Guerra en Medio Oriente

Cómo es la isla de Jark, el enclave petrolero iraní del golfo Pérsico que Trump amenazó con volver a atacar "solo por diversión"

Su puerto es disputado desde el siglo V antes de Cristo. El viernes 13, Estados Unidos bombardeó sus instalaciones militares, y Trump se ufanó de atacar la "joya de la corona" de Irán cuidando sus "caños", centrales para la economía global.

Isla de Kharg, la mayor terminal para la exportación de crudo de Irán. Foto: AFP

En apenas 24 kilómetros cuadrados de arena, coral 6 y piedra caliza, una superficie equivalente a sumar los barrios porteños de Palermo y Belgrano, se concentra el 90 por ciento del petróleo crudo que Irán exporta al mundo. También hay playas, acantilados, cuevas, palmeras con dátiles, gacelas saltando, reliquias antiguas y una base militar naval que guarda miles de misiles, torpedos y minas marinas. O al menos los guardaba, ya que Donald Trump afirma haber destruido al menos 90 objetivos militares en el ataque del pasado viernes 13

La isla de Jark (o Jarg, Kharg, Charag o Karrak, según cómo se transcriba su nombre) es disputada por su posición estratégica desde el imperio persa, cinco siglos antes del nacimiento de Cristo. En los tiempos de Ciro el grande se la conocía como "el faro del comercio", ya su ubicación la convertía en un puerto privilegiado, que además ofrece una inusual provisión de agua dulce.  

Más de dos mil años después, se convirtió en el lugar perfecto para la exportación de petróleo por otros dos factores: su "distancia de oro" a la costa de Irán, de solo 28 kilómetros, lo que hace sencillo enviar el petróleo desde el continente a través de oleductos submarinos, y la geología de acantilados de coral que produce un puerto de aguas profundas, y permite así que los buques superpetroleros de máximo calado, que puede alcanzar hasta 25 metros por debajo del agua, puedan atracar y cargar el crudo con facilidad. La infraestructura portuaria actual hace que puedan operar hasta diez superpetroleros de forma simultánea.

Estos factores hacen que se conozca a la isla de Jark como el "botón rojo" de la economía mundial: dañar su infraestructura petrolera podría ocasionar un colapso económico global abrupto y profundo. Por eso, el ataque de Estados Unidos tuvo precisión quirúrgica: según Trump, neutralizó amenazas militares sin tocar las instalaciones que almacenan más de 30 millones de barriles de petróleo, situadas a veces a menos de cien metros de donde cayeron las bombas.

La estrategia de Trump en la isla de Jark: entre la destrucción selectiva y la ocupación

"El Comando Central de los Estados Unidos ejecutó una de las incursiones de bombardeo más poderosas en la historia del Medio Oriente y obliteró totalmente cada objetivo MILITAR en la joya de la corona de Irán, la Isla de Jark", posteó Trump en su red social, Truth Social, a última hora del viernes 13.

Y agregó: "Nuestras armas son las más poderosas y sofisticadas que el mundo haya conocido jamás pero, por razones de decencia, he elegido NO borrar la infraestructura petrolera de la isla." Sin embargo, lanzó una advertencia: "Si Irán, o cualquier otro, hace algo para interferir con el paso libre y seguro de los barcos a través del Estrecho de Ormuz, reconsideraré inmediatamente esta decisión."

Un día después, en una entrevista que dio a Fox News, Trump recalcó: "Está muerta militarmente ahora, totalmente. Cada área militar... han huido. Incluso podríamos golpearla unas cuantas veces más solo por diversión".

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El lunes redobló la apuesta: "Destruimos literalmente todo en la Isla de Jark excepto el área donde está el petróleo, lo que yo llamo 'los caños' . Los dejamos intactos, pero podemos destruirlos con un aviso de cinco minutos si es necesario." Pero este martes, Trump pareció virar su estrategia del ataque militar hacia una ocupación terrestre de la isla, como represalia a intentos de Irán de bloquear la navegación por el estrecho de Ormuz. "Si quieren estabilidad, tienen que salir del Estrecho", dijo. Y subrayó: "La isla está ahí, y nosotros estamos más cerca que nunca". Más que una joya, hoy la isla de Jark es el talón de Aquiles de Irán, su punto más expuesto.

Un dátil codiciado a través de la historia: oasis, templo y cárcel 

La palabra "Jark" significa, en persa, "un dátil aún verde para comer". En la isla se encuentran palmeras con estos frutos, de los más características de Medio Oriente. Esto parece indicar que se reconocía a la isla como un oasis, por su inusual provisión de agua dulce. En 2007 se encontró en una roca coralina una inscripción cuneiforme escrita en signos semi silábicos del persa antiguo que dice: "La tierra no irrigada se volvió feliz al haber sacado agua de los pozos de Bahana". Unos meses después, la inscripción fue dañada de forma deliberada. 

Durante el período sasánida, alrededor del año 300, fue también un centro espiritual: albergó un importante monasterio cristiano nestoriano y templos de fuego zoroastrianos. En el período colonial fue muy disputada: fue ocupada por portugueses, y luego la Compañía Holandesa de las Indias Orientales estableció un fuerte en 1753, destruido por el ejército persa en 1766. Entre los arrecifes de coral, la población nativa pescaba perlas

Restos de un monasterio asirio, isla de Jark

Sus condiciones naturales de calor y humedad sofocantes la convirtieron también en una suerte de "prisión natural". A partir de 1946, bajo el reinado del Sha Mohammad Reza Pahlavi, la isla fue usada  como cárcel para cientos de presos políticos, principalmente intelectuales y militantes del Partido Tudeh (comunista).

Esto duró hasta 1958, cuando el régimen tomó la decisión estratégica de transformar la isla en su terminal petrolera más importante. Allí llegó a establecerse una población fija de diez mil personas dedicadas al petróleo, y se construyeron todos los servicios necesarios para ellas: hospitales, escuelas, cines. Los residentes disfrutaban de las playas de arena blanca. En la meseta central arden las refinerías de petróleo, entre las que corretea, insólitamente, una población de cientos de gacelas nativas.

En la década del 80, durante la guerra entre Irán e Irak, Jark se ganó el apodo de la "Isla de Hierro" por su capacidad de resistir bombardeos masivos sin detener nunca sus exportaciones. Sin embargo, esa guerra destruyó parte de la infraestructura petrolera, que tardó años en recuperarse. Es por eso que ahora Trump busca quedarse con la isla, no borrarla del mapa. 

Los analistas sostienen que un ataque a las infraestructuras petroleras de Jark podría disparar inmediatamente el precio del barril de petróleo a 200 dólares, y provocar represalias que llevarían a un colapso energético global, seguido inmediatamente de inflación, recesión y hambre. Lo que describen como "un escenario de pesadilla". Donald Trump se encarga de dejar bien claro que podría apretar el "botón rojo" en cualquier momento. Pero no lo hace: ese dátil todavía está verde. 

 

MB/LT