trump aceptó como punto de partida. El diagnóstico fue inmediato: "la negociación carecía de sentido". Entre los puntos planteados figuraban el fin de todos los ataques contra Irán, incluidos los de Israel sobre Hezbolá en el Líbano —algo que no solo no ocurrió, sino que se intensificó—; el control permanente del estrecho de Ormuz por parte de Irán; el levantamiento de sanciones; la retirada militar de Estados Unidos de Medio Oriente; el pago de reparaciones de guerra; la liberación de activos iraníes congelados; y la aceptación del enriquecimiento de uranio dentro del programa nuclear iraní.

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La conclusión era evidente: "Se trataba de una agenda imposible de discutir". Más que una negociación, parecía un viaje sin propósito concreto. Aceptar esas condiciones implicaba un retroceso no solo para Estados Unidos, sino para el orden internacional en su conjunto, especialmente en lo referido a la libre navegación por el estrecho de Ormuz.

Fracaso anunciado y escalada posterior

“El resultado, en ese contexto, no podía ser otro que el fracaso. Ni siquiera un fracaso propiamente dicho, sino un desenlace previsible desde el inicio. Era imposible alcanzar un acuerdo en esos términos”.

Entre los participantes del encuentro estuvieron JD Vance, descrito como radicalizado y con una relación compleja con Trump; Jared Kushner, cuya presencia “resulta llamativa en el contexto de la tradición diplomática estadounidense”; y Steve Witkoff, un amigo personal del presidente que ya había sido enviado a otras gestiones fallidas.

Por el lado iraní participaron Mohammad Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento, y Abbas Araghchi, canciller de un gobierno cuyo presidente, Masoud Pezeshkian, aparece desdibujado. "La sensación general fue que ninguna de las partes estaba representada por figuras con poder real de decisión". En Irán, ese poder parece concentrarse en la Guardia Revolucionaria, no en las figuras presentes en la negociación.

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Tras 21 horas de reuniones, fue el propio Vance quien anunció que las negociaciones habían concluido sin acuerdo. Las razones del fracaso eran evidentes: el control del estrecho de Ormuz y el programa nuclear iraní.

En ese contexto, "Irán aparece debilitado militarmente, con su armada dañada, sus sistemas de misiles afectados y sus autoridades golpeadas. Sin embargo, mantiene el control de Ormuz, un punto estratégico clave. Recuperarlo implicaría, presumiblemente, una intervención militar directa de Estados Unidos, algo que choca con la opinión pública norteamericana, reacia a involucrarse en un nuevo conflicto de gran escala".

La conclusión vuelve a ser la misma: "La negociación carecía de sentido desde el inicio. Fue un fracaso completamente previsible".

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Un “desquicio” global y un escenario imprevisible

Tras el fracaso, Trump protagonizó una serie de episodios calificados como ‘un desquicio’”, término tomado de crónicas internacionales. En ese marco, anunció que ahora sería Estados Unidos quien bloquearía el estrecho de Ormuz, en una escalada que introduce "un nivel adicional de incertidumbre".

La situación adquiere una dimensión aún más compleja con la intervención de China, que también expresó su interés en desbloquear la zona. "El escenario, por lo tanto, queda abierto a derivaciones imprevisibles: puede no ocurrir nada o puede desencadenarse un conflicto de mayor escala".

El estrecho de Ormuz es un punto crítico por donde circula cerca del 20% del petróleo y del gas mundial, en particular el gas de Qatar. "Cualquier alteración impacta directamente sobre las monarquías del Golfo —Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin, Kuwait y eventualmente Arabia Saudita—, muchas de ellas aliadas de Estados Unidos".

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Lejos de descomprimir la situación, las partes la agravaron. Israel, por su parte, intensificó sus operaciones militares con unos 200 ataques sobre el sur del Líbano, en el marco de su enfrentamiento con Hezbolá, "una organización que no es un grupo menor sino una estructura militarizada con control territorial significativo".

"Una de las exigencias iraníes era precisamente que Israel cesara esos ataques, algo que no ocurrió ni iba a ocurrir. Esto refuerza la idea de que toda la negociación fue, desde el inicio, una pérdida de tiempo".

En paralelo, surgieron versiones contradictorias sobre el estado de Mojtaba Khamenei, hijo del ayatolá Ali Khamenei. "Informes recientes indican que habría sufrido heridas graves y desfigurantes, quedando fuera de combate".

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Todo esto refuerza la hipótesis de que el poder real en Irán no reside en el presidente, ni en el canciller, ni siquiera en el líder supremo, sino en la Guardia Revolucionaria, posiblemente encabezada por Ahmad Vahidi, "figura vinculada a atentados y con pedido de captura en Argentina".

China, Rusia y el nuevo tablero global

En medio de este escenario, apenas 15 barcos atravesaron Ormuz en los últimos días, probablemente pagando peajes millonarios. Los anuncios de Trump sobre la liberación de la vía marítima y su ofrecimiento para colaborar en el desminado fueron ignorados por Irán.

"El cuadro se completa con la participación de China y Rusia en apoyo a Irán, lo que transforma el conflicto en un asunto de escala global". Ya no se trata solo de Estados Unidos e Israel frente a Irán, sino de un entramado que incluye a China, Rusia y las monarquías del Golfo.

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"Paradójicamente, China emerge como un actor previsible y estable en contraste con el accionar errático de Estados Unidos". Informes internacionales señalan que Beijing aprovecha el deterioro de la imagen norteamericana para posicionarse como un garante de estabilidad global.

“Parece mentira que, por la chapucería norteamericana en esta guerra, que era una guerra que tenía como destinatario final a los chinos; sean los chinos los que estén disfrutando de cómo Trump se hunde en la ciénaga iraní”.

 

NG/fl