INTERNA PERONISTA

Sebastián Galmarini: "Kicillof no es el candidato natural, Massa es el mejor, pero es anticipado discutirlo"

La reorganización del peronismo deja al descubierto una tensión persistente entre la lógica partidaria y la necesidad de ampliar representaciones para disputarle poder el Javier Milei.

Sebastián Galmarini Foto: X @SebasGalmarini

La reorganización del peronismo y el debate sobre su conducción, el liderazgo futuro y la estrategia frente al gobierno de Javier Milei atraviesan una discusión interna marcada por tensiones políticas y electorales de cara a 2027. El diputado nacional Sebastián Galmarini señaló en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), que “Kicillof no es el candidato natural, Massa es el mejor, pero es anticipado discutirlo”.

Sebastián Galmarini es politólogo, egresado de la Universidad de Buenos Aires, y diputado nacional por la provincia de Buenos Aires en representación del Frente Renovador. Se desempeña como profesor de la materia Elecciones y Partidos Políticos en la carrera de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. En su trayectoria en la gestión pública, fue director del Banco Provincia entre 2019 y 2025 y anteriormente ocupó una banca como senador provincial durante el período 2013-2017.

JF: Recibimos en modo Fontevecchia a Sebastián Galmarini. Como su apellido lo indica, por la relación con la familia Galmarini y con Massa, es del Frente Renovador, y conversábamos recién, previamente, mientras estábamos en la tanda, sobre las dificultades que tiene el peronismo de adaptarse a las formas del siglo XXI. De alguna manera, el Frente Renovador hizo ese diagnóstico en la época de Cristina Kirchner y por eso la palabra “renovador” plantea claramente la necesidad de una modificación dentro del peronismo. En aquel momento, crítico, muy crítico del kirchnerismo, y hoy parece, por el contrario, Sergio Massa bastante más cerca de Cristina Kirchner que el propio gobernador bonaerense. Sebastián, me gustaría que compartieras con la audiencia ese pesimismo respecto a las dificultades de modernizar el peronismo y de renovarlo.

SG: No sé si pesimismo. Me parece que la actualidad marca un mundo donde las sociedades, no sólo la argentina sino en general, viven en seis segundos, viven mucho más rápido, y el debate se da en títulos en Twitter, en 140 caracteres. Me parece que el peronismo muchas veces tiene una dinámica propia de los partidos del siglo pasado, que es no ir al fondo del debate, agarrarse sobre los márgenes de la discusión y no en grandes trazos, que es lo que en el fondo construyeron las redes sociales. Algo que funciona muy bien es el sesgo cognitivo: uno escucha, mira o ve algo que le gusta y el algoritmo se lo muestra y se lo repite todo el día. Bueno, la gente está en esa posición. Creo que eso el Gobierno lo trabaja muy bien y nos obliga a nosotros a adaptarnos a una nueva situación. Esa es un poco la discusión, más allá de si soy más crítico, más cercano o más lejano. Me parece que, independientemente de lo que uno crea, lo que nosotros tenemos es que poder adaptar lo que nosotros pensamos a esa dinámica que es la que tiene la sociedad.

JF: ¿Pero no sentís que, de alguna manera, Cristina Kirchner, con su forma de comunicar, con el kirchnerismo en su propia batalla cultural, la interpretación de Laclau respecto de cómo se lleva adelante esa batalla cultural de amigo y enemigo, fue moderna, fue precursora de manera también? Aunque las redes sociales en ese momento no tenían la importancia que tienen hoy y que finalmente hizo lo mismo.

SG: Sí, claramente. Creo que lo que pasó entre el 2003 y la actualidad es un cambio, una vertiginosidad en la transformación tecnológica y cultural. En el principio del siglo XXI no existía WhatsApp.

JF: Bueno, en 2007, con Cristina Kirchner, se inventó el primer teléfono inteligente, el iPhone 1. O sea, coincide la emergencia de Cristina Kirchner con la emergencia de lo que luego dio lugar después al WhatsApp. Hasta el teléfono iPhone 1 lo que se podía enviar eran letras y además eran SMS, que había que pagar. A partir del primer teléfono inteligente aparece WhatsApp, y gratis. Eso crece exponencialmente. Ahora la comunicación es provocadora, concreta, simple, yo diría altisonante. Y eso fue lo que llevó al éxito a Cristina Kirchner también.

SG: Por eso yo creo que es una estrategia. No sé si es buena o es mala. En todo caso, yo creo que es mala en función de la gestión de gobierno.

JF: O sea, diríamos que esa herramienta es a-ideológica. Es una herramienta que puede servir tanto para la estrategia de Cristina Kirchner, como el “Che, Milei”, como para Milei.

SG: De hecho, atraviesa las fronteras. Si uno mira lo que pasó alrededor de los países del mundo, ahora lo vemos en las elecciones de ayer en Portugal, en Aragón, en España, o podemos hablar de las elecciones provinciales o estaduales en los Estados Unidos. Lo que hay es esta idea de blanco-negro, blanco-negro, blanco-negro. Y lo que razonablemente sucede en países con voto no obligatorio o países con voto optativo es el abstencionismo. La gente dice: “Bueno, pero yo no soy ni de acá, ni de allá. No soy ni de Boca, ni de River. Yo soy hincha de Vélez, de Ferro, de Platense, de Argentinos Juniors. ¿Por qué tengo que elegir esto o esto?”. Entonces, creo que más allá de las disidencias o de los matices que podemos tener, que los tenemos y muchos, nosotros tenemos muchas diferencias, primero con esa estrategia y después de fondo. Creo que la gestión de gobierno no tiene nada que ver con la comunicación. En todo caso, uno tiene que poder adaptarlo. Y ese es el debate que atraviesan todos los partidos políticos en el mundo y nosotros en el peronismo, en el panperonismo, en Unión por la Patria, llamalo como quieras. Creo que en estos días, la estrategia del Gobierno es una estrategia que uno la podría asimilar, si uno mira sin ir demasiado lejos, yo no voy a analizar la comunicación de Cristina ni de nadie en particular, pero tiende a escribir más largo. Una noticia tapa a la otra sin problema. Dicen una cosa; si eso no funciona bien y entonces el algoritmo lo rechaza, van para el otro lado sin ningún problema. Entonces pareciera que corremos atrás del tuit, del último tuit. Viene Caputo y dice: “No, en realidad el dato del Indec va a dar menos”. Ah, entonces bajaba la inflación, ¿y no te gustaba que baje la inflación? “No, no, en realidad no era eso. En realidad es que estábamos preocupados por el índice que venía por el tarifazo de servicios públicos”. Ah, cómo cambia la composición de la canasta. Entonces viene Adorni y dice: “No, en realidad a Milei no le gustó”. En el fondo, no hay nada de todo eso. Es correr atrás de la última noticia. Y yo creo que nosotros deberíamos quitarnos ese prejuicio de “Bueno, uno puede decir todo el día cualquier cosa”.

JF: Se llama ametralladora de falacias como modelo de comunicación.

SG: Es una muy buena manera de desinformar.

JF: Ahora, volviendo al punto central, esa es la herramienta. Porque en ese blanco-negro, blanco-negro, en Estados Unidos parece que va a ganar lo contrario a Trump. O sea, ese blanco-negro también podría beneficiar la tesis de Cristina, que parece no estar funcionando, de que el yogur tiene fecha de vencimiento. Cristina dice eso que vos enunciás críticamente: “Quédense tranquilos. La gente vota a Milei o a Cristina. Por lo tanto, como Milei no va a funcionar, van a venir para acá y no hace falta hacer nada. Ese yogur tiene fecha de vencimiento”. Parece que en Estados Unidos Trump tiene fecha de vencimiento, pero en la Argentina no. Entonces la pregunta es: ¿será que si uno fuera blanco o el otro negro, el blanco o negro no mileísta tiene un problema, independientemente de Milei?

SG: Bueno, las dos cosas. La primera, no me animo a decirte qué va a suceder. En todo caso, habría que monitorearlo y conversarlo tema por tema. De eso se trata la adaptación de los partidos, de tener una estrategia que no es la misma hoy que dentro de cinco años.

JF: Ese es un punto. Pero ¿por qué Trump, que todo indica que va a perder las elecciones, en Argentina Milei la ganó? La de medio término.

SG: Yo creo que son dos países distintos. Estados Unidos tiene un sistema distinto, partidario, electoral, que genera una polarización que es propia del sistema.

JF: ¿Puedo arriesgar diciendo que el Partido Demócrata es mejor que el peronismo hoy?

SG: No, no. Son discusiones distintas. Lo que quiero decir es lo siguiente: efectivamente tenemos una polarización que pareciera ser que va a cambiar el color político en los Estados Unidos y en la Argentina no lo tenemos claro. También es cierto que una de las contracaras de la polarización es la estabilidad. Hay dos grupos muy duros que se pelean y, en todo caso, los que definen el resultado electoral son los electores que tienen cierta comprensión o cierta mirada crítica de uno y de otro planteo, y son los que o se abstienen enojados porque nadie les cuenta exactamente qué hay de fondo, o se involucran y participan. Y creo que la diferencia entre los Estados Unidos y la Argentina es que, a pesar de la polarización pública, hay una estabilidad en las políticas que la Argentina no tiene. En la Argentina, esa polarización se transforma en un círculo vicioso permanente. Entonces vamos hacia un punto, vamos hacia el otro, entonces no hay ninguna política. Y por definición, cualquiera que haya estudiado políticas públicas te va a decir que la construcción de una política, la ejecución, la planificación y la medición de esa política tiene un tiempo que trasciende a un gobierno. Y eso me parece que la Argentina lo viene sufriendo desde hace muchos años y es lo que tenemos que cambiar. Hay algunos acuerdos que tenemos que sostener con cierta estabilidad, y creo que en eso Cristina y Milei son dos productos totalmente distintos.

JF: ¿Podrías explicar un poquito mejor por qué son tan distintos?

SG: Creo que Cristina sí cree en el Estado, sí cree en las políticas públicas. Pero, además, creo que es consciente de las dificultades del tiempo de la gestión. Creo que, con las diferencias que podamos tener, muchas en distintas materias, pero creo que sí tiene claro ese ciclo temporal. Me parece que a Milei ni siquiera le interesa. No es consciente, no sabe. Entonces dice una barbaridad y Adorni dice: “Bueno, la verdad, romper el Indec, el Presidente tomó la decisión”. Pero el Presidente, ¿sabe cómo se ponderan los datos, de dónde vienen los indicadores, de dónde se recolectan los datos, el tiempo que genera la producción de ese organismo para llegar a ese indicador, los efectos que tiene eso sobre los trabajadores, sobre los jubilados, sobre los títulos? A mí me parece que directamente no sabe, que es más grave, que es más de fondo. Que directamente son inconscientes, que es “bueno, tapamos la noticia y salimos con otra”. Entonces, era el acuerdo con la Unión Europea, tenemos esto, fuimos cambiando ese acuerdo también. “Bueno, la Unión Europea lo judicializó porque fue y acordó con la India. Entonces traemos a Estados Unidos”. Y si eso no funciona, mañana hablamos de la baja de la imputabilidad, y no hay de fondo una discusión seria. Lo que hay es esto: la dinámica propia de la comunicación.

JF: Ahora, al mileísmo nos dedicamos todo el tiempo. Entendemos esa lógica que vos describís. La pregunta es el peronismo. ¿Qué le pasa al peronismo? Vos volvés a mencionar a Cristina. ¿No es el pasado Cristina?, ¿no tendrían que dejarse jorobar con Cristina? Cristina, ya fue.

SG: Yo creo que lo que nosotros estamos debatiendo internamente es una parte más estructural, que es esta readaptación a un nuevo mundo. El cambio es vertiginoso. Nosotros mismos, en el Frente Renovador, cuando pasamos a discutir con el kirchnerismo, incluyendo la intervención del Indec, el dato de inflación, la política de seguridad, mil situaciones que hoy todavía las tenemos en el bloque, y creo que, lejos de debilitarnos, nos fortalece tener esos matices y plantearlos de cara a la sociedad, además estamos discutiendo cómo construimos un nuevo liderazgo. Cómo construimos una estrategia para ganar las elecciones el año que viene, que eso es lo que no alumbra todavía con mucha claridad, y ningún partido político, ningún espacio político y ningún dirigente tiene mucho sentido si no tiene un horizonte electoral por delante.

JF: Sergio Massa se convierte en una figura importante cuando confronta con Cristina Kirchner y le gana en la provincia de Buenos Aires, su propio territorio. A partir de allí, el Frente Renovador, con un grupo de intendentes, se convierte en una fuerza que sorprende a toda la sociedad, que generó tanta sorpresa en aquel momento como Milei en 2021 y 2023. Luego se convierte en la tercera fuerza más votada en 2015 y, a partir de allí, comienza un proceso de deterioro de su caudal electoral que deriva en volver a realizar un acuerdo con el kirchnerismo y con Cristina Kirchner. ¿No se equivocó y hoy sería presidente si se hubiera seguido oponiendo a Cristina Kirchner, en lugar de haberse sumado al gobierno que fue a competir contra Macri? ¿No era mejor que hubieran perdido en 2019 y ganado en 2023? Y, más allá de la contrafáctica, que son múltiples, mi pregunta es: ¿no es Cristina Kirchner, el kirchnerismo, un lastre para el peronismo y su renovación, como fue Herminio Iglesias en otro momento?

SG: Planteémoslo así. Primero, creo que Sergio es un poco más que solamente la irrupción en 2013. Creo que primero tuvo un rol destacado en esa primera etapa, que fue distinta con Kirchner, con otras características. Creo que después de 2015 Sergio tuvo otra capacidad, otra flexibilidad para entender, primero, los cambios temporales. Cuando nosotros ganamos la elección de 2013 y enfrentamos la de 2015, la centralidad de las redes sociales y el debate en ese mundo digital no tenía la profundidad que tiene hoy, y creo que esa velocidad tecnológica también condiciona muchísimo las estrategias electorales. Yo era uno de los principales dirigentes, de los más cercanos, que le decía que no había margen para una tercera vía, y el haber sido candidatos por fuera del Frente de Todos hubiera sido que gane Macri. Entonces también nosotros tenemos que, a veces, tomar una decisión política y optar por la posición que creemos que es menos mala.

JF: Y si no hubiera ganado Macri, ¿no hubiera sido mejor?

SG: No, totalmente convencido. Creo que lo de Milei es muy malo, pero quizás hubiera sido peor la presidencia de Bullrich. Yo creo que hay que ser claro, directo, y eso no significa que uno va a comprar el envase como viene. Creo que esas son las discusiones que tenemos adentro del peronismo y es parte del debate que nos debemos para que no nos pase lo que nos pasó. Hay una parte que es comunicacional, es cómo enfrentamos el debate público, cómo estructuramos una campaña, pero a nosotros lo que la gente nos facturó fue que nos fue mal en el gobierno. Que no había toma de decisiones para salir de los conflictos que la gente vivía, más allá de las discusiones políticas de si Juan o Pedro es más amigo mío o más tuyo. No le importa a nadie eso. ¿A quién le importa quién es el presidente del PJ de un distrito del interior?

JF: Una cosa siempre me llama la atención, no solamente del Frente Renovador, del arco peronista, es que ven con más rechazo a Macri que a Milei. Y eso es transversal a todos. En el caso de Cristina Kirchner, el verdadero malvado es Macri, es el que maneja la justicia. Milei es sólo un instrumento de sectores de poder. Macri tiene el poder. Pero vos me decís que era mejor Milei que Patricia Bullrich, que era Macri, para decirlo de alguna manera.

SG: No. De hecho, yo creo que (Bullrich) no era Macri. Que era la fractura del macrismo. Yo con Macri tengo muchas diferencias. Él tiene una posición sobre la administración pública, sobre la economía y sobre la política en la que no coincido. Creo que Macri es un tipo de la democracia, con muchos problemas, ha tenido un gobierno que ha tenido muchísimas complicaciones, incluso que ha atravesado algunas prácticas que son bastante repudiables. Pero no es esto. Esto, en realidad, es un no-gobierno, es un desgobierno.

JF: Pero, siguiendo el tema de Patricia Bullrich, Melconian hubiera sido ministro de Economía.

SG: No lo tengo claro.

JF: Sí, era claro. Melconian es Bullrich.

SG: Yo creo que, de vuelta, construir una campaña electoral y decir que este va a ser mi ministro, este va a ser no sé qué, es bastante más fácil que cuando uno se sienta a tomar decisiones. Y creo que esa es la centralidad del problema que tiene el peronismo. Que, más allá de la construcción de una estrategia electoral, de cómo comunicamos, de cómo nos adaptamos a ese mundo, es que después hay que gobernar. Y gobernar no es lo mismo que tuitear, que denostar a uno, que pelearte con el otro. Después es agarrar el problema y resolverlo, que es un poco lo que nos está pasando hoy con esta dinámica que nos plantea el Gobierno. El Gobierno te dice: “Bueno, discutamos todo el día de algo. No importa de qué. Total, si me va mal, cambio y voy para el otro lado”. Bueno, atrás de ese tuit tenemos que discutir el fondo. Pero no en la comunicación: es dentro de la gestión de gobierno. Y hoy nosotros no somos gobierno. Y también hay que entender por qué no lo somos: la gente nos facturó que no nos fue bien.

JF: Se resolvió la conducción del PJ bonaerense este fin de semana. ¿Cuál es la visión tuya respecto de cómo se solucionó? ¿Te parece que se solucionó definitivamente, es una solución parcial, indica algo hacia futuro, implica la consolidación del liderazgo de Kicillof de cara a la candidatura de 2027? ¿Cuál es tu propia lectura de lo que pasó este fin de semana?

SG: Creo que está bien que los partidos. Nosotros no intervenimos directamente porque formamos parte de otro partido. Naturalmente tenemos muchos vértices en común porque venimos de una historia del peronismo y, de hecho, muchos de nosotros somos afiliados. Ahora, creo que tiene como dos partes. Hay una que es partidaria. Todos los partidos tienen que tener autoridades, balances, todos los papeles en regla, porque eso es lo que dice la ley, la Carta Orgánica, y está bien. Creo que se resolvió de la mejor manera posible, dadas las diferencias que existen entre ambos sectores. Creo que lo que podría haber sido mejor es que, en lugar de transformarse en un debate a los cuatro vientos, se haya podido discutir en función de las distintas representaciones internas y, sobre todo, pensando en el escenario electoral de 2027, más que mirando si yo tengo un intendente más, un consejero más o un congresal. Te lo pongo en sentido más práctico. En 2017, el PJ como estructura orgánica fue soporte de la candidatura de Randazzo. Randazzo fue candidato del PJ en 2017 y salió cuarto, sacó 3%. Entonces creo que la sociedad no está mirando quiénes son las autoridades de un partido o de otro. Está mirando cómo nos comportamos frente al desgobierno de Milei y cómo nosotros construimos, primero, un candidato —porque la gente vota candidatos—, pero además cómo les explicamos cómo le vamos a resolver la falta de empleo, la caída de la actividad, cómo vamos a enfrentar la inflación, qué vamos a hacer con el régimen penal juvenil. Quiere saber qué estamos pensando y, sobre todo, que no vayamos a repetir los mismos errores.

JF: Esa situación que vos marcás también le pasó al propio Sergio Massa, que tuvo una cantidad de votos bien inferiores a las expectativas que tenía. O sea, lo de Randazzo pudo haber sido el magna cumme laude de la caída, porque el 4% es muy poco, pero de cualquier forma Sergio perdió más de la mitad de los votos.

SG: Fue falta de estrategia. Cuando Randazzo plantea su candidatura por el PJ, estaba ayudando y estaba trabajando con Macri. Y una cosa es que nosotros acompañemos distintas posiciones en términos de la gestión pública, pero nosotros tenemos que entender que lo electoral y lo comunicacional es un carril distinto.

JF: Vos decís que Macri es demócrata. ¿Milei lo es?

SG: Bueno, técnicamente ganó las elecciones.

JF: Eso no quiere decir ser demócrata. Vos me decís que creés que Macri es una persona de la democracia, que tenés diferencias, pero creés que es un republicano. ¿Milei lo es?

SG: Milei tiene algunas características que te permitirían decir que está yéndose hacia los bordes de la democracia.

JF: ¿Por qué entonces preferís un gobierno de Milei que uno del PRO?

SG: No, del PRO no dije. Dije de Bullrich, porque veo cuáles son las posiciones de Bullrich frente a cada tema.

JF: Vos decís “Randazzo trabajaba para Macri”. Siempre es Macri el problema. Macri, Macri, Macri. Pero tienen a Milei de presidente.

SG: No, pero es descriptivo. No creo que sea ese el problema. Vos me preguntaste qué pasó en 2017 y veníamos hablando del PJ. Yo lo que te digo es: ahí tenés un buen ejemplo de cómo el PJ por sí solo no resuelve la situación.

JF: Voy a un punto más exótico. Está claro que muchas veces la conducción del partido —de hecho, Alberto Fernández era el presidente del partido a nivel nacional— no refleja más que un formalismo. Pero hay veces que no: hay veces que no es un formalismo, sino que plantea una discusión de rumbo hacia el futuro. Creo que este es el caso en la provincia de Buenos Aires, en la que había una discusión respecto de si continuaba como primus inter pares La Cámpora y el cristianismo dentro del partido peronista bonaerense o no. Entonces, planteando que no era simplemente una elección formal, sino que lo que estaba detrás era el futuro, la elección del futuro de quién iba a conducir el bastión donde el cristianismo ha hecho pie, mi pregunta es si hubiera sido más útil para la resolución definitiva de ese conflicto que, en lugar de haber un acuerdo, hubiese habido elecciones internas y Kicillof le haya ganado a La Cámpora, o si ahora queda latente que todavía hay un poder residual de La Cámpora, porque finalmente fue un acuerdo.

SG: Dos cosas. La primera: técnicamente, desde la instauración de las primarias, el proceso de selección de candidatos dentro de los partidos tiene poca importancia respecto de las autoridades del partido. De hecho, ser afiliado o no, no te impide votar en esa interna. Con lo cual, así como decíamos que la polarización tiene algunas características respecto de quiénes son los que definen esa elección, también sucede para las elecciones generales. Es decir, ningún presidente de un partido ni ningún dirigente que crea que a través de un partido va a tener una incidencia sobre el futuro próximo de una elección general. La segunda cuestión es que yo creo que, si hubiera habido una interna, primero no sé cuál hubiera sido el resultado, porque nunca eso es tan lineal, pero creo que hubiera puesto en la discusión comunicacional debates que tenemos que dar dentro del partido. Y que, en un mundo polarizado, fracturar el electorado que tiene una posición bastante similar respecto del Gobierno no hubiera sido una gran solución al conflicto, independientemente de lo que piensa Kicillof de su posición frente a Cristina, frente al kirchnerismo del que él viene formando parte, y frente a nuestra posición respecto de las diferencias que tengamos de aquí en adelante también, sea o no candidato.

JF: ¿Kicillof es el candidato del 2027 del peronismo?

SG: Falta mucho para definir la candidatura y creo que apresurar esa discusión es un error estratégico.

JF: ¿Seguro?

SG: Si vos me decías en 2021 que Milei era presidente, yo te mandaba a un psicólogo.

JF: Pero 2021 era a dos años de 2023 y el tipo ya había tenido un papel muy importante en la elección de la Ciudad.

SG: Salió tercero en la Ciudad de Buenos Aires. De hecho, es presidente sin tener un partido nacional. No tenía concejales, no tenía intendentes, no tenía legisladores, no tenía gobernadores, y es presidente igual. Me parece que la velocidad del mundo actual nos pone en un desafío de, primero, monitorear toda esa situación. No es “hago así, la encuesta hoy me dice esto, dentro de seis meses hago lo mismo”. Bueno, en seis meses cambió. Porque, además, estamos hablando de un porcentaje de la población mucho más chico. Hay gente que no cambia de posición. No importa si el candidato sos vos o yo.

JF: En 2021, después de las elecciones, Jaime Durán Barba decía que Milei iba a ser presidente, que había pasado algo en Argentina. ¿Pasa algo en la Argentina, en la oposición, o no pasa nada?

SG: Yo creo que hay mucha gente que es opositora al gobierno de Milei que va a votar al candidato más fuerte que construya la oposición. Creo que eso todavía no está resuelto y que el que se apura hoy probablemente no llegue al final de la carrera. Esa es un poco la discusión estratégica que, insisto, la tenemos que dar al interior del partido y al interior del frente. Tenemos que hablarle a esa porción de la población que quiere entender y quiere escuchar, pero no la tenemos que adelantar, porque le das una ventaja al gobierno. No en la Argentina: en el mundo. Los gobiernos son los que terminan definiendo la agenda del debate, y me parece que ahí nosotros cometemos errores al exponernos a un gobierno que no tiene muchos límites y que se maneja siempre en zonas grises.

JF: ¿Puedo intuir un subtexto en toda esta conversación que no sería improbable unas primarias en 2027 donde Sergio Massa sea candidato?

SG: Esa es una de las posibilidades. Si me preguntás a mí, creo que el mejor candidato es Sergio. Creo que es el tipo más formado, el que más conoce la administración pública, que tiene el poder suficiente para enfrentar una maquinaria de estas características, que tiene experiencia, muchas horas de laburo en el lomo. A mí me gustaría. ¿Eso significa que yo lo voy a posicionar hoy como candidato? No. Y además no se lo recomendaría. Si yo tuviera que decirle algo —y no sé si me va a dar tanta bolilla—, pero si tuviera que sugerirle algo, es que falta un montón de tiempo todavía.

 

NG