La dependencia del gas ruso que dejó a Europa frente a una crisis energética
La dependencia energética de Rusia se convirtió en uno de los principales problemas para Europa tras el inicio de la guerra en Ucrania. Alemania fue uno de los países más afectados por la decisión de reemplazar el gas ruso, más barato, por importaciones de Estados Unidos y otras fuentes de energía de mayor costo.
La relación entre Europa y el gas ruso tiene una historia que se remonta a varias décadas. En diálogo con +Perfil, el periodista Marcelo Molina señaló que uno de los principales antecedentes se encuentra en la política energética impulsada por el ex canciller alemán Gerhard Schröder, quien promovió una fuerte vinculación entre Alemania y Rusia a través de los gasoductos.
Molina señaló que, luego de dejar el gobierno alemán, Schröder pasó a ocupar cargos vinculados con empresas rusas y mantuvo una relación cercana con Vladimir Putin. “Él se declara amigo íntimo de Putin y de hecho es uno de los que Putin propone como mediador en la guerra con Ucrania”, afirmó. La construcción de infraestructura para transportar gas directamente desde Rusia permitió durante años que Alemania y otros países europeos accedieran a una fuente energética relativamente económica, pero esa dependencia se convirtió en un problema cuando comenzaron las sanciones contra Moscú.
Alemania y el costo de abandonar el gas ruso
La guerra entre Rusia y Ucrania modificó de manera drástica la política energética europea. Como parte de las sanciones contra Moscú, Alemania redujo y posteriormente dejó de depender del gas ruso.
Juan Pablo Francia sostuvo que la decisión tuvo un fuerte impacto sobre la economía alemana. Según explicó, el gas ruso tenía un costo menor que las alternativas disponibles en el mercado internacional y su reemplazo obligó a Europa a recurrir a fuentes más caras.
“El gas ruso es más barato que cualquier otro gas que pueda comprar Europa”, señaló Francia.
Una de las principales alternativas fue el gas natural licuado proveniente de Estados Unidos. Para recibirlo, los países europeos tuvieron que adaptar puertos e infraestructura, lo que implicó nuevas inversiones y mayores costos.
De acuerdo con Francia, el cambio afectó especialmente a la industria alemana, que quedó expuesta a precios energéticos mucho más elevados. “Para la economía europea y en particular para la alemana ha sido un mazazo para su industria porque ahora tienen costos mucho más altos”, sostuvo.
El cierre de las centrales nucleares
La situación energética alemana también estuvo condicionada por decisiones tomadas antes de la guerra. Marcelo Molina recordó que, durante el período en que Alemania incrementó su dependencia del gas ruso, el país decidió cerrar varias centrales nucleares.
Cuando comenzó la crisis energética, esa decisión limitó las alternativas disponibles y obligó al país a recurrir nuevamente a fuentes de energía más contaminantes.
“Cuando pasa lo de la guerra ellos también tienen que reactivar centrales que funcionaban a carbón, al histórico y al viejo carbón”, explicó Molina.
De esta manera, Alemania quedó atrapada entre la necesidad de reducir su dependencia de Rusia y las dificultades para reemplazar rápidamente una fuente energética que había sido fundamental para su economía.
Nord Stream 2, un gasoducto clave
Uno de los puntos centrales de la relación energética entre Rusia y Alemania fue el gasoducto Nord Stream 2, construido para transportar gas ruso directamente hacia territorio alemán a través del mar.
Juan Pablo Francia recordó que el gasoducto fue destruido en 2022 por una explosión. El hecho provocó importantes consecuencias económicas y ambientales, además de profundizar la crisis energética europea.
“Se había construido un gran gasoducto que se llamaba el Nord Stream 2, que venía por debajo del mar y que llegaba a Alemania directo desde Rusia”, explicó Francia.
La infraestructura representaba una inversión millonaria y estaba destinada a reforzar el suministro de gas ruso a Europa. Su destrucción significó, además, la pérdida de una vía estratégica para el transporte de energía.
Una disputa que excede a Rusia y Europa
La cuestión energética también quedó atravesada por intereses geopolíticos. Estados Unidos se había opuesto históricamente al desarrollo del Nord Stream 2, debido a las implicancias que podía tener para la dependencia europea de Rusia.
Francia recordó que el entonces presidente estadounidense Joe Biden había realizado declaraciones antes de la destrucción del gasoducto que generaron interrogantes. Según relató, ante una pregunta sobre qué ocurriría con Nord Stream 2, Biden respondió que no anticiparía los acontecimientos, pero que “ya van a ver”.
La destrucción del gasoducto abrió así una serie de interrogantes sobre las responsabilidades y los intereses involucrados en la infraestructura energética europea.
Una nueva realidad para Europa
La guerra en Ucrania obligó a Europa a replantear una política energética construida durante años. Alemania, como principal economía del continente, fue uno de los países que sufrió con mayor intensidad las consecuencias del cambio.
La necesidad de sustituir el gas ruso por alternativas más costosas, adaptar infraestructura y recurrir nuevamente al carbón puso en evidencia las dificultades de una transición energética atravesada por conflictos políticos y militares.
El debate ya no se limita a determinar de dónde obtiene Europa su gas, sino también a definir cuánto está dispuesta a pagar por reducir su dependencia de Rusia y qué consecuencias económicas y ambientales tendrá ese proceso.
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