Desde Washington, Román Letjam trazó un panorama crítico sobre el futuro electoral de Donald Trump y el clima interno del Partido Republicano. “No hay un solo vocero republicano off the record que conozca qué pasa en Estados Unidos que te diga que el gobierno va a ganar las elecciones en noviembre”, afirmó, y sostuvo que hoy en la Casa Blanca “el cálculo es que, por lo menos, va a perder el control del Senado”. Según el periodista, la ruptura del voto latino y el impacto económico de la guerra de aranceles están erosionando el respaldo al presidente, que “mantiene cierto respaldo popular, pero no tan importante como se pensaba”, afirmó en Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190)
Román Letjam es un reconocido periodista, destacado por su trayectoria de investigación política y cobertura internacional. Es abogado egresado de la UBA, con una maestría en estudios internacionales en la Universidad de ITLA; es editor de política y tribunales. Cubrió la guerra en Ucrania. Escribe su tesis de doctorado en la Universidad de ITELA sobre las relaciones bilaterales entre la Argentina y Estados Unidos. Tiene libros publicados sobre la corrupción pública, la vida de Perón y la guerra Malvinas. Ha sido galardonado con el premio Rey de España 1992, el premio Konex en 2007 y múltiples premios Martín Fierro por su labor en radio y televisión.
Cuando uno observa el acuerdo comercial norteamericano-argentino, en el caso argentino se percibe claramente ventajas para el área de la producción de alimentos. Es una hipótesis plausible imaginar que Estados Unidos tiene en mente una guerra con China, guerra literal, de aquí a un período de diez años, en algún momento, y, por lo tanto, el tema de suministros sería el talón de Aquiles de China; es decir, la falta de capacidad de alimentar a su propia población y de tener la cantidad de los recursos naturales que carece para 1.300 millones de personas, y que toda esta estrategia de Estados Unidos en el continente tiene como objetivo esa mirada hacia un período X en el futuro de una eventual guerra con China.
Lo pondría de la siguiente manera. Hay un libro muy interesante de un señor llamado Graham Allison, que fue el que investigó muchísimo la crisis de los misiles. Hay un libro clásico de él que se llama Esencia de la decisión, que en este caso escribió sobre China y planteó lo que la escuela de la ciencia política llama el dilema de Tucídides, donde Tucídides, hace muchísimo tiempo, dijo que una potencia en ascenso, para ocupar el puesto del actual hegemónico, debe necesariamente ir a una guerra para derrotarlo.
Eso se llama el dilema de Tucídides. Graham Allison, sobre ese planteo académico, lo que dice es que China va hacia un ascenso pacífico al poder, sin dilema de Tucídides; es decir, tiene un conflicto abierto en un campo de batalla. Entonces, para responder una primera parte de tu pregunta, la guerra se hace a dos. No me imagino, en el actual contexto geopolítico, que Xi Jinping, o quien lo suceda al frente del régimen chino, plantee un conflicto abierto con Estados Unidos.
De hecho, si vos escuchás a las principales fuentes acá, en Washington, de cómo Trump está planteando el conflicto global con China, tiene ciertos reparos, al punto tal que, si no sucede nada raro, en abril viaja a Beijing a hablar con Xi Jinping. Entonces, yo lo plantearía de la siguiente manera. Estados Unidos quiere recuperar el poder a nivel mundial y, fundamentalmente, avanzar en esa recuperación en lo que, de una forma despectiva, durante los '60 y '70 del siglo pasado se llamó el 'patio trasero', y, si quiere volver a la academia, el área de influencia de Estados Unidos después de lo de Yalta y Potsdam.
Entonces, lo que estás viendo acá es un diseño geopolítico contado por Trump, con, yo te diría, tres documentos básicos: un documento de estrategia de defensa nacional, dado a conocer la semana pasada, un viernes como hoy, en el Pentágono; un documento de seguridad nacional, dado a conocer a fines del año pasado; y lo que sucedió el miércoles acá, que fue una cumbre de minerales críticos, donde Estados Unidos firmó, en 25 minutos, casi 50 acuerdos bilaterales con 50 países distintos para empujar un diseño de suministro de minerales críticos para Estados Unidos los próximos 30 años.
Entonces, en ese contexto, yo incluiría el acuerdo comercial que se dio a conocer ayer (por el jueves 5), donde va a llevar mucho tiempo para que, en definitiva, la hipótesis que plantea Estados Unidos, que es preservar su seguridad alimentaria, se ponga en marcha, porque primero tiene que ir al Congreso y después ponerlo en práctica. Me parece que son ideas a mediano y largo plazo, más que de coyuntura.
¿Respecto de la zona de influencia de nuestro hemisferio, como dice Trump, cómo imaginás que va a actuar Trump en las elecciones más importantes, probablemente más importantes de toda América Latina, y no sé si de Occidente, que son las de Brasil, en la reelección de Lula, o apoyando él a Bolsonaro o al gobernador de San Pablo?
Acá para mí hay que plantearlo de la siguiente manera. Primero, Trump apoyaba a Bolsonaro porque lo usaba como una especie de leading case en América Latina, en el sentido de que a mí, según Trump, me robaron las elecciones en 2020 y a Bolsonaro lo mismo. Ahí lo planteaba como un parangón. Luego avanzó sobre la justicia brasileña y le aumentó muchísimo los aranceles, lo cual complicó la relación comercial entre Estados Unidos y Brasil.
A continuación empezaron a llegar las encuestas a la Casa Blanca, planteando que la opinión pública que lo había apoyado en las últimas elecciones lo apoyaba para lograr una recuperación económica, y su guerra de aranceles implicaba que los costos subían y los huevos, o las papas fritas, o los Doritos que se comen acá en los partidos de fútbol, todo había aumentado. En ese contexto hubo una fuerte operación de lobby de empresarios que se dedican a la exportación de carne de Brasil a Estados Unidos para lograr un acercamiento entre Lula y Trump.
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Hubo lo que se llama en la jerga un pull aside en la Asamblea de Naciones Unidas el año pasado, hubo una conversación larga telefónica hace aproximadamente un mes y yo creo que Lula va a estar acá los primeros días de marzo para una reunión bilateral. En ese contexto, yo creo que hay que separar la agenda geopolítica de Trump de sus propias aspiraciones personales y pensar, y añadir, que a fin de año acá hay elecciones de medio término.
Y, si la relación económica pesa tanto como creemos, creo que vos vas a compartir conmigo que, en una elección de medio término, Trump no va a hacer nada en contra de Lula que afecte la situación económica y sus propias elecciones de medio término. Entonces le va a decir a Bolsonaro: “Fantástico, somos amigos, todo muy bien, pero yo me juego mi legado porque quiero que el próximo presidente sea Vance o Rubio”, y lo veo muy firme a Lula. Fijate. Trump empuja muchísimo, a través de Marco Rubio, el acuerdo de minerales críticos. Brasil es un jugador clave en la región, por lo menos en el Cono Sur. Lula no mandó a nadie el miércoles, no fue nadie. A eso me refiero.
Y tenés el ejemplo: los que fueron fueron Paraguay, Bolivia, y no fue Brasil.
Y, si querés profundizar un poco el análisis, yo seguí el tema desde el inicio, Estados Unidos quería firmar un acuerdo marco con 15 países y terminó firmando acuerdos bilaterales porque las legislaciones de cada Estado son diferentes, con 50 países diferentes. Entonces, ¿eso qué significa? Que con Bolivia firmó un acuerdo que vamos a saber cómo se empuja, porque en Bolivia el control es estatal. Con la Argentina firmó un acuerdo donde los recursos son de las provincias y con Paraguay, por lo que me contaron, la delegación paraguaya va a sacar una norma especial, porque el que decide es Peña. Fijate las dificultades para poner en marcha una estrategia global con 50 jugadores más Estados Unidos, todos juntos a la vez.
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Déjame ir entonces a las elecciones de medio término en Estados Unidos ¿Cuál es el clima que vos percibís y si la información que llega, por un lado, recauda a los republicanos el triple que a los demócratas, pero, por otro lado, los triunfos electorales acumulados hasta ahora, más algunas encuestas, indicarían que a lo mejor tienen alguna posibilidad? ¿Cómo ves vos y cuál es tu propio pronóstico de la situación?
Pensando que recién empieza febrero y asumiendo que Trump finalmente ganó la presidencial sobre lo que aquí es la minoría relativa más importante en la población electoral, que son los latinos, y asumiendo que la situación económica, en términos de Estados Unidos, se complicó por cómo han aumentado las cosas -que, comparado con Argentina, es una insignificancia, pero acá tiene su propio peso-, y ver latinos que votaron a Trump sabiendo que sus amigos ya no van a sus barras de confianza, ni a jugar al fútbol, ni a las librerías, ni a lavar la ropa, porque tienen miedo de que los detengan y se los lleven a Colombia o El Salvador.
Ese electorado se rompió. Y la ruptura del electorado, si vos vas a los principales Estados, hoy puede implicar que, por ejemplo, Trump pierda la mayoría en el Senado, que la tiene muy pareja, cuando acá hay una elección muy importante: siempre termina desempatando el vicepresidente, que es Vance, o hay algún filibustero que se cruza porque le ofrecieron dos rutas y un puente, igual que en la Argentina. Pero hoy el cálculo que hace la Casa Blanca es que, por lo menos, va a perder el control del Senado. Lo cual lo pone muy cerca a Trump de una discusión electoral en la que los demócratas planteen juicios políticos o impeachment por las distintas decisiones que está tomando ahora.
Todavía mantiene cierto respaldo popular, no tan importante como se pensaba: está en un 40–42 %. Pero no hay un solo vocero republicano off the record que conozca qué pasa en Estados Unidos que te diga que el gobierno va a ganar las elecciones en noviembre. Porque vos vas a tener elecciones por distrito, pero al final lo que se cuenta son las bancas en el Senado y en Diputados, y la verdad es que yo no encuentro voceros o fuentes que te digan: “Vamos a preservar las mayorías en ambas cámaras”.
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¿Y qué impacto podría tener en el propio Trump, en su actitud, ser absolutamente un pato rengo, habiendo perdido las elecciones de medio término, y si eso, a tu juicio, afectaría en algo el apoyo que Estados Unidos le da a la Argentina?
Creo que la posible o eventual derrota de Trump en las elecciones de medio término no va a afectar el apoyo de Estados Unidos a la Argentina. No lo va a afectar, porque yo lo vi en las distintas reuniones que hubo acá: hubo cinco reuniones de Trump con Milei y hay una sintonía, o sea, hay una sintonía personal. Además del alineamiento ideológico, piensan igual, hay una sintonía. Entonces eso no va a cambiar. Lo que va a cambiar es la percepción de los actores que están respaldando a Milei porque creen que Estados Unidos lo va a seguir respaldando, y el Estados Unidos de hoy, con la potencia que tiene hoy, va a ser distinto al Estados Unidos del año que viene, un día como hoy de febrero, porque quizás el resultado es adverso y ya todos van a estar pensando en sus propios proyectos.
Por ejemplo, el miércoles, en la reunión de minerales críticos, abrió el evento Vance y después hizo una conferencia de prensa Rubio, y obviamente todo el crédito fue de Rubio. En una competencia interna para ver quién es el candidato republicano a las próximas elecciones, yo no sé si Rubio lo invita a Vance a abrir un evento. No me lo imagino. O no sé si Rubio va a aceptar que el enviado especial de Trump esté ahora negociando un acuerdo con Irán. Iría él, porque es el secretario de Estado y el eventual candidato del Partido Republicano para la próxima elección.
Pensá que, por ejemplo, cuando el peronismo tenía que buscar un candidato a presidente fue Cristina, Alberto y Sergio Massa. Listo. Acá vos vas a tener al vicepresidente de Estados Unidos y al funcionario con más poder en este país, al margen de Trump, que es Marco Rubio. Imaginate semejante confrontación por el poder de Estados Unidos dentro de un mismo gabinete, con un presidente que va a empezar a languidecer, porque, como decís vos, es pato cojo. Me parece que es un tema a tener en cuenta y cómo van a reaccionar los factores de poder de la Argentina respecto a Milei cuando descubran que la mirada de Estados Unidos ya no va a estar afuera, por más que el respaldo se mantenga, sino adentro, en sus propios asuntos.
RM CP